La historia viva de Revuelta, más de un siglo endulzando los veranos de Llanes: «No hay verano sin un mantecado»
ASTURIAS
La empresa llanisca se encuentra ahora regentada por la tercera generación de heladeros, pero tras su mostrador los bisnietos del fundador ya han comenzado a formar parte del negocio familiar
10 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los helados de Revuelta se han convertido en todo un clásico del verano en Llanes. Desde su fundación, hace ya más de 100 años, esta heladería familiar ha conquistado hasta los paladares más exigentes, pero la suya es una historia viva que continúa sumando sabores, recuerdos y veranos. La empresa llanisca se encuentra ahora regentada por la tercera generación de heladeros, pero tras su mostrador los bisnietos del fundador ya han comenzado a formar parte del negocio familiar.
Para entender su historia hay que remontarse al verano de 1922, año en el que Lisardo Revuelta y Virginia —Ginia—, su mujer, decidieron abrir lo que años después se convertiría en una de las heladerías más reconocidas de la región. Natural de los Valles del Pas, en Cantabria, Lisardo veraneaba ya por aquel entonces en Llanes junto a su padre, barquillero de profesión. Siguiendo la tradición del gremio heladero que caracterizaba a aquella zona cántabra y coincidiendo con la reciente apertura de la fábrica de hielos de Llanes, Lisardo vio la oportunidad perfecta para emprender su negocio.
«En aquel entonces, mi abuelo ya fue capaz de ver el potencial de Llanes», destaca Virginia Revuelta, nieta de Lisardo y Ginia. La heladería comenzó con los sabores básicos que por aquel entonces ya conquistaban paladares: el mantecado, producto estrella de Revuelta, el chocolate y la fresa. Pero la historia de esta heladería no ha sido sencilla. En sus primeros años, la empresa familiar hizo frente a grandes dificultades, como la Guerra Civil, pero Lisardo y Ginia supieron sacarla adelante.
No tardaron en entrar al negocio familiar sus hijos, entre ellos la propia madre de Virginia, quien con el tiempo le cedería el testigo a su hija. «Mis hermanos y yo, la tercera generación de Revuelta, regentamos la heladería desde 2010, pero la cuarta generación, nuestros hijos, ya ha empezado a formar parte del negocio familiar».
Ser heladera y formar parte de Revuelta siempre estuvo en los planes de Virginia: «Con once años ya trabajaba aquí junto con mis hermanos, Alfonso, Maite y Lisardo. Yo tenía que usar un banco porque ni siquiera llegaba a la cámara de los helados y mi hermano, por aquel entonces, ya repartía en bicicleta», recuerda. Y es que esta vocación heladera es algo que se ha transmitido de padres a hijos. Siendo tan solo una niña, la hija de Virginia también lo tenía claro. «Siempre me decía que ella iba a ser jefa de Revuelta» y ahora, con 27 años, trabaja codo con codo con su madre, sus tíos y sus primos. Para los Revuelta, ser heladeros no solo significa vender su producto, «también es ver la cara de felicidad de los niños cuando les das su helado. Es un trabajo sacrificado, pero que da muchas satisfacciones».
Mantener una empresa en pie durante más de 100 años no es tarea sencilla, y menos cuando se trata de un producto que hasta hace pocos años era «estacional». Son varios los secretos que fundamentan el éxito de Revuelta, entre ellos, la receta de sus helados que, «aunque no se puede desvelar», Virginia asegura que tiene como elemento fundamental el producto de proximidad, «por el que siempre hemos apostado».
La clave es, además, asegura, «mantener la identidad y el legado de las anteriores generaciones. Mantener esa confianza con el cliente. Nos debemos al cariño que ellos nos muestran, y eso se hace a través de la calidad y manteniendo un servicio auténtico, cargado de calidad humana».
Un siglo da para mucho y la evolución del negocio ha sido inevitable. Revuelta comenzó siendo un negocio estacional en el que las ventas fuertes llegaban en verano, pero los cambios en las formas de turismo y la evolución llevada a cabo por la gestión de la empresa han permitido que Revuelta sea un negocio rentable durante todo el año. El mayor cambio, apunta Virginia, «fue comenzar a distribuir para negocios de hostelería». Todo ello comenzó en 2012, con la apertura de un nuevo obrador en Posada de Llanes que permitió a la empresa aumentar su producción. Ahora, cada día, Revuelta saca a las carreteras asturianas tres camiones cargados de helados para conquistar los paladares de los comensales de la zona.
La evolución no se ha visto solo reflejada en la forma de producir; los sabores de Revuelta han cambiado y se han ido adaptando a los nuevos gustos, aunque siempre manteniendo su gran clásico como principal protagonista: «No hay verano sin un mantecado», señala. El pistacho, el yogur y el turrón se unen desde hace unos años a las opciones de esta empresa llanisca. Y es que las nuevas creaciones, explica, «surgen de los viajes que Alfonso hace recorriendo el mundo. En cada destino descubre nuevos sabores y nuevas fórmulas. Así hemos logrado tener productos como el sorbete de chocolate, realizado con chocolate de Uganda, o el Legado Indiano, que surgió en uno de sus viajes a Latinoamérica».
La historia de Revuelta continúa viva en cada verano, en cada helado y en cada recuerdo. Más de un siglo después de aquel primer mostrador, la heladería sigue siendo mucho más que una empresa familiar: es parte de la memoria de Llanes y un legado que ha sabido pasar de generación en generación sin perder su esencia.