El entrenamiento tras el confinamiento, un reto para Ziganda

Analizamos con la ayuda de varios profesionales las dificultades que tendrá el técnico del Real Oviedo para compaginar la puesta a punto del equipo con el cumplimiento de las normas sanitarias

José Ángel Ziganda y Bingen Arostegui, durante un entrenamiento
José Ángel Ziganda y Bingen Arostegui, durante un entrenamiento

Oviedo

El fútbol profesional español estaba decidido a regresar y finalizar la temporada y, de momento, lo está consiguiendo. Con las primeras pruebas médicas realizadas a los jugadores de los 42 equipos que conforman la Primera y la Segunda División, se acerca el momento de pisar el césped. Las normas sanitarias que se deberán cumplir en el inicio de los entrenamientos están claras, pero ahora toca ponerlas en práctica. Y no parece algo sencillo de compaginar con la puesta a punto de un equipo de fútbol.

Mucho tiempo sin calzarse las botas

El primer problema al que tendrá que hacer frente el cuerpo técnico de José Ángel Ziganda es evidente y no tiene que ver con el protocolo impuesto por el CSD y LaLiga: los dos meses de inactividad de sus futbolistas. Cuando finaliza una temporada, lo habitual es que los equipos comiencen a preparar el siguiente curso más o menos un mes después. Cuatro semanas de descanso y vuelta a la normalidad. Cuatro semanas en las que, por cierto, cada jugador tiene libertad de movimientos para realizar cualquier trabajo específico y así mantener la forma.

Ahora, los futbolistas del Real Oviedo regresan tras casi dos meses encerrados en sus casas, en la mayoría de los casos sin espacio para realizar ejercicios propios del fútbol y con la obligación de volver a la competición de la mejor forma posible. No van a empezar una temporada como tal, van a empezar una mini Liga de 11 encuentros a cara de perro en el que los equipos se juegan sus objetivos desde el primer día. 

«Los jugadores, salvo casos de lesiones graves, nunca estuvieron tanto tiempo parados. Habrá que atender mucho más al trabajo individual que cada futbolista ha hecho en su domicilio. En casa no se puede hacer lo mismo que en un campo, pero sí se puede hacer un entrenamiento básico para no perder tanto la forma», comenta David Chorro, preparador físico con experiencia, entre otros equipos, en el Real Madrid, Atlético, Valladolid o Sporting. «Si los futbolistas han cumplido con la tarea que les impusieron al comienzo de todo esto, no tendrán mucho problema en volver a entrenar», afirma.

La bicicleta estática, las cintas de correr y los materiales de fuerza han estado presentes durante el confinamiento de la gran mayoría de los futbolistas, pero ahora toca cambiar el chip. «El cuerpo, lo bueno y lo malo que tiene, es que se adapta a todo. Si estás todos los días compitiendo se adapta a la competición, pero si estás entrenando en casa también se acostumbra. Las cargas, los contactos y los movimientos propios del fútbol desaparecen y en la vuelta hay que tener cuidado con eso. Llevan dos meses sin moverse por un campo de fútbol», asegura Chorro. 

La importancia de haber hecho los deberes 

Durante este tiempo, José Ángel Ziganda y su cuerpo técnico no solo han utilizado las videoconferencias para hacer bicicleta juntos o para realizar charlas colectivas, también hubo tiempo para la táctica. «El trabajo individualizado es fundamental en cualquier circunstancia, pero en este momento todavía más, claro. Te permite mantener y construir una relación muy próxima con los jugadores, además de permitirle soporte y ofrecerle ayuda desde un prisma mucho más personal», apunta Rubén de la Barrera, extécnico de la Cultural Leonesa, Real Sociedad y, más recientemente, del Al-Ahli.

Antonio Rodríguez Saravia, Rodri, exentrenador de Nàstic y Extremadura, recalca lo fundamental de haber aprovechado este tiempo en casa: «Ziganda tuvo tiempo en estos casi dos meses para ir moldeando a sus jugadores tácticamente. Seguro que trabajaron dichos aspectos con vídeos e imágenes que les sirven de soporte. Cuando vuelvan al césped sabrán lo que el entrenador quiere de cada jugador, ahora hay que volver a conectarlos en el juego».

«La relación entre el preparador físico y el entrenador siempre es importante, pero en esas dos primeras semanas va a ser todavía más clave. Hace unos días vi que las deportistas de la sincronizada trabajaban mucho a través de la visualización, recordando movimientos para no olvidar. En el fútbol supongo que habrán trabajado lo mismo. Eso es importante para que el jugador no desconecte», subraya David Chorro. 

Convivir con las restricciones

El protocolo de seguridad impuesto por LaLiga, siempre en consonancia con lo dictado por el CSD, divide la pretemporada que tendrán que afrontar los equipos en tres fases: individual, por grupos de máximo ocho personas y colectivos. Cada fase, siempre en función del avance de la pandemia del coronavirus, durará entre una y dos semanas. En teoría, según lo marcado por el protocolo, no se podrá realizar ejercicios colectivos con balón hasta la tercera fase, cuando Ziganda ya pueda contar con todos sus futbolistas sobre el césped.

En las primeras dos fases se recomienda evitar el trabajo específico por líneas para evitar que muchos futbolistas de la misma demarcación se contagien, así como los ejercicios de tiro a puerta no aparecen hasta las semanas previas a la competición. «Esta situación obliga a incidir en la capacidad creativa del cuerpo técnico. ¿Cómo se puede abordar? Pues encontrando una serie de recursos que permita que los jugadores sepan qué quiere el cuerpo técnico y adaptarse. Hay que recurrir a todo tipo de estrategias para minimizar el déficit de entrenamiento colectivo que va a existir», afirma De la Barrera.

Lograr que el trabajo individual que se deberá realizar obligatoriamente las primeras semanas repercuta en la idea global que cada entrenador quiere de su equipo. Ese es el gran reto de Ziganda y su cuerpo técnico. «Intentaría adaptar esas tareas individuales a su demarcación. Por ejemplo, a nivel defensivo, si soy lateral saber qué tipo de perfiles voy a tener en ciertas situaciones del juego. Centraría, dentro de lo que pudiese, todo lo referente al trabajo que va a necesitar el equipo de esa demarcación», sugiere Rodri.

El técnico catalán, sin equipo desde febrero de 2019, trabaja de manera individual con varios futbolistas de élite europea. En esa segunda fase en la que los entrenamientos en pequeños grupos serán la norma, Rodri insiste en la importancia de reinventarse: «Lo más normal cuando tienes un grupo reducido es hacerlo por posiciones o por sectores: central derecho, lateral derecho, un centrocampista, extremo derecha y un delantero. Si ahora no puedes hacer eso, habrá que buscar la manera de explotar el trabajo grupal». Estos invonvenientes, además de las posibles lesiones o contagios, son fundamentales a la hora de entender el porqué del número elevado de futbolistas convocados, 30 (23 del primer equipo y 7 del filial) en el caso del Real Oviedo. Ante la incógnita que deparará el día a día, asegurar. 

El balón deberá ser, desde el principio, el gran aliado de los futbolistas. Llevan mucho tiempo sin trabajar con él y familiarizarse pronto es básico a la hora de volver a la acción. «Serán muy importantes los circuitos técnicos para que vuelvan a tener sensibilidad con el balón», comenta Rodri. Por su parte, De la Barrera explica que «los jugadores se tienen que reincorporar primero a la realidad del entrenamiento, no a la realidad del juego».

Con el equipo al completo, precisión

La falta de tiempo es evidente y esas supuestas dos semanas de entrenamiento colectivo se antojan escasas, pero Ziganda se tendrá que adaptar a ello. «El entrenador debe optimizar su intervención y concretar en esas primeras semanas. Cuando ya toda la plantilla esté disponible, el hilar muy fino entiendo que será fundamental», asegura De la Barrera.

Mientras, Rodri habla de la importancia de las sinergias entre los futbolistas. «En la última fase, para mí, es fundamental no incidir mucho en lo táctico. Cuando vuelvan al césped lo que más van a necesitar es relacionarse: muchas posesiones, muchos partidos entre ellos… Ya saben lo que el entrenador quiere de cada jugador, ahora hay que volver a conectarlos en el juego», dice el catalán.

Otro de los aspectos clave para entender el trabajo que tiene por delante José Ángel Ziganda es el poco tiempo que ha podido dirigir al Real Oviedo. Al margen de los tres encuentros, el navarro y su cuerpo técnico solo comandaron 19 sesiones de entrenamiento, un número ínfimo en comparación con la mayoría de sus rivales de la categoría. ¿Ha beneficiado este parón a la labor del técnico azul? Rodri lo tiene claro: «El 'Cuco' tuvo tiempo en estos casi dos meses para ir moldeando a sus jugadores tácticamente. Ha disminuido la diferencia respecto a los otros entrenadores, creo».

De la Barrera está de acuerdo con su compañero y recalca la importancia de conectar a los jugadores desde el principio: «No habrá margen de error para nadie. Será un periodo en el que todo lo anterior de poco o nada va a servir, una Liga de once partidos que se disputarán a cara de perro. Las dinámicas de antes ya no valen».

La portería, un mundo al margen de todo

Cuando uno lee el protocolo de LaLiga y se encuentra con que los técnicos deben interactuar con los futbolistas lo menos posible durante los primeros días, el balón deberá ser desinfectado para comenzar la siguiente actividad en la primera y la segunda fase y los disparos a puerta no aparecerán hasta la cuarta semana de pretemporada, uno piensa inmediatamente en cómo podrán entrenar los porteros. 

«Llevo toda la vida en esto. Creo que la rutina diaria (comedor, fisio, gimnasio, etc) se va a controlar mucho, pero sobre el césped… Es fútbol. Los primeros días igual sí, pero después será inevitable que vuelva la normalidad». Así de claro se muestra Joseba Ituarte, entrenador de porteros del Leganés. El técnico vasco, que tuvo a sus órdenes al ahora oviedista Andriy Lunin, se muestra preocupado por las restricciones a la hora de poner a punto a sus porteros.

«Los porteros del Leganés viven en un piso. Tienen alguna terraza grande, pero ahí no te puedes tirar. En los primeros entrenamientos notarán mucho más ese dolor y esas inflamaciones propias de la demarcación. A nivel muscular lo van a notar mucho», afirma Ituarte, que insiste: «Es imposible entrenar a los porteros de esa manera. No me extrañaría que muchos hiciesen la trampa. Es eso o entrenar las dos últimas semanas a tope, antes no pueden hacer mucho. Se deberá flexibilizar en esa posición».

Sobre la inclusión del guardameta en el trabajo por grupos, asegura que «los grupos de ocho tienen que estar muy marcados previamente. Los equipos tendrán tres o cuatro grupos de ocho futbolistas, más o menos. Habrá grupos que no tengan porteros. Los equipos intentarán tener cuatro, ayudándose del filial. Hay que intentar compaginar para que cada grupo tenga portero, incluso a los entrenadores igual nos toca participar». Hay que recordar que Sergio Segura, entrenador de porteros del Real Oviedo, tendrá a su disposición a Lunin, Champagne, Alfonso Herrero y Berto Hórreo.

El trabajo con balón y los disparos a puerta son la otra gran preocupación de los técnicos especializados en los guardametas: «Es imposible limpiar un balón después de realizar un disparo. Estamos muy preocupados con este tema, los porteros necesitan portería. Este mes y medio de pretemporada debería ser todo ejercicio de área porque los porteros necesitan ver las líneas y recuperar las distancias. La competición se reanudará a tope y no habrá margen de error», concluye Ituarte. 

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