La Pizarra: Un escenario nuevo

Analizamos el partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela Lorca Real Oviedo Horizontal.Anquela da ordenes durante el encuentro
Anquela da ordenes durante el encuentro

Oviedo

Nota: 6, bien. 

Rival directo, dos mil oviedistas en la grada y partido previo a dos encuentros consecutivos en el Carlos Tartiere. La ocasión para reengancharse a la lucha por todo era tan buena que daba hasta miedo afrontar el encuentro del Anxo Carro. En un encuentro muy igualado, los detalles, por primera vez en muchas semanas, cayeron del lado carbayón. La Segunda empieza de nuevo.

Competir los 90 minutos y saber aprovechar las pocas oportunidades que aparezcan. Tras un primer tiempo en el que el Oviedo mostró un juego que se sabía que tenía pero que hacía un tiempo que no lograba mostrar, en la segunda parte el balón comenzó a quemar y todo se volvió más difuso. Si bien la expulsión de Kravets no benefició tanto como se esperaba a los azules, la ocasión llegó y Diegui no falló. Tres puntos que, con 20 días de retraso, inauguran la primavera carbayona.

El aspecto táctico

Los minutos de asedio al Alcorcón que lideraron Fabbrini, Aarón y Saúl hace una semana convencieron a Juan Antonio Anquela. El técnico azul se decidió a cambiar el esquema y puso en liza sobre el césped del Anxo Carro un 4-2-3-1 llamado a facilitarle todo a Toché. 

Las premisas estaban claras: laterales poco profundos en campo rival para evitar situaciones de inferioridad en las transiciones del Lugo (por aquí se explica la suplencia de Mossa), doble pivote que saltara a la presión y tres hombres en tres cuartos llamados a generar el caos en la defensa lucense.

La presión alta fue el denominador común de los primeros minutos y tanto Lugo como Oviedo no tuvieron problema en apretar a su rival arriba del todo. Esto llevó a un reto técnico a ambos conjuntos: superar la presión era difícil, pero cuando se conseguía los huecos aparecían y el ataque era claro. Chuli e Iriome por un lado y Fabbrini y Saúl Berjón por el otro lo aprovecharon, pero ninguno de los cuatro estuvieron acertados en los metros finales.

La primera parte pasaba y las ocasiones claras brillaban por su ausencia. El balón estaba más en campo del Lugo, pero cuando los rojiblancos lograban combinar cerca del área azul la rapidez en la circulación de Pita, Campillo, Iriome y compañía ponía en aprietos a los carbayones. El descanso fue la calma que precedería a una tempestad llamada a decidir el partido.

Tras el paso por los vestuarios el Lugo inclinó el campo hacia la derecha y los ataques de Iriome a Christian Fernández se convirtieron en el arma más peligrosa de los locales. Alfonso Herrero, como ya nos tiene acostumbrados, apareció para evitar el 1-0 y poner en alerta a los azules, que comenzaron a hacer daño a lomos de Saúl Berjón.

El '21' recibía cómodo en izquierda y castigaba una y otra vez a un Leuko poco acostumbrado a sufrir ante los extremos rivales. El mejor momento del ovetense echó de menos la ayuda de Fabbrini y Aarón y solo Toché parecía decidido a aprovechar sus centros desde la izquierda. 

La expulsión de Kravets pareció ser ese detalle llamado a decidir un partido, pero los mejores momentos del Lugo llegaron precisamente tras esa roja. Folch no encontraba la ayuda de un Mariga desubicado, Fabbrini no recibía entre líneas y Azeez y Seoane empujaban a los locales contra la portería de Alfonso, aunque esto no se traducía en ocasiones. Los azules no acababan de finalizar las jugadas y permitían correr al Lugo, algo que sacaba de quicio a Anquela.

El jienense movió el banquillo y dio entrada a Diegui Johannesson para atacar el flanco cubierto por Josete, central que tuvo que pasar al lateral tras la roja a Kravets. Pero el canterano carbayón apareció en el lugar menos esperado: Christian estuvo listo para sacar rápido de banda, Aarón la puso al corazón del área y Toché, justo antes de ser brutalmente atropellado por Juan Carlos, dejaba el balón muerto a un Diegui que solo tenía que empujarla.

Ocho minutos por delante para defender el preciado botín. El Lugo lo intentó a base de centros laterales desde muy lejos, tan lejos que casi no inquietaron a un muy seguro Alfonso. Si bien los últimos minutos no estuvieron nada controlados por los azules, el marcador no se movió. Casi cuatro meses después, el Oviedo sumó tres puntos a domicilio. Con ocho partidos por delante, los azules han encontrado otra manera de hacer daño a los rivales. Y llega justo a tiempo. 

Los cambios

«Cuando expulsan a Kravets pensé: ¿ahora qué? Íbamos a meter los cambios para intentar ganar y llegó el 0-1», dijo Anquela en rueda de prensa cuando le preguntaron por el último tercio del encuentro. El técnico esperó al 75 para hacer el primer cambio y, cuando Diegui marcó el gol, no dudó un segundo en fortalecer la defensa y el centro del campo para impedir que el Lugo llegase si quiera al área de Alfonso.

Un gol hubiera dejado sin casi argumentos ofensivos a los azules, pero había que arriesgarse. Mossa y Rocha salieron para achicar huecos y mandar lejos cualquier balón que les cayese a los pies, y eso hicieron. Objetivo cumplido. 

Valora este artículo

6 votos
Comentarios

La Pizarra: Un escenario nuevo