La asturiana que dejó el trabajo de oficina para dirigir su propia empresa de desbroces: «Me encantaría contratar a más mujeres que quieran dedicarse a este oficio»

María Sánchez Condado
María S. Condado REDACCIÓN

ASTURIAS

Sonia Rozas
Sonia Rozas

Tras dejar su puesto de oficina en Italia, Sonia Rozas regresó al norte de España, concretamente a Galicia, para emprender en un sector tradicionalmente masculino y construir una nueva vida dedicada a su verdadera pasión

18 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cambiar un trabajo de oficina por una desbrozadora. Ese fue el gran cambio que Sonia Rozas hizo en su vida, pero no fue el único. La asturiana cambió Italia por Galicia, transformó su entorno y sus costumbres, y dio un giro de ciento ochenta grados en todos los aspectos de su vida. La historia de Sonia está marcada por la valentía, por no tener miedo a volver a empezar y por la búsqueda de aquello que realmente la hacía feliz.

En 1998, con tan solo 20 años, Sonia decidió partir de su Asturias natal en busca de nuevas aventuras. Su principal objetivo era aprender idiomas, por lo que se trasladó primero a Londres y después a Suiza. Tras varios meses, decidió continuar su aventura hasta Italia, donde conocería a un chico que haría que aquel viaje se alargara mucho más de lo previsto: concretamente, veintiséis años. «La idea era aprender italiano, pero cuando tienes veinte años tomas decisiones que te llevan hasta el momento en el que estás ahora», explica Sonia.

Por aquel entonces, la asturiana no tenía decidido cuál sería el rumbo de su trayectoria profesional. Su primer trabajo en Italia fue como traductora, «para una empresa que quería expandirse en el mercado latinoamericano». Posteriormente, pasó al área comercial y continuó formándose y creciendo profesionalmente hasta convertirse en gerente de Confindustria, el equivalente a la Ceoe —Confederación Española de Organizaciones Empresariales — en España. «Trabajaba en una sede regional de la provincia de Mantua y me ocupaba de la parte comercial, así como de la gestión de socios y clientes», recuerda Rozas.

Pero aquello no era con lo que Sonia soñaba. Todo ello, unido a la idea de regresar a su país, que cada vez rondaba más por su cabeza, hizo que la asturiana tomara la decisión de dar un cambio radical a su vida. «En los últimos años, la situación económica y social de Italia había empeorado mucho. Digamos que lo público está desapareciendo. Además, tenía ganas de volver a casa porque soy hija única y, antes o después, iba a tener que pensar en mis padres, que viven en Gijón».

Tras más de veinticinco años en Italia, en julio de 2024, Sonia tomó la decisión: dejó su trabajo e hizo las maletas para regresar a España. Por motivos familiares, terminó asentándose en la localidad gallega de Vilalba, donde encontró la oportunidad perfecta para rehacer su vida y trazar una nueva carrera profesional.

«Cuando llegué a España sabía que la etapa de oficina había terminado y que tenía que buscar algo que me gustara de verdad». Sonia siempre había tenido claro que lo suyo era el trabajo físico y, gracias a un curso del SEPE de Técnico de Medio Ambiente, descubrió la que sería su gran vocación: la desbrozadora. «Cuando cogí una desbrozadora por primera supe que esto era lo mío. Aquello me cambió la vida».

«Soy muy manitas y siempre dije que quería dedicarme a algo así. Buscaba un trabajo en el que no tuvieras que tener la cabeza conectada las veinticuatro horas del día». Tras seis meses de formación, la asturiana realizó las prácticas del módulo en el propio Ayuntamiento de Vilalba. Fue precisamente esa experiencia la que terminó de cambiarle la vida.

A sus 49 años, Sonia ha decidido dar el gran paso y emprender. La asturiana ha creado su propia empresa de desbroces forestales, un proyecto que se materializó oficialmente el pasado 25 de mayo y que, desde entonces, no le ha dado ni un minuto de descanso. «Me di cuenta de que aquí, en Galicia, hacía falta gente que realizara este trabajo, así que me decidí a emprender. Además, todos mis empleos anteriores me dieron una base de marketing, contabilidad y gestión de proyectos que me ha ayudado a sacar adelante mi propia empresa. Cuando abrí necesitaba diferenciarme y tenía la ventaja de ser mujer en un sector tradicionalmente ocupado por hombres. Desde que me llegó la pick-up no he parado de trabajar».

Para Sonia, no se trata solo de una empresa, sino del reflejo de su nueva vida. «Me levanto con ganas de ir a trabajar y, aunque no es un trabajo fácil porque llegas a casa reventada después de seis horas al sol, vuelvo con la sensación de sentirme realmente libre».

En cuanto al futuro, la asturiana lo tiene claro: «Me encantaría poder contratar a más mujeres a las que les guste este trabajo; la empresa surgió precisamente con esa idea». De ahí nace también el lema de su negocio: «Mujeres que transforman el terreno con precisión, cuidado y carácter».