A un palmo de salir del túnel

El Numancia negó en el descuento la segunda victoria consecutiva de un Real Oviedo que volvió a conectar con el Tartiere

Afición del Oviedo en el Carlos Tartiere
Afición del Oviedo en el Carlos Tartiere

Oviedo

A sabiendas de que el término ‘partido fácil’ en Segunda División es lo más parecido a una criatura mitológica que te puedes encontrar en el mundo del fútbol, el día de ayer pintaba bien. Esa es la verdad. En frente estaba el Numancia, un equipo que a pesar de no deslumbrar con su plantilla llegaba a la capital del Principado tras siete jornadas sin perder. Pero el Real Oviedo estaba de estreno. Los azules, tras ganar en Tenerife, querían repetir victoria en la segunda jornada de su «nueva liga».

La lesión de Héctor Fernández y un césped que no está siendo lo prometido hicieron de los primeros 15 minutos un cúmulo de imprecisiones y parones. La solución era Saúl Berjón. El capitán sigue recuperando sensaciones y rápidamente se vio que tenía uno de esos días. La razón por la que el '10' tiene que estar siempre sobre el césped es porque en cualquier momento te puede firmar una actuación como la de ayer. 

Así las cosas, el Real Oviedo se adelantó en el marcador, el Numancia no llegaba y el Carlos Tartiere, por fin, sentía que su equipo tenía un partido controlado, algo que no vivía desde hacía varios meses. Tras el descanso, y a pesar de ciertas lagunas en el juego, el municipal ovetense subió una marcha en la animación gracias al trabajo del equipo. 

«El Tartiere, en cuanto le das dos o tres cosas, es un público que te devuelve mucho. Quiero que en casa el equipo conecte con la gente, que en el minuto 15 el rival diga 'dónde estoy metido'», dijo Rozada en su primera rueda de prensa. Y esto, por momentos, ayer se cumplió. Rondando el minuto 65, el Oviedo llegaba y llegaba y la grada entró en un nivel de efervescencia que solo Dani Barrio pudo calmar. 

Cuando el Numancia comenzó a bombardear al Oviedo a base de saques de banda, el Tartiere cambió de rol y pasó de buscar el gol a hacer todo lo posible por evitarlo. Los despejes eran celebrados y cualquier tipo de esfuerzo en las ayudas ovacionado. Pasado el 85', Champagne le negó el empate a los sorianos y los aficionados oviedistas cantaron la parada como si fuese el 2-0 y volvieron a elevar el ruido. 

Un ruido que se apagó en el descuento. Cuando la primera victoria como locales ya estaba a punto de subir en el casillero, Carlos Gutiérrez negó la tranquilidad al oviedismo. Si el Real Oviedo sigue esta línea lo lógico es que vaya medrando en la tabla, pero cada jornada en la que dicho objetivo se ralentiza es una puñalada para los azules, jugadores y aficionados. Ayer se estuvo a un palmo de salir del túnel. 

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