Alicia Pais, asturiana en Baréin: «Lo que más me asusta ahora es el sonido de los misiles tierra-aire»
ASTURIAS
Afincada en la isla del Golfo Pérsico, esta avilesina cuenta cómo es vivir de cerca el conflicto bélico en Oriente Medio y denuncia la falta de apoyos por parte de las autoridades españolas, que la deja a ella y a otros ciudadanos en cierto desamparo
12 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La situación bélica en Oriente Medio se recrudece. Aunque el presidente norteamericano Donald Trump llegó a asegurar que la guerra estaba «prácticamente terminada», lo cierto es que los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán continúan sin cesar. Los bombardeos sobre Teherán y las bases estadounidenses en Irak y en el resto de países del Golfo Pérsico son constantes. Como consecuencia de esta ofensiva militar, cuyo objetivo es debilitar o derrocar el régimen de los ayatolás, varias regiones se ven afectadas. Entre ellas Baréin, donde reside la asturiana Alicia Pais, que sigue con preocupación la evolución del conflicto.
«Ya lo tenemos todo preparado por si acaso, aunque por el momento no tenemos esa sensación de opresión y necesidad de marcharse», asegura esta avilesina de 62 años. Al vivir con su marido, Joe Krolikowski, a varios kilómetros de la capital de esta pequeña isla asiática, donde ya han tenido lugar varios ataques, no percibe la guerra como una gran amenaza. «Nosotros no hemos vivido esos bombardeos de los primeros días o los que se están viviendo ahora en la ciudad», admite. Aún así, se mantiene en alerta y prevenida, «por lo que pueda pasar». Sigue las noticias sobre el conflicto, mientras cumple a rajatabla las recomendaciones del gobierno local para protegerse.
Como a la mayoría de los residentes en estas regiones de Oriente Medio, a esta asturiana el estallido de la guerra la pilló completamente por sorpresa. «El día antes había reunido en mi casa a un grupo de españoles para comer fabada y casadielles y nos lo pasamos muy bien. A la mañana siguiente nos despertamos con las noticias del ataque y rápidamente nos pusimos en contacto unos con otros, porque sabíamos lo que estaba pasando. pero no contábamos con que esto sucediera. Nos pilló totalmente desprevenidos», confiesa sobre cómo vivió las primeras horas tras el inicio de la ofensiva.
Al poco de que tuviesen lugar estos primeros bombardeos, recibió en su teléfono móvil una alerta emitida por las autoridades locales en la que se informaba de la situación y se recomendaba a la población mantenerse atenta a las indicaciones oficiales. «Inmediatamente el gobierno de aquí nos explicó qué era lo que estaba pasando y cómo debíamos de actuar. Nos facilitó además un mapa en el que aparecían una serie de lugares seguros por si hubiese gente que quería esconderse», cuenta esta avilesina, que vive en Baréin por motivos laborales.
Desde entonces, Alicia está continuamente en alerta, por lo que pueda pasar. Por el momento, aunque caen bombas y se producen ataques militares a pocos kilómetros, considerando la distancia que nos separa de nuestro país, no percibe un peligro inmediato. «Lo que más me asusta ahora es el sonido de los misiles tierra-aire. Tenemos dos bases aéreas en Baréin, y desde aquí lanzan estos misiles para interceptar lo que se acerca y cuando lo derriban en el aire, el ruido que hacen te aseguro que pone los pelos de punta al más valiente», destaca, antes de reconocer que, como nunca antes había escuchado algo así, le genera una tensión constante.
Aunque trata en la medida de lo posible de mantener la calma, el conflicto bélico le provoca una gran presión psicológica. «Al final no podemos descansar. Aquí en el momento que empiezan a llegar cualquier dron o lo que sea, saltan las alarmas de aviso, sobre todo por la noche, para que la gente se preparé. Entonces no eres capar de dormir. De 12 días que llevamos solo tuvimos uno sin ninguna alarma nocturna», dice. Es por esta razón, que cuando oscurece, entorno a las cinco de la tarde, empieza a inquietarse aún más. «No sabes si quieres ir a la cama o qué, porque sabes que van a saltar las alarma a lo largo de la madrugada», confiesa.
En cambio, «por ahora», no siente esa sensación de opresión y esa necesidad inmediata de huir. «Vivimos más relajados que los de la capital», asegura. No obstante, no descarta que en «unas horas o días» la sienta y tenga que coger las maletas y marcharse. En el caso de tener que escaparse y volver a su tierra natal, la «única manera» que tiene para salir del país es a través del puente que une la isla con Arabia Saudí. «Para cruzarlo necesitas un visado que, en nuestro caso, ya lo tenemos. Ya tenemos todo preparado, incluso los papeles necesarios que nuestra gata Vicky pueda viajar con nosotros, por si se complican las cosas», dice.
Con la preocupación que la acompaña desde el inicio de este conflicto bélico, Alicia permanece todo el día pendiente de las noticias para conocer las últimas novedades sobre la guerra. La única fuente de información en la que confía es el gobierno local, que les mantiene al tanto «de los ataques que está recibiendo el país y de las medidas que están tomando, sobre todo para evitar el desabastecimiento».
¿Tiene comunicación con el gobierno de España?
«De las autoridades españolas, puedo decirte que cero patatero. La última comunicación que tuvimos, y gracias a nuestra presión, fue el 6 de marzo», lamenta esta asturiana, a quien le genera un gran rechazo ver al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albarez, en la televisión «diciendo tonterías» como que «no nos preocupemos». «¿No os preocupéis? ¿Quiénes?», dice indignada.
«Todavía me comentaba ayer una conocida que había quedado atascada en Abu Dhabi y me decía, con vergüenza ajena, que estaba en el hotel donde había alemanes, italianos, franceses, británicos… que habían pasado por allí diplomáticos y personal de las embajadas de Francia, Italia, Alemania y el Reino Unido para informar sobre lo que estaba pasando y tranquilizar a sus ciudadanos, mientras que ellos (los españoles) estaban allí esperando, sentados como bobos, a ver si venía alguien de nuestra embajada», señala como ejemplo de la falta de apoyo de las autoridades españolas.
Para esta asturiana, que en Baréin no haya embajada española no debería ser excusa para que el Gobierno de España no ofrezca asistencia a los ciudadanos que se encuentran en el país. «Mi marido es británico y todos los días tenemos de despertador al embajador británico avisándonos por redes sociales de lo que está pasando aquí. ¿Es tan complicado que desde las embajadas españolas de Kuwai, Dubái o Abu Dabi hagan lo mismo?», se queja.
«Aunque nadie vaya a venir a rescatarnos, por lo menos, necesitamos ese apoyo moral de saber que están presentes, porque una embajada es la figura administrativa más potente que un país tiene fuera de sus fronteras para ayudar a sus ciudadanos. Y no lo hacen pr incompetencia supina», implora esta asturiana, a quien también le duele en el alma la falta de deferencia de parte de sus compatriotas.
«Me molesta que la gente en España diga que estamos en Baréin para evadir impuestos, porque no es así. Se creen que todos somos influencers y multimillonarios, cuando en realidad somos gente trabajadora. El 99% de los españoles que estamos aquí hemos venido porque en España no hay trabajo. En mi caso, desde que me quedé sin empleo a los 50 y tantos, lo único que me quedó fue opositar para las señoritas de moral distraída, porque nadie te quiere, aunque tengas más de 20 años de experiencia. Entonces, la única opción que me quedó es buscarme la vida», aclara.
Dicho esto, Alicia Pais tiene la esperanza puesta en que la situación mejore pronto y se restablezca la normalidad en el país. «Que acabe ya la guerra de una vez», reza esta asturiana, que desea poder vivir sin miedo. «Ahora ya entiendo las caras de pánico de la gente que está en guerra y sale en la televisión», confiesa.