Obligada a trabajar pese a sufrir covid persistente: «Si salgo a por el pan ya no me acuerdo de dónde vivo»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

María José Pérez, de 50 años y vecina de Tudela Veguín, sufre covid persistente desde hace más de un año y medio
María José Pérez, de 50 años y vecina de Tudela Veguín, sufre covid persistente desde hace más de un año y medio

El INSS ha dado de alta a la ovetense María José Pérez a pesar de tener informes médicos «que avalan que no estoy capacitada para ello»

25 mar 2022 . Actualizado a las 18:42 h.

El covid persistente se ha convertido en un auténtico calvario para quienes lo padecen. No solo porque limita el día a día con su infinidad de síntomas, sino porque además los enfermos se ven obligados a trabajar a pesar del malestar que genera. El Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) no considera que sea un problema para emplearse y ya ha dado de alta a varias personas en esta situación. «Es una injusticia. En mi caso el tribunal médico no ha mirado los informes que avalan que no estoy capacitada para ello», denuncia la ovetense María José Pérez, quien ni siquiera se acuerda de cómo volver a casa cuando sale a comprar el pan debido a esta enfermedad.

Después de un año de baja por el long covid, esta vecina de Tudela Veguín ha tenido que acudir a duras penas a su puesto de trabajo, ya que si no podría ser despedida y «no me sobra el dinero». Es limpiadora de una fábrica y como esto requiere «fuerza y muchas horas, dado que a raíz de la pandemia reforzamos la desinfección» y además su salud física está mermada, a los seis días de reincorporarse tuvo un accidente laboral que la ha obligado a sacar la baja.

Fue en octubre del 2020, en plena segunda ola, cuando María José Pérez se contagió de coronavirus. «Mi marido cogió el covid y yo fui a hacer una PCR. Di negativo pero tuve que hacer cuarentena en casa. Estaba con tos y no me encontraba bien, pero tampoco estaba muy mal. A los 14 días, fuimos a hacer otra PCR y yo volví a dar negativo. Entonces, fui a la médica de cabecera para que me diese el alta y cuando me escuchó toser, me dijo que me tenía que hacer una radiografía porque no me daba el alta», cuenta.

Tras acudir al Centro de Salud de la Lila y antes de llegar a su casa, la llamaron para que fuese de inmediato a Urgencias del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) porque tenía una neumonía bilateral asociada al coronavirus. «Fue una odisea porque allí dijeron que no estaba contagiada, ya que había hecho ya cuatro PCR y todas daban negativo. Hasta que no me hicieron un análisis de sangre y dio que tenía covid no se lo creían», resalta. Ante tal diagnóstico, María José Pérez queda ingresada, pero «no me dieron ningún tratamiento para la neumonía».

«Cada vez estaba peor, había días que pensaba que no iba a amanecer viva»

Una vez que recibe el alta médica, la ovetense regresa a su casa puesto que «iba a estar mejor», sin embargo a partir de ahí comenzó un auténtico calvario. «Cada vez estaba peor, había días que, incluso, pensaba que no iba a amanecer viva», confiesa. Aunque algo ha mejorado en todo este tiempo, «ahora es como si me hubiesen puesto 30 años encima y eso que yo era una persona muy enérgica, que al cabo del día hacía muchas cosas, no paraba», pormenoriza.

A día de hoy, María José Pérez sigue sin ser capaz de subir unas escaleras. «Me cuesta y me fatigo mucho». También, «tengo un cansancio general que no puedo conmigo; me quedo afónica, de repente estoy hablando y se me va la voz; tengo un dolor en la zona intercostal que me mata y no saben de qué es; dolores musculares y articulares; dolores de cabeza; pérdida de memoria, de ir conduciendo y no saber dónde estás o salir a comprar el pan y no recordar dónde vives; problemas de vocabulario, al hablar, al escribir; pérdida de visión; pitidos en los oídos…», detalla. Además, por si fuera poco, «17 meses después, todavía tengo restos de la neumonía bilateral que creen que es lo que me produce esa fatiga y esa sensación de ahogo», apunta.

Valoración del INSS

Una infinidad de síntomas que, aunque «limitan mi vida por completo», en INSS no los ha tenido en cuenta para darle de alta. «Cuando fui al tribunal médico, la médica que me atendió ni siquiera me miró los informes y eso que si miras el calendario de mis consultas ves que varios días a la semana tengo que ir una o dos veces al HUCA. Solo me dijo que su marido era anestesista en el HUCA, que se contagió de coronavirus a y los tres meses estaba trabajado. Pero, claro, no se da cuenta de que no todos somos iguales y yo por ejemplo no puedo. Salí con una impotencia que no le contesté por educación. Ellos están para valorar, no para juzgar y tienen que analizar cada situación», resalta la ovetense, que asegura que «no estoy capacitada para volver a mi puesto de trabajo, porque mismamente muscularmente estoy muy débil y con cualquier esfuerzo por pequeño que sea ya rompo».

En este punto, María José Pérez confiesa también que es un calvario luchar con los médicos de la seguridad social. «Si estoy diagnosticada de covid persistente es por los médicos particulares a los que fui. El reumatólogo indicó que era síndrome de fatiga crónica y fibromialgia que surgieron a raíz del covid. Además hay quienes te dicen que es ansiedad. Lógicamente lo tenemos que tener por todos estos problemas que te produce la enfermedad. Ahora vuelvo a estar en medicina interna para que me vuelvan a mirar y en neurología por las pérdidas de memoria», señala. Por suerte, su médica de cabecera fue la «única» que se volcó con ella desde un primer momento. «Si estoy aquí es gracias a ella. Cuando tuve la neumonía me dio un tratamiento, inyecciones, venía a casa a verme, auscultarme… ahora me mandó ejercicios de rehabilitación pulmonar… solo tengo palabras de agradecimiento para ella», resalta, antes de confesar que hasta la propia facultativa le dijo que está para cuidarse a sí misma porque «no puedo ni conmigo».

«La mayor parte de nosotros buscamos soluciones en medicina privada y nadie paga un médico privado sino está enfermo»

También cuenta con el el apoyo incondicional del colectivo Covid Persistente de Asturias (contacto: covidpersistenteasturias@gmail.com) .«Los conocí a raíz de la historia de Patricia Carretero. Contacté con ellos y estoy encantada. Es muy reconfortante formar parte del grupo porque nos ayudamos unos a otros. Te das cuenta de que es algo que no te pasa solo a ti y te ayuda a tranquilizarte porque ya llegas a pensar que te lo has inventado», asegura la ovetense, quien clama porque la comunidad científica y médica encuentren cuanto antes una solución al covid persistente.

Y mientras encuentran algo que por lo menos les ayude a calmar los síntomas, María José Pérez, al igual que el resto de pacientes, debe aprender a convivir con ello. «Malvivir más bien. Es una impotencia muy grande porque probablemente no mejore y yo no me puedo con estar así. Aquí prima mucho la economía y como somos un cargo para los políticos, entonces, nos tienen a un lado. Sí reconocen que existe el civil persistente, hay incluso definición por parte de la OMS, pero los médicos miran para otra parte, ya que no aceptándolo no existe». Bajo esta premisa, la ovetense confiesa que «la mayor parte de nosotros buscamos soluciones en medicina privada y nadie paga un médico privado sino está enfermo. Los médicos saben de sobra si estás enfermo o te lo haces. Tienen que darse cuenta de que no solo vamos un día al especialista sino que vuelves continuamente y que encima no mejoramos, al contrario», señala antes de manifestar que «yo no quiero que me retiren en el trabajo sino poder volver a tener una vida como la de antes, aunque sea al 70%».