De ser incapaz de caminar 100 metros a moverse con total libertad: la historia de Jonathan y su esclerosis múltiple

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

El ovetense Jonathan Trujillo ha recuperado la movilidad gracias a un dispositivo tecnológico
El ovetense Jonathan Trujillo ha recuperado la movilidad gracias a un dispositivo tecnológico

Este asturiano de 44 años hace frente a las limitaciones de la enfermedad neurológica que padece gracias a un dispositivo tecnológido diseñado por una empresa de la región

22 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La esclerosis múltiple es una patología crónica del sistema nervioso central en la que el sistema inmunitario ataca la mielina, la capa que recubre y protege las fibras nerviosas, dificultando la comunicación entre el cerebro y el resto del organismo. Se estima que afecta a unas 120 personas por cada 100.000 habitantes y se sabe que se manifiesta de forma diferente en cada paciente. De ahí que se la conozca como «la enfermedad de las mil caras» y que su detección haya sido especialmente complejo, sobre todo décadas atrás. «A mi tardaron más cuatro años en darme el diagnóstico», asegura Jonathan Trujillo, uno de los cientos de asturianos a quienes esta condición ha cambiado sus vidas «por completo».

Fue hace ya más de una década cuando la enfermedad debutó en este vecino de Oviedo, que en ese momento tenía 34 años. «Empecé a sentir molestias en la rodilla derecha. No sabía muy bien porqué era, así que estuve un tiempo con una rodillera. Pero, obviamente, no me sirvió de nada. Comencé después a tener problemas a la hora de caminar. Me costaba hacerlo cuando siempre he sido de esa gente que va muy rápido por la calle, con pasos ligeros. Me notaba también más cansado de lo habitual y no sabía si era por el trabajo o porque hacía mucho deporte», cuenta. Unos síntomas a los que no encontraba explicación, pero que eran las primeras señales de una enfermedad que tardaría años en ser diagnosticada.

Pasaban las semanas y no notaba ningún tipo de mejoría, al contrario, así que decidió acudir al médico de cabecera. En un primer momento, todo apuntaba a que podía tratarse de un problema relacionado con la rodilla, por lo que fue derivado al traumatólogo. Sin embargo, al tratarse de una afección neurológica, el especialista en el aparato locomotor fue, evidentemente, incapaz de determinar el origen de sus síntomas. Comenzó, por tanto, un largo camino de peregrinaje de consulta en consulta para tratar de averiguar qué ocurría en su cuerpo y encontrar, por fin, una respuesta a unos síntomas que cada vez resultaban más incapacitantes. Su cuadro clínico era tal que llegó a estar incluso en lista de espera de la unidad del dolor del HUCA.

Jonathan lleva más de 10 años conviviendo con la esclerosis múltiple. Pese a las limitaciones de la enfermedad, hace todo lo posible por disfrutar de la vida
Jonathan lleva más de 10 años conviviendo con la esclerosis múltiple. Pese a las limitaciones de la enfermedad, hace todo lo posible por disfrutar de la vida

«Harto de ir de un especialista a otro, me fui a la Clínica Asturias, donde trabaja un traumatólogo que es conocido de una amiga mía. Me hizo unos chequeos y me recomendó hacer una resonancia magnética con contraste. La hice y, tras analizar los resultados con un amigo suyo que es neurólogo, me detectaron este trastorno», cuenta, antes de señalar que pasaron «más de cuatro años» desde que comenzaron los primeros síntomas hasta que, finalmente, recibió el diagnóstico. La noticia de que padecía esclerosis múltiple le pilló por sorpresa pero, en un primer momento, no supuso un gran varapalo. «No me quedé en shock porque no sabía nada de ella. Nunca había oído hablar o, si lo había hecho, nunca le había prestado atención», admite.

Eso sí, nada más salir de la consulta buscó información sobre la esclerosis múltiple. «Quería, al menos, ponerle cara», confiesa. Cuando tuvo la primera cita con el neurólogo del HUCA que comenzaría a llevar su caso ya supo «exactamente» qué era lo que le pasaba y por qué. «Me lo explicó súper bien», precisa a sus 44 años. Tras conocer realmente en qué consistía la enfermedad y cómo podía afectar a su rutina, lejos de lamentarse, decidió afrontarla con la mayor determinación posible. Se puso completamente a disposición de los profesionales sanitarios y siguió sus indicaciones al pie de la letra, con el objetivo de mantener al máximo su autonomía y conservar, en la medida de lo posible, la calidad de vida. «Como siempre digo, estoy para hacer todo lo que me manden», asegura.

La enfermedad, bajo control

«Antes de empezar con el tratamiento farmacológico que actualmente estoy tomando, pasé por la consulta de varios especialistas para comprobar que estaba todo bien. Recibí también varios ciclos de cortisona», detalla el ovetense, quien, desde que le diagnosticaron la esclerosis múltiple, acude periódicamente a revisión para vigilar la evolución de la enfermedad y adaptar el tratamiento a sus necesidades. «Gracias a la medicación la tengo controlada. No he empeorado. De hecho, el neurólogo en las resonancias magnéticas que me hizo pudo ver que incluso que había zonas que tendían a recuperarse un poco», asegura, antes de señalar, que el hecho de saber que no ha mejorado ya le genera alivio. «Me noto igual que cuando me diagnosticaron y ya han pasado siete años», confiesa.

Que no haya empeorado no quiere decir que no siga sufriendo las consecuencias de la esclerosis múltiple en su vida cotidiana. La enfermedad afecta especialmente a la capacidad motora de la parte derecha de su cuerpo. «No puedo levantar la pierna, arrastro el pie y, al principio, no salía a la calle porque tenía miedo de tropezar y caer. Tengo que hacer más esfuerzo para desplazarme y eso hace que esté un poco más cansado de lo normal», explica. Por esta razón, aunque con retraso, el pasado mes de febrero le concedieron la tarjeta de movilidad reducida, que le facilita sus desplazamientos. «Para mí supone una ayuda muy importante, porque antes tenía que calcular bien dónde aparcar el coche para caminar lo menos posible. Con solo andar 100 metros ya tenía que parar y sentarme porque no aguantaba de pie», relata.

El dispositivo asturiano que le ha devuelto la movilidad

Ahora, sin embargo, gracias también al uso de una órtesis diseñada por la empresa de base tecnológica asturiana Loutkar Robotics, puede caminar con «total normalidad» y sin cansarse. «El aparato me permite hacer mejor los movimientos hacia delante, hacia atrás y hacia los laterales. Además, evita que me caiga porque me levanta automáticamente las puntillas, algo que a mí, de forma natural, me cuesta mucho», explica el ovetense, que lleva ya un año y medio utilizando el dispositivo desarrollado por esta compañía de reciente creación, que también trabaja en el desarrollo de soluciones similares para la rodilla y la cadera.

«Estoy encantado porque me da una libertad absoluta. A mí me ha cambiado la vida y es verdad que te la cambia», asegura. Ahora puede salir de casa y pasear durante una hora con su perro, algo que antes apenas podía hacer durante unos minutos. «Me pongo la música y me voy con él. Además, ya no tengo que ir mirando al suelo constantemente cuando camino. Puedo mirar al frente, mirar a lo lejos y preocuparme menos. Parece una tontería, pero sin la órtesis, no puedes ir caminando mirando a la gente; tienes que estar pendiente del suelo para no tropezar», relata, esperando en que se desarrollen también un dispositivo similar para recuperar la autonomía de su brazo y mano derecha. «Los muevo y los utilizo todo lo que puedo para que no se me atrofie», confiesa.

La ortésis que lleva puesta encima
La ortésis que lleva puesta encima

Con la esperanza puesta en que la ciencia avance lo suficiente para que algún día pueda recuperar todavía más autonomía, Jonathan Trujillo anima a todas las personas que se encuentren en una situación similar a la suya a dar una oportunidad al dispositivo desarrollado por la empresa asturiana. «Si tienen la posibilidad de acceder a él, que no lo piensen. Al menos, que le den la oportunidad de probarlo. Ya les digo yo que te cambia la vida por completo», asegura. Para él, supone dejar atrás cuatro años en los que apenas salía de casa y en los que llegó a renunciar a planes y encuentros con amigos. «Dejas de hacer cosas porque te da rabia que todo el mundo tenga que ir más despacio por ti», explica. Ahora, sin embargo, vuelve a caminar, a salir y a hacer planes sin que la esclerosis múltiple marque cada paso.