La primera sonrisa

El Real Oviedo, más de cuatro meses después, consigue sacar los tres puntos en el Tartiere y confirma su resurgir

Nieto, Borja y ortuño celebran el 3-1 del Oviedo al Girona
Nieto, Borja y ortuño celebran el 3-1 del Oviedo al Girona

Oviedo

138 días después, el oviedismo volvió a salir del Carlos Tartiere con una sonrisa en la cara. Ante Zaragoza o Numancia, esa última cuando los de Rozada venían de ganar al Tenerife, el equipo había mostrado otra cara, pero el no ganar era una losa muy grande para una afición que no veía vencer a los suyos desde comienzos de junio. Ante el Girona, se esbozó la primera sonrisa del curso en el municipal ovetense. 

Un año o una temporada, que al fin y al cabo son lo mismo, no empieza de verdad hasta que el cielo se nubla y el frío aparece. Ayer, por fin, era uno de esos días en el Carlos Tartiere. En ese escenario, Stuani cumplió con lo prometido y desde el calentamiento asustaba con solo mirarle. El Real Oviedo no llegó a tanto, pero se conformó con asustar cuando el balón se puso en juego.

Los equipos de fútbol, o eso se suele decir, se hacen campeones desde su defensa, pero empiezan a ilusionar gracias al ataque. Y eso el conjunto carbayón lo tiene. Si al nivel individual de los Ortuño, Saúl, Sangalli o Borja, les das una idea y unas premisas básicas de qué hacer sobre el césped para hacer daño al rival, el resultado es lo visto ante el Girona. 

En los últimos cuatro años, el Carlos Tartiere se crece ante rivales de envergadura. Es venir un equipo que ha pisado la Primera División hace escasos meses y el municipal ovetense disfruta. No hace falta golear, como por momentos sucedió ayer, el hecho de ver a los suyos competir de tú a tú es suficiente tras muchos años viendo esos partidos por televisión. Y ayer volvió a pasar.

El oviedismo gritó el primero de Ortuño y la expulsión de Granell, pero estalló con el 2-0. Solo Stuani, cómo no, acalló el ruido con un tanto que se le presupone. Tras el descanso más de lo mismo. El vértigo impulsó al Oviedo y los cinco encuentros sin ganar en casa, y no el juego del Girona, encerraron a los azules en el área de Champagne. Borja Sánchez primero, que sigue poniéndole los dientes largos al Tartiere, y Bárcenas después evitaron el infarto. 

Entre los silbidos a Diamanka y los botes del Fondo Norte, se fue diluyendo un partido que acabó con la haka liderada por Borja. Ganar al Girona es un plus que cualquier equipo de Segunda va a saborear este curso de forma especial, pero lo importante era sumar tres puntos. Da igual contra quién. Tras dos meses con respiración asistida, el Oviedo está estable y fuera de peligro. Solo queda cuidarse. 

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