Edgar: «En el Real Oviedo representas algo que siente mucha gente»

La Voz de Asturias entrevista al mediocentro catalán, llamado a ser clave en el nuevo proyecto carbayón

Edgar González, en El Requexón
Edgar González, en El Requexón

Oviedo

Después de ser clave en la salvación del Real Oviedo, Luismi Sánchez volvió al Valladolid y a Francesc Arnau y José Ángel Ziganda les tocó buscar mediocentro. El rol que da sentido a cualquier equipo de fútbol, independientemente del estilo que se practique, volvía estar vacante en el cuadro carbayón. La dirección deportiva azul eligió a Edgar González (Sant Joan Despí, Barcelona; 1997), un central que debutó como pivote en Primera División y ahí se quedó. Vino a la capital del Principado para ser clave y en ello está. LA VOZ DE ASTURIAS charla con el futbolista catalán a tres días de recibir al Espanyol (domingo, 18:15 horas; Carlos Tartiere). 

-No lleva ni un mes en Oviedo. ¿Cómo le va?

-Estoy muy bien, la verdad. La ciudad me ha sorprendido, me gusta mucho. Cuando llegas aquí ves que se respira fútbol. Por la calle todo el mundo es del Oviedo, entras en cualquier lado y te hablan de fútbol. Es algo similar a lo que viví en Sevilla, ciudades muy pasionales que transmiten. Representas algo que siente mucha gente y eso da vértigo, pero es una presión que a mí me gusta.

-Lleva más de tres años fuera de casa. ¿Acostumbrado a vivir solo?

-En Sevilla estuve viviendo solo dos años. Mi pareja acabó la carrera y ahora se vino conmigo a Oviedo.

-¿Usted estudia?

-Estoy acabando Periodismo. Empecé de forma presencial y luego online. Me queda solo un año y ahí ando. En casa, en especial mi madre, siempre me transmitieron que en el fútbol pasa todo muy rápido. Siempre puede haber una lesión o algo que te trunque todo, hay que estar preparado.

-Buena relación con los medios, entonces.

-Siempre me ha gustado mucho el deporte, todos. Quería buscar algo relacionado y me siento cómodo hablando con la prensa, me gusta escribir y aposté por esta carrera. Veremos si acabo en algo de esto (risas).  

-Vayamos por partes. Su padre es Lluis González, futbolista que jugó 346 partidos entre 1ª, 2ª y 2ªB.

-En mi familia siempre se ha respirado fútbol. Cuando nací, mi padre jugaba en el Lleida. Después fichó por el Castellón y para allá que fuimos a vivir. Yo era muy pequeño. Una vez empecé a jugar, mi padre siempre me ayudó mucho. Si he llegado al fútbol profesional ha sido en gran parte por su ayuda y la de mi madre.

-¿Cómo empieza en el fútbol?

-En la Escuela del Barça, luego ya pasé al fútbol base del Barça. Después llegué al Cornellá, club que considero mi casa porque pasé allí casi diez años. En juveniles me fichó el Espanyol y cuando acabé dicha etapa salí cedido al primer equipo del Cornellá.

-El Cornellá es uno de los equipos de moda de la Segunda B.

-Fue una etapa bonita y muy exigente. El primer año me costó entrar, porque venía de juveniles y el Cornellá siempre tuvo equipos muy intensos y aguerridos. Se prefería a los veteranos, pero me hacía mucha ilusión estar ahí. Había jugado desde infantiles y viví toda la evolución del club, desde el cambio de estadio al ascenso a Segunda B.

Acabé entrando en el equipo y ya en la segunda temporada lo jugué todo. Fue el año en el que hicimos playoff, la primera vez que se conseguía en el club. Es algo que siempre recordaré, uno de los años más bonitos de mi vida.

-Y le llama el Betis.

-Quedé libre y tenía varias opciones. El Betis, aunque firmaba por el filial, me ofrecía hacer la pretemporada con el primer equipo. Era la oportunidad que buscaba. Debuté aquella temporada en Copa del Rey, con Quique Setién como entrenador. Entrené todo el año con ellos, aunque jugaba en el filial.

-Le ficharon como central, ¿no?

-Sí, sí. Yo jugué toda mi vida como central, tanto en el fútbol base como en el primer equipo del Cornellá. Fue Rubi el que me empezó a probar en el centro del campo. Me hizo debutar en Primera como pivote y ahí me he quedado.

-¿Cómo vivió ese proceso? ¿Se esperaba acabar jugando en el centro del campo?

-Al principio no pensaba en un proceso como tal. El míster me probó un par de días en los entrenamientos, pero no lo veía como una opción real. Pensaba que faltaba gente en esa demarcación para cubrir los ejercicios y me ponían a mí. Nada más.

-Pero no fue una simple prueba.

-Fui entendiendo poco a poco la demarcación. Rubi trabajaba muchos conceptos tácticos, tanto en salida de balón como en la presión. Fui cogiendo poco a poco todo eso, empapándome también de unos compañeros que eran realmente buenos, gente de mucho nivel. Y llegó el debut.

-Contra el Valencia y en casa. 47.000 espectadores en el Benito Villamarín.

-Lo viví con muchos nervios. Rubi me dijo el jueves que, seguramente, iba a ser titular. Las noches previas costó dormir, demasiados días para pensar (risas). Sonó el himno, salté al campo y fue espectacular. Encima el equipo ganó, jugamos muy bien y todo ayudó a que yo también hiciese un buen partido.

Cuando pita el árbitro te olvidas un poco de todo, pero sí es verdad que cuando me cambiaron y vi que la gente me aplaudía ya notas el cambio de jugar en Cornellá o en la ciudad deportiva a un estadio con tanta gente.

-¿Le ayudó a gestionar todo lo que empezó a vivir su pasó por la Segunda B?

-Uno va formando su personalidad en base a las experiencias que va viviendo. En Cornellá estuve en un vestuario de gente de 30 años que mantenía a sus familias con ese sueldo, la exigencia era muy grande. Era otro fútbol, una realidad diferente y otros sueldos, pero al final es lo mismo. Eso te curte.

-Y sigue jugando en el centro del campo.

-A medida que pasaban los partidos iba cogiendo más conceptos, tácticamente estaba mejor colocado. Es un poco como todo, juegas y juegas y acabas mejorando.

-Era el mediocentro de un equipo muy asociativo y con centrocampistas de mucho talento. ¿Qué le pedía Rubi?

-Sin balón era pivote, pero con balón y en los inicios de juego me pedía que interpretara el escenario. Que leyera la situación y viese dónde estaba la ventaja para poder salir de manera limpia.

Si el rival presionaba con dos delanteros bajaba a la posición de central y hacíamos un 3vs2. Si la clave era recibir más adelante pues me quedaba a la espalda del delantero, todo así. Interpretar según el momento del juego y ver qué necesitaba el equipo.

-¿Sufría cuando el equipo no tenía el balón?

-Sin balón era un mediocentro más, porque muchas veces íbamos a apretar arriba y acompañaba a los interiores. Aunque jugara solo, haciendo de ancla, en ocasiones acababa presionando muy arriba. No era fácil.

-¿Todo esto le obligó a fijarse más en lo que rodeaba? Entender el juego de verdad, vamos.

-Siempre me ha gustado mucho ver partidos, sobre todo de equipos que salían desde atrás con balón. Como central también me gustaba, es la filosofía que mamas al pasar por el Barça. Tampoco soy un estudioso del juego, ni mucho menos, pero sí es verdad que veo muchos partidos.

-Se reanuda la Liga y Rubi es despedido. No jugó demasiado después de aquello.

-Fue una lástima. Fue un entrenador que trabajó mucho, todos los entrenamientos estaban muy controlados. No acabaron de salir los resultados por lo que fuese, todos fallamos. Llegó Alexis Trujillo y vivimos una situación difícil. El descenso estaba lejos, pero había que ganar ya. Entendí que el míster buscara más experiencia.

-No debe ser fácil vivir una situación convulsa en el Betis.

-Es un club con un entorno muy pasional, para lo bueno y para lo malo. En lo bueno es un espectáculo ver como te apoyan, y cuando las cosas van mal aprietan y exigen. Este tipo de aficiones y entornos me gustan, te hacen dar el máximo y no te puedes relajar.

-Acaba la temporada y llega Pellegrini. ¿Qué tal con él?

-Hice la pretemporada con ellos, sí. Es un entrenador con un bagaje muy potente y desde el principio ves que tiene las ideas claras, cómo quiere trabajar y cómo quiere jugar. Nos sentamos con el club y decidimos que lo mejor era salir. Ojalá les vaya bien porque seré bético esté donde esté.

-Antes de buscar equipo, ¿se plantea en qué demarcación quiere jugar?

-Yo siempre tuve claro que jugaré donde me pongan. Me siento cómodo como mediocentro y me siento cómodo como central. Daré el máximo en cualquier lado. Ahora me está tocando en la medular y necesito jugar partidos, coger al 100% todos los conceptos de esta posición.

-Cómo surge la opción del Oviedo.

-Fue algo muy rápido. El Betis habló con nosotros y dejé mi futuro en manos de mi agente, como siempre. Salieron varias opciones, pero el tema del Oviedo me convenció. Por entidad, proyecto, mi rol… Me apetecía mucho venir a este club y a esta ciudad.

-¿Qué le dijo su padre?

-Me habló mucho del ambiente que vivió cuando jugó en el viejo Tartiere. Y que era una lástima que de momento no pueda vivir todo eso. Ojalá a lo largo de la temporada pueda mejorar todo y la gente vuelva al estadio.  

-¿Habla con Ziganda antes de firmar?

-Con el míster tuve una conversación, sí. Me dijo que todo había que ganárselo, claro, pero que querían que tuviese un rol importante como pivote. Vengo a ganarme el puesto y a ayudar.

-Arnau llegó al Oviedo y su prioridad fue firmar un ‘6'. Se fichó a Luismi y lo hizo muy bien. ¿Siente esa presión de sustituir a alguien en un puesto clave?

-Al final es la posición en la que juego, y creo que es tan importante como cualquier otra. El delantero es el responsable de meter goles y tiene esa presión, pues en el centro del campo tienes la responsabilidad de equilibrar el juego y ser ese engranaje que une lo de abajo con lo de arriba. Va con la posición. Hay que saber que la afición te va a apretar y te va a apoyar, es un reto que me gusta asumir.

-De pivote en el Betis a mediocentro en el Oviedo. ¿Qué se encuentra los primeros días?

-El esquema ya es diferente. En el Betis era el pivote de un centro del campo de tres, aquí estamos jugando con doble pivote. Allí no llegaba tanto al área, por ejemplo, y aquí tengo que abarcar más campo. Allí igual se daba más importancia a la fase ofensiva, aquí la prioridad es el orden defensivo. Son conceptos distintos de una misma demarcación.

-En el día a día, ¿habla mucho con el Cuco?

-Por lo que llevo viendo estas semanas, Ziganda es un entrenador al que le gusta mucho dialogar. Las charlas individuales son muy habituales. Me ayudó desde el principio y al día siguiente del primer entrenamiento ya jugué frente al Athletic. No tuve mucho margen, pero poco a poco todo va mejorando. Estoy muy cómodo en el equipo.

-Ya conoce a la Segunda División.

-La Segunda cumple con lo que se dice de ella: es una categoría muy dura. Cualquier equipo gana en cualquier campo y hay que estar preparado para ello. Es una Liga larga en la que todos los partidos son duros, igualdad al máximo. Y mucho nivel.

-Debutó ante el Cartagena.

-El empate nos dejó un sabor de boca un poco amargo. Creo que fuimos claramente superiores, lo raro fue llegar 0-0 al descanso. Propusimos mucho con balón y dolió no sumar.

-Y otro punto ante el Mirandés.

-Anduva siempre es complicado, cada partido es una guerra. Y encima en el segundo tiempo llegó la lluvia. Fue un partido de lucha, duelos individuales y concentración. Controlamos el primer tiempo, pero tras el descanso tuvieron varias ocasiones y nosotros no supimos frenarlo. Sacamos espíritu, no nos vinimos abajo y el gol sentó muy bien.

-Fueron partidos muy diferentes. ¿Qué le pidió Ziganda al doble pivote en cada encuentro?

-Todo cambia según el rival al que te enfrentas. El Cartagena quería salir desde atrás y nosotros preparamos una presión alta para robar arriba. Contra el Mirandés sabíamos que el juego directo iba a ser protagonista, un partido de mucha segunda jugada y de leer las caídas.  Con balón había mucho menos tiempo para pensar, recibíamos y apretaban. Éramos conscientes de ello.

-El míster alaba su trabajo y también dice abiertamente que le va a pedir más recorrido y llegada.

-Es algo que no he hecho nunca en el pasado, eso es así. Pero me gusta y me siento cómodo. Creo que con el paso de los partidos puedo ir a más en esa faceta.

-¿Qué tal con Sergio Tejera?

-Desde el principio me acogió muy bien, hizo de capitán tanto dentro del césped como en el vestuario. Nos estamos entendiendo bien, aunque es fácil porque es muy bueno. Seguro que todavía podemos dar mucho más, pero de momento estoy muy contento con la relación que tenemos.

-En Anduva salvó un gol en la línea y su reacción fue muy comentada por el oviedismo.

-(Risas). Me salió natural. Es una acción que veo que va a ser gol en contra y me tiro para intentar evitarlo. Se logró y ahí sale la adrenalina. Un acto reflejo de estar metido en el partido, como cuando celebras un gol.

-El equipo está casi cerrado. ¿Qué espera de la temporada?

-Tenemos una plantilla muy compensada. De momento vamos sumando puntos y creciendo en cada partido, creo que iremos a más. Trabajamos mucho por semana, el míster es muy metódico y poco a poco iremos cogiendo más conceptos. Creo que es una temporada ilusionante, pero lo importante es ir paso a paso. Ahora toca el Espanyol.

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