La Pizarra: Cómodos en el alambre

Analizamos en cinco claves el empate del Real Oviedo ante el Almería

Javi Rozada durante el Real Oviedo-Almería
Javi Rozada durante el Real Oviedo-Almería

Oviedo

El no ganar, aunque la zona de descenso siga a menos de un metro del Real Oviedo, no debe nublar la vista. Los de Javi Rozada jugaron un buen encuentro ante el Almería. Se quedaron un poco cortos a la hora de sumar los tres puntos, pero hicieron lo necesario para no perder. Y eso ya es bastante. Los azules necesitaban disputar un encuentro de este tipo. Esos duelos en los que cada error, por mínimo que sea, te hace caer sin que apenas te des cuenta. Hace no tanto era impensable salir indemne de citas como las del viernes.

La alargada sombra de Saúl... y Sangalli

Por primera vez en lo que va de temporada, el Real Oviedo empezaba un partido sin Saúl Berjón ni Marco Sangalli en el once inicial. No debe ser excusa de nada, pero su relevancia en el juego carbayón es innegable y, por supuesto, la ausencia de ambos se notó y mucho. A Omar Ramos le tocó sustituir al donostiarra, algo que hoy en día es un marrón para cualquiera. Sin la movilidad y el constante dinamismo del '8', el tinerfeño demostró que puede ser útil en el juego posicional, uno de los debes de los azules, pero le cuesta un mundo aportar en transición y generar ventajas en carrera. 

Los de Javi Rozada ya van teniendo unos automatismos y que el juego, poco a poco, se escore hacia la izquierda es uno de ellos. En dicho flanco, ante el Almería, Yoel Bárcenas dio muy poco a los suyos. El panameño, que luce buenos registros pero al que le cuesta un mundo aportar al juego, no fue capaz de darle continuidad a la circulación, asentar al Oviedo en campo contrario o ser un socio de garantías para Borja Sánchez. 

Un reparto de roles nada claro

El Almería, cómodo en la transición y sin tantos recursos desde campo propio, se encontró un escenario extraño en los primeros minutos del encuentro, pero logró imponerse por momentos. De hecho, ese primer tramo fue el más fiable de los de Pedro Emanuel. Mientras. El Oviedo buscaba su sitio y dudaba en ir a buscar a su rival o esperarlo, algo parecido a lo que pasaba cuando Champagne tenía el balón.

Ortuño esperaba mientras Christian, gran encuentro en el lateral, y Nieto se sumaban poco a poco a campo rival. Pero las ocasiones no llegaban. Lo único claro era la distancia entre líneas. Desde el primer minuto, el Oviedo fue compacto y privó de transiciones a los Lazo, Coric y compañía. El siguiente paso lo tenían que dar los centrales.

Javi Fernández, Carlos Hernández y el único que rompió la rutina

Darwin Núñez pasó a ser un recurso vital para el Almería y la pelota se situó en el tejado de Carlos Hernández y Javi Fernández. Pongámonos en contexto. Carlos, uno de los grandes beneficiados desde la llegada de Rozada, venía de un segundo tiempo difícil ante el Málaga. Por su parte, Javi volvía a disputar minutos de competición tras mes y medio de grada y banquillo. El reto era una realidad.

Salvo unas pequeñas dudas en los primeros compases del encuentro, la pareja de centrales superó con nota el examen. En apoyos cortos y al espacio, acompañando las líneas o midiéndose en duelo individual con Darwin, Carlos y, sobre todo, Javi fueron fiables, una palabra que a la defensa del Real Oviedo le cuesta pronunciar. En campo rival los focos apuntaban a Borja Sánchez. A los azules les costaba, pero encontraban en el '19' la calma y el vértigo necesario en cada momento. El ovetense se empeña en demostrar que le hace falta muy poco para desequilibrar, algo que en esta categoría es oro. 

El trabajo visto en El Requexón

«No quiero pases entre centrales o hacia atrás». Esta fue la premisa de moda durante la semana en El Requexón. Javi Rozada, harto de pérdidas en zonas de creación y de metros perdidos en favor de la presión rival, obligó a los suyos a minimizar riesgos y evitar sustos cerca del área de Champagne. Aunque esto supusiese más problemas a la hora de asentarse en campo rival. Un par de sustos en los primeros minutos hicieron arder la zona técnica carbayona, pero el Oviedo cumplió con el reto.

Se pueden contar con los dedos de una mano, y seguramente sobrarían varios, las veces que el Almería se aprovechó de una pérdida en campo rival para hacer lo que más le gusta: atacar en transición. Solo pasó un par de veces y Corpas fue la punta de lanza, pero o no encontró rematador o Champagne le negó el gol. Así las cosas, el partido pasaba y el Oviedo no sufría ante el segundo clasificado de la categoría. 

Los cambios que pudieron ser, y no fueron

Con el juego más cerca del área de René que de Champagne, al Real Oviedo le costaba decidir en los metros finales. En partidos como los del viernes, cualquier mínima ventaja que se dibujase cerca del área rival cuenta como ocasión de gol. Los azules disfrutaron de varias de ese tipo, pero no supieron qué hacer en el penúltimo y en el último pase. El Almería, que lo intentó con Juan Muñoz y una doble punta amenazante, no hizo cosquillas al entramado azul. 

Rozada miró al banquillo y Saúl Berjón y Riki Rodríguez parecían ser una buena solución. Con una línea de tres más ovetense que nunca, el Oviedo apostaba más que el Almería en la mesa de juego, pero el plan no salió. Cuando era necesaria la paciencia primero y el vértigo después, pero siempre con balón, los azules decidieron apostar por la precipitación y el balón en largo. Ahí estuvo el error. 

Fue un partido para probarse en contextos hasta ahora imposibles para el Real Oviedo. Aunque el viernes no se mostrase con claridad, los azules ya tienen interiorizado el atacar en campo rival, aprovechándose de pequeñas superioridades en los flancos y de las transiciones tras robo. Faltaba salir vivo de esos encuentros rocosos que la Segunda siempre pone en tu camino. Esa fue la buena noticia del duelo ante el Almería. 

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