La Pizarra: En busca del ritmo perdido

Análisis del partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela Almeria Real Oviedo Carlos Tartiere.Anquela, durante el encuentro frente al Almeria
Anquela, durante el encuentro frente al Almeria

Oviedo

Nota: 5. Suficiente.

Tanto plantilla como afición comenzaron el encuentro ante el Barça B convencidos de la importancia de las palabras del míster durante toda la semana. Anquela recalcó que sin el aliento de la grada sería imposible ganar a nadie y los jugadores del Oviedo quisieron no darle razones al respetable para no infringir dicha "orden".

El equipo azulgrana no sorprendió a nadie. Desde las primeras jornadas del curso lleva demostrando lo mismo: ser un equipo sin un patrón claro de juego (parece mentira que esto suceda en la máxima representación de La Masia) pero con suficiente calidad en el ataque para meter en problemas a cualquier rival. Por su parte, el Oviedo fue mejor, no sufrió demasiado y tuvo ocasiones, pero siguió dejando sensaciones un poco preocupantes. Puntuar en las malas rachas siempre es positivo, pero hay que seguir buscando el camino para volver a la senda de la victoria.

El aspecto táctico

Sin su mejor jugador sobre el campo (Saúl Berjón estaba sancionado), Juan Antonio Anquela apostó por Diego Fabbrini para dar el toque diferencial al ataque azul que suele aportar el ovetense. El otro gran cambio en el once fue la vuelta de Toché. El 9 entró por fin en el once y fue imposible que la parroquia oviedista no mostrara una sonrisa al verlo saltar con el brazalete.

Desde el principio el Oviedo se mostró muy intenso. Durante los primeros diez minutos se instalaron en el campo de un Barça B que, al no tener el plan muy definido, no sabía como salir con clarividencia. Liderados por la pareja Folch-Rocha, los azules no permitían que los interiores azulgranas tocaran el balón y facilitaban a Fabbrini y Ñíguz tocar el balón en la zona de tres cuartos, es decir, la zona más peligrosa para los intereses visitantes.

El Barça B solo respiraba cuando Rivera o Aleñá se hacían con el esférico, y eso sucedió en pocas ocasiones. Con el paso de los minutos, el ritmo del encuentro fue bajando. Las circulaciones se hacían pesadas, había muchas conducciones pero poco movimiento entre líneas y, aunque el Oviedo rondaba el área de Ortolá, nunca llegaba a encontrar situaciones de peligro. Folch siguió sosteniendo al equipo y los visitantes optaron por el pase largo para buscarle las cosquillas a Alfonso. En uno de esos pases, Cardona pilló despistado a Forlín y, con un fortísimo disparo, a punto estuvo de poner el 0-1, pero el portero toledano no lo permitió.

Diego Fabbrini era el único que le imprimía un poco de veneno al ataque carbayón. Con controles orientados de jugador distinto, el italiano encaró varias veces a la defensa azulgrana por un carril central que, por lo visto ayer, le viene mejor que la banda. Toché marcó el 1-0 al cazar un rebote pero, como todos saben (o no saben, mejor dicho) no subió al marcador. Tras el paso por los vestuarios el partido seguía siendo el mismo. El Oviedo volvió a salir fuerte y por momentos encerró al Barça B en su área, pero las ocasiones no llegaban.

Fabbrini se fue apagando, a Aarón le faltaba paciencia en los metros finales y Folch seguía siendo el mejor de los de azul. Anquela, ya desde el palco, movió el árbol y dio entrada a Linares. Ya sin Fabbrini en el campo, el Real Oviedo adoleció de ese enlace entre el doble pivote y el área rival. Linares y Toché, que no estuvieron finos ejerciendo de enganches para llevar el balón de un lado hacia el otro, estaban aislados con los centrales culés, mientras que en la media punta nadie creaba peligro.

El partido fue muriendo con ataques esporádicos de los azulgranas e intentonas con más corazón que cabeza de los carbayones. Mossa tiró del carro y desde el flanco izquierdo empujó y empujó, pero no había forma de encontrar la portería de Ortolá. El ritmo seguía siendo bajo y ningún equipo parecía poder salir del bucle. El reparto de puntos dejó señalados, y seguramente sea merecido, a los colegiados, pero el Oviedo sigue sin ser ese equipo dinámico tanto en la presión como en las transiciones ofensivas que sí era antes. Sigue habiendo trabajo por hacer. 

Los cambios

Linares y Yeboah fueron los revulsivos del Oviedo para intentar que los tres puntos se quedaran en casa. El primero entró con la clara misión de sumar un hombre más al remate y buscar junto a Toché el gol deseado, pero difícil que su misión se llegue a intentar siquiera cuando el balón no circulaba entre los centrocampistas y los delanteros.

Por su parte, Yeboah fue a parar a la banda derecha y desde ahí no puso en aprietos a la defensa azulgrana. Con demasiadas conducciones en cada jugada, el ghanés sigue sin volver a ser aquel jugador que se vio ante Lorca, Numancia u Osasuna. Y urge recuperarlo. La mejor noticia del encuentro fue el regreso de Viti. Las lesiones no han dejado al oviedismo ver de lo que es capaz este jugador pero Anquela, que siempre ha sido muy del de Laviana, está convencido de que puede entrar en la dinámica. Las pruebas están ahí: primera convocatoria tras tres meses y primeros minutos. 

Valora este artículo

6 votos
Comentarios

La Pizarra: En busca del ritmo perdido