Anquela en el Carlos Tartiere, 591 días después

Miguel Linares y Toché, capitanes del Oviedo en los casi dos años que estuvo el técnico en la capital, recuerdan su figura

Juan Antonio Anquela, antes de un Oviedo-Sporting
Juan Antonio Anquela, antes de un Oviedo-Sporting

Oviedo

21 de abril de 2019. Jornada 35 de la Segunda División 18/19. El Real Oviedo vencía por 2-0 al Córdoba a los diez minutos de partido. Finalmente, los blanquiverdes, equipo desahuciado desde hacía semanas, empata el encuentro y el duelo acaba 3-3. Pitada del Carlos Tartiere. El Oviedo, por entonces, era noveno y estaba a cinco puntos del playoff. Siete jornadas por delante. Juan Antonio Anquela no estaría, ya que un día después de aquel empate era despedido.

De esa manera, se ponía fin a casi dos años de 'anquelismo' en la capital del Principado. El técnico jienense llegó al Real Oviedo en el verano de 2017 como pocos en los últimos años: por aclamación. El oviedismo quería a Anquela y Anquela quería al Oviedo, la unión fue muy sencilla. Su salida, en cambio, dividió un poco más a la masa social carbayona. 

«Aquel primer año fue muy diferente al resto. Había muchos jugadores extranjeros y el periodo de adaptación fue mucho más complicado. Mucha gente nueva y de fuera, nos costó al principio. Hubo fichajes que no fueron acertados, seguramente», cuenta José Verdú Toché, uno de los capitanes cuando Anquela aterrizó en el Real Oviedo.

Aquella plantilla, una de las más controvertidas de los últimos años, también fue la que más se acercó al playoff en estos seis años de fútbol profesional en la capital del Principado. El Oviedo 17/18 aún mantiene la mejor racha de imbatibilidad -10 encuentros consecutivos sin perder-, llegó a ir tercero en la tabla y acabó el curso con puntos de playoff, pero el golaveraje les dejó fuera.

«Cuando me fui de Oviedo decían que la plantilla de la 18/19 era mejor que la anterior, en la que estuve yo. Me preguntaban y yo respondía que veríamos al final de la temporada, a ver qué decían los números. La plantilla era corta, pero respondió durante todo el curso. Y eso se valora más con el paso de los años», dice Miguel Linares, otro de los futbolistas clave de aquel equipo.

Lo que está claro es que Juan Antonio Anquela fue querido por afición y, sobre todo, por sus jugadores. «Teníamos una relación muy buena. Éramos dos currantes del fútbol que no nos habían regalado nada en la vida. Sabíamos lo que costaba estar ahí», afirma Linares. Por su parte, Toché también defiende al técnico jienense: «Es un currante del fútbol, le dedica casi toda su vida a esto. Y más en Oviedo, que vivió solo».

Linares y Toché, ahora en Ejea y Orihuela, respectivamente, echan la vista atrás para recordar los buenos momentos junto a Anquela. El aragonés, como cualquier oviedista, se fija en los derbis: «Vivir aquello fue muy especial. El míster es una persona que te motiva mucho y que sabe lo que te juegas en esos partidos. Sabía lo que arrastrábamos. Vivía con esa responsabilidad, de responder ante su afición y ante su club». Linares jugó dos veces contra el Sporting: empate en Gijón, victoria en Oviedo.

El ariete murciano, que pasó temporada y media junto a Anquela, resalta que «teníamos una relación excelente. No jugué tanto como otras temporadas, también por las lesiones, pero vivimos momentos muy buenos y aprendí muchas cosas de él». Y recalca: «Le deseo que le vaya todo muy bien, salvo esta tarde, claro».

Linares ya no estaba en la plantilla cuando el jienense fue despedido, pero Toché sí. «El míster nos hacía pensar que éramos una familia y, cuando se va el líder, estás triste. Los resultados no se estaban dando y lo lógico es que lo destituyeran a él, pero porque a los demás no podían», explica. Esta tarde, y sin la presencia de la afición que tanto le quiso, Juan Antonio Anquela vuelve al Carlos Tartiere. 591 días después.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Anquela en el Carlos Tartiere, 591 días después