¿Cómo conseguir la convivencia de los habitantes del medio rural con el oso?

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Un oso pardo en Asturias
Un oso pardo en Asturias Fundacion Oso Pardo

Desde Asturias Ganadera señalan qué medidas se deberían de llevar a cabo para impedir la presencia estable de los plantígrados en los entornos de los pueblos

06 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El hecho de que un oso atacase a Carmen S., de 75 años, en la localidad de Sonande, en Cangas del Narcea, ha generado un sentimiento de incertidumbre y preocupación en Asturias. No obstante, algunos sectores ya alertaban de que esto podía suceder, debido al aumento considerable de población de este plantígrado en la Cordillera Cantábrica. Desde Asturias Ganadera apuntan que «hace casi cuatro años avisamos de que el plantígrado podría ir protagonizando cada vez más situaciones indeseables en las aldeas y sus proximidades». En este sentido, desde el colectivo ganadero señalan que también por aquel entonces propusieron un lote de medidas que deberían servir para impedir la presencia estable de los plantígrados en los entornos de los pueblos y favorecer la convivencia entre las especies.

«Había que anticiparse a los problemas para controlarlos mejor, pero ya no se puede hacer nada. La inacción del Gobierno del Principado permitió que la situación fuera agravándose hasta tener que sufrir un primer ataque directo a una persona en las inmediaciones de su propio pueblo», lamentan en una nota de prensa. No obstante, vuelven a recordar las propuestas planteadas para evitar «males mayores». En primer lugar, señalan que «el descontrol y la falta de gestión, como ya ocurrió en el caso de lobos y jabalíes, están provocando en el medio rural miedo y aversión a la especie». Por ello, «la Consejería de Medio Rural debería reconocer la presencia, vigilar y dar información sobre osos próximos a núcleos de población, así como instruir a los vecinos sobre el modo de actuar ante un oso», aseguran.

Además, indican que «sería conveniente la activación de un ‘teléfono oso’ para dar aviso de los avistamientos». También consideran que es imprescindible la identificación genética de todos los osos. «Hay que determinar qué machos viejos portan grados de consanguinidad no deseables, para así retirarlos del monte», defienden. De esa manera, a su juicio, se evitaría el aumento de parentesco, las muertes de crías para provocar celo en las hembras, así como que los machos viejos persigan y expulsen a juveniles de las zonas altas y les obliguen a acercarse a las zonas habitadas.

Por otro lado, abogan por «determinar áreas de protección ‘libres de osos’ alrededor de los pueblos y crear patrullas de guardería especializadas en la disuasión del acercamiento a los humanos y las áreas pobladas». Bajo esta premisa, apuntan que «deberán emplearse métodos que aseguren que los osos teman y huyan ante los humanos» y especifican que «los petardos y los disparos de bolas de goma parecen los métodos que aconsejan los expertos». No obstante, «si circunstancialmente las medidas disuasorias no sirven, la captura y traslado de individuos especialmente peligrosos a cercados o las donaciones para repoblación a zonas donde la población local lo admita, deberán ser factibles en casos extremos», apostillan.

Unas propuestas que esperan que la Consejería las tome en serio con el fin de evitar que se repitan situaciones tan lamentables como la que sufrió esta semana una vecina de Cangas del Narcea. Además, a su juicio, esta institución tiene que ser «más solícita y eficaz de lo que ha sido y sigue siendo en la gestión de otras especies como el lobo o el jabalí». Por eso, «pensamos que es el momento adecuado para empezar a actuar y conseguir que la convivencia de los habitantes del medio rural con el oso, que ya es un problema en algunas zonas, no se convierta en insoportable», claman.