La Pizarra: Espacio para el optimismo

Analizamos en cinco claves la derrota del Real Oviedo en Tarragona

Juan Antonio Anquela en el Nàstic-Real Oviedo
Juan Antonio Anquela en el Nàstic-Real Oviedo

Oviedo

Las derrotas en el último minuto y el análisis reposado no son buenos compañeros. Cuando caes en la última jugada del partido, todo se tiñe de negro y la mera posibilidad de sacar algo positivo del encuentro es enterrada en el momento en el que recuerdas el gol del rival. Pero hay cosas a rescatar en el encuentro que el Real Oviedo jugó ayer en el Nou Estadi.

Por primera vez desde aquel ilusionante partido inaugural ante el Extremadura, al conjunto de Anquela se le volvió atisbar un plan en el que el balón era protagonista. Y lo hizo con tres centrales y carrileros, señal inequívoca de que los esquemas son esclavos de la idea, y no al revés. Luego, la fragilidad defensiva en general y el balón parado en particular volvieron a sacar los colores al conjunto azul, algo que se está convirtiendo en norma.

Una puesta en escena prometedora

Nos han dicho tantas veces que el esquema de tres centrales y carrileros sirve únicamente para ser muy intensos en la presión, sólidos atrás y atacar por los costados que nos lo habíamos creído. El Oviedo se creyó que podía dominar al Nàstic a través del balón y durante los primeros 20 minutos jugó en campo rival, no sufrió cerca de su área y pudo marcar en dos ocasiones.

Los tres centrales asumieron su responsabilidad en los inicios de juego y, junto a un Alfonso muy tranquilo, creaban superioridad numérica ante la presión de Manu Barreiro y Luis Suárez. Javi Hernández volvió a ser el mejor en dicha faceta y el Oviedo salía fácil por el flanco izquierdo, con el jerezano asumiendo protagonismo y ganando metros bien a través de conducciones o de pases a la espalda de la presión. 

El cambio de ritmo que mató al Oviedo

A día de hoy, los de Juan Antonio Anquela no están preparados para un partido de ida y vuelta. La fragilidad defensiva mostrada en las últimas semanas es un caramelo para los rivales cuando los espacios hacen acto de presencia. De un ritmo lento en el que el Oviedo estaba cómodo y era protagonista, se pasó a un intercambio de golpes con el que el Nàstic fue feliz.

De gritar el 'uy' dos veces en menos de diez minutos gracias a las ocasiones de Joselu y Tejera se pasó a un sufrimiento continuo cada vez que se perdía el balón. Los centrales dejaron de ser la opción de seguridad a la que agarrarse cuando no se podía avanzar y Tejera y Folch comenzaron a correr más de la cuenta. Cuando más se aceleró el ritmo del partido, más cómodo se encontró el Nàstic.

Un equipo frágil

El 1-0 es la prueba de que este equipo, a diferencia del año pasado, no está cómodo defendiendo. Sufre con cada envite del rival, por pequeño que sea. Las acciones defensivas de Tejera y Mossa brillaron por su ausencia, algo que facilitó el centro de Javi Márquez primero y el recorte y posterior disparo de Luis Suárez después. 

El delantero colombiano, junto al espigado Manu Barreiro, se convirtieron en la peor pesadilla de la defensa azul. Mientras que el gallego ejercía de punto de apoyo constante para su equipo, Suárez castigaba al espacio. Forlín sufría a la hora de anticipar y casi siempre salía derrotado en el cuerpo a cuerpo. Tras el descanso más de lo mismo. Casi siempre en inferioridad numérica, los arietes locales se las apañaban para crear peligro con muy poco. 

Ibra y la revolución sin alas

Anquela no tardó demasiado en reorganizar a su equipo. El jienense se cargó de un plumazo a sus dos carrileros, flojos atrás e intermitentes en ataque, y Javi Muñoz e Ibra saltaron al césped. En lo que parecía un 3-5-2 con Saúl de carrilero izquierdo y Bárcenas en el derecho, el Oviedo fue metiendo al Nàstic en su área. La simple acumulación de gente hizo daño al equipo grana y comenzaron a explicar porqué llegaban a la cita como colistas.

Ibra volvió a erigirse líder de la revolución y, como sucedió ante Osasuna, le dio otro aire al ataque carbayón. El Oviedo se apoyaba en el senegalés para instalarse en el borde del área rival y las situaciones de peligro fueron llegando. El senegalés empataba en el 64' y en el 66' Folch pudo hacer el 1-2. Joselu sonreía al lado del africano y Saúl comenzó a activar el flanco izquierdo. El partido parecía teñirse de azul.

A vueltas con el balón parado

El encuentro volvió a enloquecer y, como en la primera parte, las costuras del Oviedo en defensa fueron evidentes. El Nàstic convertía los pequeños espacios generados en autopistas por las que hacer daño a un conjunto de Anquela que sufría demasiado en la transición defensiva.

Tras la inexplicable roja a Folch y un más que evidente penalti a Joselu, el Nàstic castigó en el último suspiro. En una falta frontal que por pocos metros no se lanzó desde campo propio, Albentosa se aprovechaba del enésimo fallo a balón parado del Oviedo y ponía el 2-1 con el tiempo cumplido. Los azules, en un encuentro en el que se pudieron reencontrar con el equipo que querían ser en verano, volvieron a caer gracias al séptimo gol encajado de la misma forma. 

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