Oportunidad de futuro para el Real Oviedo

La marcha de Joaquín del Olmo abre una puerta que el club azul debe aprovechar

Jorge Menéndez Vallina y Joaquín del Olmo
Jorge Menéndez Vallina y Joaquín del Olmo

Oviedo

Joaquín del Olmo ha cerrado su etapa al frente del Real Oviedo de una manera repentina. Pese a que se pudiera intuir que su estancia en la capital del Principado tenía fecha de caducidad, su aparición hace pocas semanas para pedir unidad y mostrar fortaleza pese a las críticas no hacía esperar este abrupto final. Se marcha por «motivos personales» en medio de una crisis deportiva que amenaza al equipo con el descenso a Segunda B.

Sus casi seis años en el club carbayón han tenido luces y sombras, filias y fobias. Lejos de enzarzarse en ataques y defensas que no conducen a ningún lugar, el Real Oviedo, Arturo Elías mejor dicho, tiene ante sí una oportunidad única de dar un paso adelante en la profesionalización de la entidad.

Hasta hoy, Del Olmo era la figura que aglutinaba todas las decisiones. Las más relevantes debían pasar el filtro mexicano, con la ralentización que eso conlleva en ciertos aspectos. La marcha del asesor del Grupo Carso permite que se abra una nueva puerta en la que profesionales de cada área sean los que manejen y decidan lo mejor para el club, tratando de cumplir con unos objetivos marcados por la propiedad, pero con libertad de actuación en el modo de conseguirlos.

Que el futuro económico del club esté dirigido por un experto no se debería discutir. Que la política de comunicación del club la marquen profesionales, tampoco. ¿Qué decir de la dirección deportiva? El Real Oviedo tiene la opción de profesionalizar varias áreas, dotarlas de una estructura que hasta ahora no tiene y que se hace necesario en el fútbol actual. En este sentido, los azules juegan con mucha desventaja con respecto a sus rivales.

Michu necesita libertad de actuación para marcar la dirección hacia la que debe caminar el primer equipo. Es preciso que tome las riendas y el liderazgo de esta parcela y sea él, y solo él, el que tome las decisiones relevantes que conciernen a la primera plantilla. Sin nadie que imponga o aconseje entrenadores o sustitutos. La única manera de probar su valía para el puesto es dejarle acertar y fallar.

La marcha de Joaquín del Olmo no ha de verse con alegría o tristeza, sino como una oportunidad para el Real Oviedo. Una opción para tratar de ser autosuficientes, no solo en lo económico, sino también en las decisiones del día a día. México, como propiedad, debe seguir liderando este proyecto, pero ha de hacerlo desde la lejanía. Un control menos exhaustivo y más periódico. Marcar las líneas maestras y permitir a los profesionales que forman el club ejecutar esos planes con libertad de actuación y, a 30 de junio, rendir las cuentas oportunas.

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