María Varela, médica de digestivo: «El trasplante es una opción excelente para solucionar el cáncer de hígado y la enfermedad subyacente que lo causó»
ASTURIAS
La coordinadora del grupo interdisciplinar de cáncer hepático del HUCA y profesora asociada de la Universidad de Oviedo aborda las causas de esta enfermedad, explica las opciones de tratamiento disponibles y señala las principales estrategias para reducir su impacto
27 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El cáncer de hígado se ha convertido en uno de los tumores con mayor impacto a nivel mundial. Actualmente es el sexto más frecuente y la tercera causa de muerte por cáncer, con alrededor de 800.000 fallecimientos al año. Sin embargo, más allá de su elevada mortalidad, preocupa especialmente el aumento constante de diagnósticos. En España, durante el último año se detectaron 6.800 nuevos casos, según el informe elaborado por SEOM y REDECAN, y las previsiones apuntan a que esta tendencia al alza se mantendrá en las próximas décadas. La Federación Española del Hígado estima que en poco más de una década habrá 341.000 pacientes. En el ámbito autonómico, Asturias registra una de las tasas más elevadas, con 9,54 casos por cada 100.000 habitantes, claramente por encima de la media nacional (6,3) y de la del sur de Europa (6,7). Pese a ello, se trata de un tumor en gran medida prevenible, ya que muchos de sus principales factores de riesgo pueden evitarse o controlarse. Así lo asegura la médica de digestivo, especialista en Hepato-oncología, María Varela, coordinadora del grupo interdisciplinar de cáncer hepático del HUCA y profesora asociada del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo, quien analiza las causas de esta enfermedad, las opciones terapéuticas disponibles y las claves para reducir su impacto.
—¿Qué es exactamente el cáncer de hígado y cuáles son sus tipos más frecuentes?
—El cáncer de hígado es un tumor maligno que se origina en las células de este órgano. Es decir, se trata de un tumor primario hepático y no de una metástasis procedente de otro órgano. El tipo más común es el carcinoma hepatocelular, que representa entre el 80% y el 90% de todos los casos de cáncer de hígado primario. Otro tipo mencionado, aunque menos frecuente, es el colangiocarcinoma, que se origina en los conductos biliares.
—Asturias es una comunidad que registra una alta incidencia de cáncer de hígado. ¿A qué se debe?
—Asturias tiene una tasa de incidencia de 9,54 casos por cada 100.000 habitantes, una cifra notablemente superior a la media de España (6,3) y del sur de Europa (6,7). Esto se debe principalmente a dos factores. Por un lado, el envejecimiento de la población. Asturias cuenta con una población de mayor edad que la media y la edad avanzada es el principal factor de riesgo para el desarrollo de tumores. Por otro, el consumo de alcohol, cuyo impacto como causa de cirrosis y cáncer es mucho más acusado en Asturias que en el resto del país. De hecho, el alcohol está detrás del 52,3% de los casos en la región, frente al 29,9% de la media nacional.
—¿Cuáles son los principales factores de riesgo y cómo pueden prevenirse?
—Los principales factores que aumentan el riesgo son el consumo de alcohol, la obesidad, la diabetes tipo 2 y las hepatitis virales B y C, que junto con factores genéticos y ambientales determinados favorecen el envejecimiento perjudicial del hígado en forma de fibrosis avanzada que cuando ocupa gran parte del hígado es lo que llamamos cirrosis. Para prevenir estos factores de riesgo que dan lugar a la cirrosis lo que hay que hacer es reducir o eliminar el consumo de alcohol, ya que no existe un nivel de consumo seguro para el hígado; mantener un peso saludable, mediante una dieta equilibrada y ejercicio regular para evitar la enfermedad metabólica; y vacunarse contra la hepatitis B, además de tratar a tiempo las infecciones por hepatitis C para evitar que evolucionen a cirrosis.
—¿Puede una persona joven desarrollar este tipo de cáncer?
—Aunque es posible, es poco frecuente. La probabilidad de desarrollar este cáncer aumenta significativamente con la edad, situándose la edad mediana al diagnóstico en torno a los 67-68 años. No obstante, existen programas de vigilancia para personas jóvenes si tienen factores de riesgo específicos, como infecciones crónicas por hepatitis B.
—¿Qué síntomas deberían alertar a una persona para acudir al médico?
—El cáncer de hígado es una enfermedad silenciosa que durante gran tiempo de su evolución avanza sin dar síntomas. En fases avanzadas pueden aparecer señales de alerta como ascitis (acumulación de líquido en el abdomen), ictericia (color amarillento en piel y ojos), hemorragia digestivas por varices esofágicas o confusión o encefalopatía hepática.
—¿Qué pruebas se utilizan actualmente para diagnosticar este cáncer?
—La estrategia principal es la vigilancia semestral con ecografía abdominal combinada con un análisis de sangre para medir la alfafetoproteína . Si se detecta una lesión sospechosa, el diagnóstico se confirma mediante pruebas de imagen avanzadas como el TAC o la resonancia ,agnética. En casos donde estas pruebas no son concluyentes, se puede recurrir a una biopsia.
«La combinación de distintos tratamientos permite cronificar la enfermedad»
—¿Cuáles son hoy los tratamientos más efectivos para el cáncer de hígado?
—El tratamiento de cada paciente se decide de forma personalizada en el comité multidisciplinar, que es una reunión periódica de varios especialistas que examinan cada caso y tienen en cuenta múltiples factores, la carga tumoral, la reserva hepática, las otras enfermedades y tratamientos del paciente y sus preferencias. Si se detecta pronto, las opciones más efectivas son la cirugía, el trasplante de hígado o la ablación (destruir el tumor con calor o frío). Recientemente se han incorporado la braquiterapia intraarterial selectiva con el isótopo itrio-90 y la radioterapia corporal estereotáxica. Para estadios intermedios se usan terapias aplicadas directamente en el tumor como la quimioembolización transarterial. En fases avanzadas, la gran revolución de los últimos cinco años es la inmunoterapia combinada, que ayuda a las defensas del cuerpo a atacar el cáncer.
—¿En qué casos se decide operar?
—La cirugía se considera cuando el tumor es único, de tamaño manejable y el paciente conserva una buena función del hígado. No hay tampoco señales de cirrosis avanzada o presión alta en las venas del hígado.
—¿Y cuándo se considera un trasplante de hígado?
—Se valora en pacientes que tienen cirrosis y tumores pequeños que cumplen ciertos criterios de tamaño y número. El trasplante es una opción excelente porque soluciona tanto el cáncer como la enfermedad del hígado subyacente que lo causó.
«El cáncer de hígado es una de las enfermedades malignas más prevenibles»
—¿Qué avances o investigaciones recientes le parecen más prometedoras?
—La inmunoterapia combinada ha mejorado notablemente la supervivencia en los casos avanzados, hasta el punto de que, en muchos pacientes, la combinación de distintos tratamientos permite cronificar la enfermedad. Además, con la aplicación de diversos tratamientos de manera secuencial podemos diseñar estrategias para reducir el tamaño de tumores grandes y pacientes que antes no podían operarse lleguen a ser candidatos a cirugía o trasplante. Respecto al futuro inmediato la inteligencia artificial será una realidad a corto plazo aplicada a la imagen radiológica y a las biopsias para detectar tumores de forma más precisa, ayudará en la cirugía, en el trasplante y en los tratamientos intraarteriales y cada vez se incorpora más en la gestión de datos biomédicos para hacer investigación. La biopsia líquida, que busca trazas del tumor en la sangre, se está implementando para un diagnóstico más precoz, para fines pronósticos y para realizar el seguimiento de tumores tratados o que están en tratamiento.
—¿Cree que algún día se podrá erradicar esta enfermedad?
—Aunque la erradicación total es difícil, es una de las enfermedades malignas más prevenibles. Se está logrando un éxito histórico en la eliminación de la hepatitis C. Sin embargo, el reto actual es frenar la «epidemia metabólica» (obesidad y diabetes) y el consumo excesivo de alcohol, que requieren cambios profundos en los estilos de vida y en las políticas públicas.
—Por último, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a los pacientes?
—El mensaje más importante es la vital importancia de la prevención de la aparición de la enfermedad hepática crónica: seguir una vida saludable con dieta y ejercicio y moderar el consumo de alcohol. Por supuesto, en caso de presentar una enfermedad hepática crónica, suspenderlo completamente. Si el paciente presenta una enfermedad hepática crónica avanzada ha de participa en el programa de cribado, ya que esto permite detectar los tumores en fases muy iniciales lo que impacta en la mayor probabilidad de recibir tratamiento con intención curativa. Además, el manejo en comités multidisciplinares garantiza que cada paciente reciba el tratamiento más adecuado en cada momento de su enfermedad.