«Lo que nos echen»

El liderazgo de los centrales del Oviedo, la calma tensa en los saques de esquina y el susto con el VAR. La contracrónica desde el Carlos Tartiere

Los jugadores del Oviedo celebran la victoria ante el Zaragoza
Los jugadores del Oviedo celebran la victoria ante el Zaragoza

Oviedo

Por segunda vez en la temporada, el Real Oviedo comenzó un encuentro atacando a la portería del Fondo Norte. Y a diferencia de lo que pasó ante el Almería, esta vez perder el sorteo dio buena suerte a los azules. Sin Sergio Tejera, Simone Grippo fue el capitán carbayón. Y no hay nada más tradicional, e incluso estético, que un central luciendo brazalete. El suizo, que ya es una de las voces más autorizadas del vestuario cuando no lleva la 'C' en el brazo izquierdo, ejerció como tal desde el primer momento: «Muy bien, Lucky. Habla mucho con Borja», le gritó a Lucas después de que el lateral ovetense despejase su primer balón del encuentro. 

El partido, sin ritmo cerca de las áreas, se consumía poco a poco entre las voces del ya mencionado Grippo y Christian. La pareja de centrales azules, como si de un narrador y un comentarista se tratasen, fueron radiando todo el encuentro ante la falta de ocasiones. De los «Un paso Oviedo, un paso» a los «fuertes, estamos bien». Cualquier acción, por insignificante que fuese, le valía a la pareja de zagueros carbayones para animar y mantener activos a los suyos.

El Zaragoza acabó mejor el primer tiempo y hasta gozó de una ocasión a la media hora de partido, algo verdaderamente noticiable según cómo avanzaba el duelo, pero el golpeo de Narváez lo desvió Grippo a córner. Reseñable fue, por cierto, que el conjunto maño lanzara cinco saques de esquina durante el primer tiempo y solo uno causara un amago de susto a Femenías y compañía. Descanso y protagonismo para la atronadora megafonía del Carlos Tartiere.

No hubo ni tiempo para saber qué equipo había empezado mejor el segundo tramo. Pasado el minuto 50, Borja Sánchez recibió en izquierda, mareó a Vigaray y sacó un centro mordido que, de forma sorprendente debido a la estatura de unos y otros, Rodri Ríos convirtió en gol. El delantero azul ya estaba dando una voltereta mientras Jair y Cristian Álvarez seguían dudando. A partir de ahí, paseo militar del Oviedo ante un indolente Zaragoza. 

Más de diez minutos después, saque de esquina para el conjunto maño. Nervios en el Oviedo y un grito que retumbó en el municipal ovetense: «Vamos hostia, lo que nos echen». No podía ser otro que Christian. Zapater puso el centro, Femenías salió de puños y el balón quedó muerto en el área. En otro equipo sería un susto y ya. En el del Cuco, tras tantos goles recibidos de la misma forma, tembló hasta el utillero. El encuentro se acercaba al 90' y no daba la sensación de que el Zaragoza pudiese apretar a los carbayones.

Rozando el último minuto reglamentario, las alarmas comenzaron a sonar. El VAR avisaba a De la Fuente Ramos y este hacía el gesto de la televisión con las manos. La reacción de Javi Mier y Sangalli, reflejando incredulidad con los brazos levantados, fue uno de los movimientos más coordinados que dejó el partido. El colegiado pucelano aportó un poco de cordura al gremio arbitral y no señaló la temida pena máxima. Un par de gritos más de Christian y Grippo, una vaselina de Sangalli al larguero (debió ver a Riki el sábado) y final. 

El abrazo entre la pareja de centrales del Real Oviedo cuando sonó el pitido del colegiado resumió el encuentro a la perfección. Ya con todos los jugadores azules en piña, Christian arengó a la plantilla y evidenció que los tres puntos que acababan de ganar podían valer como cuatro. En el horizonte esperan Espanyol, Leganés y Mallorca. 

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

«Lo que nos echen»