Mónica García convive con dolor crónico: «Cuando consigues demostrar que tienes una enfermedad, comienza otra batalla para que sea comprendida»
ASTURIAS
Con motivo del Día Mundial del Dolor Crónico, esta asturiana ha querido compartir su experiencia conviviendo con una enfermedad rara durante más de tres décadas
17 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Convivir con una enfermedad invisible no es sencillo. A veces, resulta difícil que la sociedad comprenda qué hay detrás de una persona que aparentemente está sana, pero que convive con un dolor profundo, especialmente cuando este se manifiesta de forma crónica. Con motivo del Día Mundial del Dolor Crónico, que se celebra cada 17 de octubre, la asturiana Mónica García ha querido compartir su experiencia para concienciar sobre esta compleja realidad.
Mónica García convive desde hace más de treinta años con un dolor crónico neuropático refractario que no se ve, pero que ha condicionado todas las etapas de su vida. Para entender su historia hay que remontarse a la infancia. Desde pequeña, los dolores y las molestias hicieron que se sintiera diferente al resto de los niños. «Recuerdo especialmente las clases de gimnasia, donde más sufría aquella situación, y cómo el propio profesor de Educación Física se reía de mí, arrastrando inevitablemente al resto de los alumnos».
A pesar de aquellos recuerdos, Mónica no culpa a los niños de entonces. «La empatía es, en parte, innata y, en parte, algo que se educa desde el hogar, no solo en el aula», subraya. Aquellas experiencias dejaron una profunda huella en la asturiana y condicionaron su forma de relacionarse con el mundo y consigo misma durante la edad adulta.
Con el paso de los años, las molestias fueron aumentando hasta convertirse, según explica, «en una realidad implacable». Durante mucho tiempo buscó una explicación para su dolor sin obtener respuestas, lo que la llevó «a un peregrinaje agotador por terapias públicas, privadas e incluso alternativas». «Iba de un sitio a otro, como una pelota de tenis, buscando una explicación e intentando entender qué estaba sucediendo en mi cuerpo, mientras la ausencia de un diagnóstico alimentaba también la incomprensión de quienes me rodeaban», recuerda.
La respuesta llegó finalmente cuando tenía 35 años. En 2015, una biopsia específica permitió descubrir que los dolores que padecía eran consecuencia de una enfermedad rara. «Después de años, por fin existía una explicación objetiva». Aunque el diagnóstico supuso un alivio, llegó demasiado tarde para borrar décadas de incomprensión acumulada.
Esta es, precisamente, una de las grandes paradojas de las enfermedades raras para García: «Incluso cuando consigues demostrar que tienes una enfermedad y que lo que te ocurre es real, comienza otra batalla para conseguir que esa realidad sea comprendida».
Una trayectoria profesional marcada por el esfuerzo
A pesar del dolor, Mónica siempre se ha considerado una persona «autoexigente, educada para trabajar, tener dignidad y ser autosuficiente». Terminó sus estudios en Oviedo con matrícula de honor y se trasladó a Madrid para estudiar Periodismo. Años después, tuvo que regresar a Asturias debido a sus problemas de salud, aunque continuó buscando soluciones mientras trabajaba en medios de comunicación locales y autonómicos.
Su trayectoria profesional la llevó posteriormente a Castilla y León, donde trabajó en un ente público destinado a personas con discapacidad física y psíquica profunda. Mientras intentaba mantener la normalidad en su vida, seguía aferrada a la esperanza de recuperarse algún día.
Con el tiempo, se especializó en el ámbito de la accesibilidad, concretamente en la accesibilidad audiovisual para personas con discapacidad física e intelectual. «Nunca dejé de estudiar, incluso cuando físicamente mis manos no respondían bien o el dolor hacía que sentarme a estudiar y continuar trabajando supusiera un esfuerzo enorme. Hoy trabajo para un ente asturiano y estoy muy contenta de haber conseguido ese logro», señala García.
Sin embargo, llegar hasta aquí no ha sido sencillo. Para Mónica, convivir con el dolor significa que, en ocasiones, «el simple hecho de apoyar las plantas de los pies en el suelo puede desencadenar un dolor especialmente intenso». Pese a las dificultades, siempre ha intentado seguir adelante. Desde pequeña había asumido que debía esforzarse, aunque su cuerpo le indicara constantemente lo contrario.
El peso de una enfermedad invisible
La incomprensión también se manifiesta en el trato social. «Si trabajas, aparece inmediatamente la sospecha de que “tanto no te dolerá”. Si descansas, paras o buscas algún tipo de alivio, puedes acabar siendo tachada de vaga. Parece que existe una doble vara de medir con la que nunca haces lo correcto. Si intentas seguir adelante, tu enfermedad queda cuestionada; si reconoces tus límites, se pone en duda tu voluntad».
García considera que muchas personas siguen sin comprender cómo es posible vivir con dolor de manera continuada. «La gente, en general, cree imposible vivir con dolor y así te lo hace saber, como si, por decirlo, tu vida fuera una equivocación o tuvieras que dejar de vivir».
El dolor crónico dentro de la consulta médica
En el ámbito institucional, las barreras también son evidentes. Mónica cuenta con un reconocimiento oficial de discapacidad del 49 %, asociado a diez causas distintas. Sin embargo, algunas de ellas no puntúan al no estar formalmente contempladas en los baremos. «Es una situación que puede resultar abrumadora: tener una enfermedad, tenerla documentada y comprobar, al mismo tiempo, que parte de esa realidad no tiene un reconocimiento efectivo», explica.
Su enfermedad no puede detectarse mediante una simple analítica de sangre, pero, como insiste, «esto no significa que deje de ser real». Además del dolor, convivir con una enfermedad rara implica afrontar las consecuencias progresivas que se acumulan en el organismo. A pesar de seguir las indicaciones médicas e intentar mantener una vida activa dentro de sus posibilidades, Mónica no encuentra tregua.
Las dificultades también aparecen en las consultas médicas. Más allá de la falta de medicamentos o terapias capaces de controlar su enfermedad, la asturiana señala el problema de la «sobrepsiquiatrización» del dolor. «Hablar de salud mental, de prevención del suicidio y de la necesidad de cuidar emocionalmente a las personas enfermas me parece absolutamente necesario. Pero cuidar la salud mental no puede significar convertir cualquier síntoma físico en una explicación psicológica ni utilizar la psiquiatría para invalidar aquello que todavía no se comprende».
En este sentido, García reclama una mayor implicación de las unidades del dolor, con revisiones periódicas y una atención verdaderamente integral, incluida la terapia psicológica cuando sea necesaria. «Acompañar psicológicamente a un paciente no significa negar el origen orgánico de su enfermedad», defiende.
Las dificultades laborales y económicas
La situación laboral y económica constituye otro de los grandes problemas para quienes conviven con enfermedades crónicas. En ocasiones, la dificultad reside en algo tan básico como «intentar reunir fuerzas para levantarse de la cama». Sin embargo, muchos pacientes también tienen que enfrentarse a un entramado administrativo, burocrático o judicial que puede resultar asfixiante.
Mónica experimentó estas dificultades en primera persona al tratar de obtener el reconocimiento de su incapacidad laboral. Durante diecisiete meses, entre 2017 y 2018, permaneció sin recibir ingresos económicos al no obtener el reconocimiento de una baja temporal por parte del INSS. «El dinero que debería haber percibido durante aquel periodo no llegó. Esa ley existe y la gente tiene que saberlo: la desprotección del paciente cuando está enfermo y esa enfermedad pluripatológica se contempla, injustamente, como una simple baja por recaída», asegura.
La lucha contra la enfermedad también puede trasladarse a los juzgados. A pesar de los avances, García recuerda que «hay personas que tienen que acudir durante años a los juzgados para reclamar algo tan básico como el reconocimiento de su propia incapacidad».
Vivir sin tener que justificarse
Convivir con una enfermedad que provoca dolor crónico va mucho más allá de recibir un diagnóstico. Significa enfrentarse al estigma social y luchar para que se reconozca una realidad que, aunque invisible para los demás, condiciona todos los aspectos de la vida.
Por eso, Mónica ha decidido romper su silencio y compartir su historia. Con su testimonio, reivindica el derecho de las personas enfermas a vivir sin tener que justificarse constantemente. «Lo primero que tenemos que hacer es vivir, porque nos lo merecemos. Tenemos que pedir que no nos juzguen, que no nos avasallen y, sobre todo, que nos escuchen».
Para la asturiana, encontrar a alguien que comprenda su situación sin necesidad de dar explicaciones puede convertirse en una forma de alivio. A veces, ser escuchada y reconocida es también una manera de dejar de sentirse sola frente al dolor.