La Pizarra: Triunfo de barro

Analizamos en cinco claves la victoria del Real Oviedo ante el Rayo Vallecano

Javi Rozada durante el Oviedo-Sporting
Javi Rozada durante el Oviedo-Sporting

Oviedo

A la enésima fue la vencida. El Real Oviedo puso fin a una mala racha de resultados que amenazaba con dejarle herido de muerte antes de Navidad y lo hizo ganando un partido típico de Segunda División. Y de esos no ha ganado casi ninguno en la presente temporada. En un encuentro poco fluido, con pocos riesgos y, a pesar de ello, muchas imprecisiones, el conjunto carbayón se llevó tres puntos vitales. Además de para recobrar ese gen competitivo que quedó tan tocado en Las Palmas, el partido ante el Rayo sirvió para poner en valor el papel de Juanjo Nieto en el actual Real Oviedo. 

El mejor inicio del curso

No es normal que, cumplido el minuto tres de partido, un equipo genere dos ocasiones claras de gol. Juanjo Nieto la metió y Marco Sangalli no, pero el Real Oviedo hizo en pocos segundos todo lo necesario para ganar el partido. El tanto del lateral resume a la perfección lo que quiere ser el cuadro de Rozada: disputa ganada por Arribas, segunda jugada para uno de azul y profundidad de Nieto como arma principal en ataque. La maniobra para zafarse de un defensa y batir a Dimitrievski ya es cosa del castellonense.

Este es el plan de los carbayones sin Saúl Berjón. Un plan que, si está bien ejecutado, puede dar réditos. El Oviedo esperaba en tres cuartos al Rayo, permitía a los centrales visitantes circular e impedía el pase interior a Trejo. Cuando robaban, los jugadores oviedistas no arriesgaban un ápice en campo propio, se apoyaban en Ortuño y comenzaban el ataque. Poca combinación por dentro y mucha conducción, demasiada para el maltrecho césped del Tartiere, pero los azules hacían daño.

Una desgracia que dio aire al Rayo

Qué poco dura la alegría en casa del pobre. O eso dicen. Después de hacer diez minutos muy convincentes, Arribas le regalaba el empate a un Embarba que no suele fallar dentro del área. La jugada, por cierto, venía precedida de una pérdida de Yoel Bárcenas, impreciso en todas sus acciones durante los 90 minutos. 

El gol cayó como una bomba en el Carlos Tartiere, los nervios aparecieron y el Rayo, por primera vez en el partido, respiraba. A los de Jémez no les hizo falta practicar un fútbol de ensueño. Solo una pizca de tranquilidad en sus centrales y la, por momentos, desordenada presión del Oviedo, servía para que Trejo apareciese y generase espacios a sus compañeros. 

El balón, enemigo de ambos equipos

Pasado el efecto del empate, el partido se convirtió en un festival de imprecisiones. El Oviedo y su problema endémico en los inicios de juego, con Champagne mostrándose impreciso con balón, la mayoría de los jugadores implicados en la salida incapaces de generar ventajas y el balón largo a Ortuño como único argumento. El murciano, sujetado por Saveljich y Catena, ganaba algún duelo que otro, pero no encontraba socios para instalar la posesión en campo rival.

Por su parte, el Rayo arriesgaba con su dibujo. Proyectaba a Luna y a Tito, Mario Suárez hacía las veces de tercer central en salida de balón y, cuando Trejo y compañía tenían el balón, la pareja de centrales era el único sustento defensivo. Ante ese panorama, un caramelo para cualquier ataque rival, la presión azul no fue muy efectiva y no existieron opciones de correr a campo abierto. Eso sí, al Rayo tampoco le daba para generar ocasiones claras cerca del área de Champagne.

Borja Sánchez y la reseñable actuación del doble pivote azul

Pasados unos minutos en los que el Rayo amagó con dominar el encuentro, el Real Oviedo impuso su ley en el segundo tiempo. Sin muchos alardes, debido también a la incesante lluvia y al empeoramiento del césped, pero lo hizo. Arribas y Carlos Hernández se mostraban poderosos en situaciones defensivas que otros días son dramáticas para el cuadro azul y Borja Sánchez se fue haciendo grande.

El ovetense, que le faltó claridad en los últimos metros y tampoco es que hiciese un partido soberbio, tiene hambre y potencial para reflejarlo sobre el césped. No se esconde, la pide, recibe en inferioridad y genera cosas. A veces una situación clara y otras un simple saque de banda. Pero las genera. Por su parte, Jimmy y Tejera entendieron a la perfección el partido y, a pesar de que siguen sin ser todo lo precisos que solían con balón, sujetaron la medular, ganaban la segunda jugada y elegían bien dónde descargar. 

El segundo advenimiento de Nieto

Con el Oviedo más o menos instalado en campo rival, dibujado en un 4-4-2 del que no se aprovechó Obeng, gran esperanza azul, Juanjo Nieto volvió a aparecer. No existía la jugada del penalti. Vale que la jugada tenía sentido: balón largo de Carlos Hernández y disputa de Sangalli. Pero esa ocasión no existía. Se la inventa un futbolista que derrocha potencia y carácter.

Ortuño no falló y el Oviedo, a diferencia de aquel día ante el Real Zaragoza, no sufrió para defender su botín. Los azules se hicieron fuertes y consiguieron una de las cosas más infravaloradas del fútbol: que no pasase nada. Una victoria en el barro que, además de para respirar en la clasificación, debe servir para marcar un camino. El juego tiene que mejorar, pero lo visto el domingo siempre tiene que estar presente. 

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