La pizarra: A lomos de Saúl Berjón

Análisis del partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela Carlos Tartiere Real Oviedo Cultural.Anquela, antes del encuentro frente a la Cultural
Anquela, antes del encuentro frente a la Cultural

Oviedo

Nota: 8, notable.

«Esta semana estaba preocupadísimo», dijo el entrenador del Oviedo en sala de prensaY no es que Juan Antonio Anquela esté tranquilo en otras jornadas, pero el partido ante el Almería tenía todos los ingredientes para ser el que cortase la racha de imbatibilidad del Real Oviedo. Ya no solo eran las múltiples bajas en una línea tan importante en el nuevo esquema como es la defensa de cinco, que también, es la sensación de que el Almería tenía todas las armas para poder hacer daño: jugadores de mucha categoría arriba, una idea que llevan a cabo sin complejos gracias a Lucas Alcaraz y el posible nerviosismo de un Tartiere que ve los encuentros en el tempo azul como tres puntos seguros. 

Y visto como transcurrió el partido, el técnico de los carbayones no se equivocaba. El encuentro no se pudo poner más cuesta arriba, con el Almería por delante en el marcador y realmente cómodo saliendo a la contra, pero el Oviedo, hoy por hoy, está en un escalón diferente. Ese escalón que le permite, con un arreón de equipo poderoso, remontar un partido que en Segunda suele acabar en 0-2. Ocho partidos sin conocer la derrota y sexta victoria consecutiva como locales. Que siga la fiesta.

El aspecto táctico

Anquela no se complicó y sustituyó a los sancionados con sus recambios naturales. Valentini entró por Christian, Verdés por Forlín y Varela por Mossa. Lo demás, lo de siempre. Por su parte, el Almería dibujaba una línea de cuatro y un trivote con la intención de sujetar al equipo, dejando total libertad a los tres, y muy buenos, hombres del ataque. Los primeros minutos reflejaron lo que iba a suceder, si un gol azul no lo cambiaba, en la totalidad del encuentro: el Almería esperaba en su campo cediéndole de manera absoluta la iniciativa de juego al Real Oviedo. Alcaraz, a sabiendas de que los azules son mucho más peligrosos cuando roban en campo rival que cuando tienen que armar la jugada desde su área, tenía claro el plan.

Y en este escenario, las bajas se empezaron a notar. La línea de tres centrales tocaba, le llegaba a Valentini (diestro jugando en la izquierda) y sufría para filtrar el pase correcto a Varela o a Berjón. En este escenario apareció Saúl, sin duda alguna, el mejor jugador de este equipo y uno de los mejore de la categoría. Sin ayudas, sin líneas de pase a simple vista, el Oviedo veía la luz cada vez que el canterano oviedista tenía el balón en sus pies. Pero sin Mossa, su fiel escudero en la izquierda, y con un Linares no del todo fino en lo técnico, las ocasiones no llegaban. Acababa el primer acto y el Almería estaba a gusto

Tras el descanso llegó el golpe que parecía mortal. El Almería sacaba oro de las contras y, con un balón a la espalda de los centrales, Pozo en carrera tiró un pase de la muerte que Fidel, ante un Varela a contrapie, solo tuvo que empujar. Lucas Alcaraz ya había encontrado el tesoro y solo tenía que protegerlo. Y Anquela no dudó: Toché por Valentini, cambio a 4-4-2 y más socios en ataque para un Berjón demasiado solo. Tan solo ocho minutos después, el encuentro estaba igualado gracias a la sociedad entre el ovetense y el murciano. 

Los azules ya eran imparables. En base a un empuje brutal, liderado por Saúl desde la izquierda, fueron metiendo poco a poco al Almería en su área. Los centrales adelantaron líneas (gran Verdés en la anticipación), el doble pivote subió una marcha en la presión y Toché hacía de enganche para surtir de balones, todos al primer toque, a Berjón y Aarón. Y tras diez minutos, el marcador ya se había levantado: el 21 recibe en izquierda, juega con Toché con ese maravilloso exterior de su pie derecho, el 9 la para, la deja de cara y el ovetense (con la ayuda de René) hace estallar al Tartiere. El Almería se aprovechó de ese "frágil" 4-4-2 y las tuvo a la contra, pero un imperial Carlos evitó el empate. 

Las caras de los jugadores al término del encuentro y los resoplidos de Anquela tras saludar a Alcaraz lo decían todo. Ganar al Almería, tal y como se había puesto el encuentro y en las circunstancias en las que se llegaba, puede significar algo más que tres puntos.

Los cambios

Y por fin, el banquillo fue decisivo. Tras el gol almeriense Anquela lo tuvo claro y Toché fue la primera solución: delantero por central, cambio de esquema y a volcar el juego al área de René. El 9 azul lo cambió todo y su entrada tuvo un impacto brutal en el encuentro. Los centrales no supieron pararle y, a base de primeros toques de mucha precisión, el Oviedo llegaba fácil a los costados. Gol y asistencia, una actuación inmejorable.

Cotugno fue el segundo cambio y cumplió con lo que se le pidió. Entró por un desgastado y amonestado Varela para dar solidez a ese flanco izquierdo, algo que supo hacer con creces, erigiéndose como ese comodín defensivo que tan útil es para el cuerpo técnico. La última sustitución significó la vuelta de Yeboah, más de un mes después de su expulsión en Sevilla. El ghanés solo tocó un par de balones y no pudo entrar en juego. 

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