La Pizarra: Espacio para el optimismo

Pablo Fernández OVIEDO

AZUL CARBAYÓN

Juan Antonio Anquela en el Nàstic-Real Oviedo
Juan Antonio Anquela en el Nàstic-Real Oviedo LFP

Analizamos en cinco claves la derrota del Real Oviedo en Tarragona

29 oct 2018 . Actualizado a las 20:30 h.

Las derrotas en el último minuto y el análisis reposado no son buenos compañeros. Cuando caes en la última jugada del partido, todo se tiñe de negro y la mera posibilidad de sacar algo positivo del encuentro es enterrada en el momento en el que recuerdas el gol del rival. Pero hay cosas a rescatar en el encuentro que el Real Oviedo jugó ayer en el Nou Estadi.

Por primera vez desde aquel ilusionante partido inaugural ante el Extremadura, al conjunto de Anquela se le volvió atisbar un plan en el que el balón era protagonista. Y lo hizo con tres centrales y carrileros, señal inequívoca de que los esquemas son esclavos de la idea, y no al revés. Luego, la fragilidad defensiva en general y el balón parado en particular volvieron a sacar los colores al conjunto azul, algo que se está convirtiendo en norma.

Una puesta en escena prometedora

Nos han dicho tantas veces que el esquema de tres centrales y carrileros sirve únicamente para ser muy intensos en la presión, sólidos atrás y atacar por los costados que nos lo habíamos creído. El Oviedo se creyó que podía dominar al Nàstic a través del balón y durante los primeros 20 minutos jugó en campo rival, no sufrió cerca de su área y pudo marcar en dos ocasiones.