Una sanitaria con covid persistente: «He envejecido, es como si hubiese sumado 15 años de repente»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

La enfermera Beatriz Rodríguez Gorges sufre covid persistente desde hace 14 meses
La enfermera Beatriz Rodríguez Gorges sufre covid persistente desde hace 14 meses

La enfermera Beatriz Rodríguez Gregores lleva desde la primera ola sufriendo los estragos de esta patología y, aun así, da gracias porque «estoy viva»

28 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Más de 5.000 personas en Asturias tiene covid persistente. Sin embargo, la forma de manifestarse en cada uno de ellos es completamente diferente y, por supuesto, no todos llevan el mismo tiempo sufriendo los estragos de la enfermedad. Por ejemplo, Beatriz Rodríguez Gregores es una de las pocas asturianas que cohabita con esta patología desde hace 13 meses. «He envejecido, es como si hubiese sumado 15 años de repente», reconoce, ya que esta ha limitado su vida diaria por completo. Pero, lo peor de todo es que «estas enfermo y todas tus pruebas están normales». Por eso, esta gijonesa de 51 años lamenta que «no te pueden dar soluciones ya que no hay nada que tratar y, por tanto, solo queda aprender a convivir con ello».

Al estar expuesta al virus debido a su situación, puesto que es enfermera en el servicio de Urgencias del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y tuvo que luchar en primera línea de batalla, contrajo la enfermedad en abril, en la primera ola. «Lo viví como una gripe agresiva porque perduraba en el tiempo. Tenía diarrea, tos y fiebre, que incluso estuve 15 días con 39 grados. Además me dolía la cabeza y todo el cuerpo. Había días que no conseguía levantarme», detalla.

No obstante, a las dos semanas comenzó a mejor. Pero, «cuando ya estaba bien, puesto que solo me quedaba la tos, empezaron los síntomas del covid persistente». A partir de ahí, comenzó «el calvario». Como era todo nuevo, apenas se tenía conocimiento sobre el coronavirus y mucho menos sobre este síndrome post covid -catalogado así por la OMS-, estuvo durante varios meses rotando de consulta en consulta. «Nadie sabía que me pasaba, pese a que me encontraba realmente mal», confiesa Rodríguez quien forma parte del colectivo Covid Persistente Asturias.

Variedad de síntomas y perdurables en el tiempo

En ese momento, Beatriz Rodríguez presentaba una diversidad de síntomas: le dolían las articulaciones de las manos, los músculos… «era como si tuviese unas agujetas permanentemente, había veces que me costaba levantarme de la cama», detalla. También tenía migrañas e incluso comenzó a tener la presión arterial alta. Además, desde hace unos meses se manifestó un nuevo síntoma: la pérdida de sensibilidad en las manos. «Se me duermen y quedan como acartonadas. Me lo están mirando porque es lo que más me preocupa, ya que son fundamentales para desempeñar mi trabajo», reconoce.

Una variedad de indicos que a día de hoy aún padece, salvo la hipertensión que se le ha regulado sola. Además, el sentimiento de incertidumbre ronda por su cabeza puesto que no sabe cuándo se van a agravar. «Si me da un brote, los dolores me duran unas tres semanas. Con el último, incluso, estuve a punto de coger la baja laboral porque me duro mes y medio. Ahí toqué fondo. Lloraba porque no podía ni con los pies», cuenta.

La clave para lidiar contra esta enfermedad está en mantener una actitud positiva

Pero, a pesar de que Rodríguez no es la misma de antes, «intento salir adelante». En todo este tiempo no dejó de ir a trabajar y trata de llevar una vida normal pese a las limitaciones. «Ya no sé lo que es ir a dar un paseo con los perros porque me canso muchísimo. Es una sensación como si me faltase aire. Si subo las escaleras y voy hablando tengo que parar porque me ahogo. Pero voy aguantando y remontando. Si tengo un episodio de esos me acuesto a las 20.00 horas y tomo algún antiinflamatorio para paliar los síntomas según se presentan».

«No puedes planteártelo de otra forma sino te hundes. Convivir con esto es difícil, pero voy día a día y hago lo que puedo», confiesa. Además, si echa la vista atrás, con la situación trágica que vivió en el hospital dado que había muchas muertes diarias, se da cuenta de que «tengo que dar gracias porque estoy viva y además son síntomas no secuelas. No tengo ningún órgano dañado», sentencia con la esperanza de que la ciencia encuentre una solución para esta enfermedad o por lo menos poder paliar sus síntomas.