Leo Messi sucumbe al cansancio y anuncia que se va del Barcelona

jon agiriano REDACCIÓN

DEPORTES

El argentino envió este martes un burofax al club azulgrana en el que solicita la carta de libertad para poder fichar por otro equipo y lo hace acogiéndose a la cláusula liberatoria de su contrato

25 ago 2020 . Actualizado a las 23:13 h.

Messi quiere irse ya y gratis. La bomba estalló este martes pasadas las siete de la tarde, cuando la cadena argentina TyC Sports informó de que Leo Messi había decidido hacer efectiva la cláusula unilateral de rescisión de su contrato y así se lo había hecho saber al Barcelona a través de un burofax. La noticia se propagó a la velocidad de la luz, como era previsible, y provocó una conmoción extraordinaria en todo el mundo del fútbol.

Messi y el Barça han sido la misma cosa durante más de quince años, una unidad indisoluble. Ha sido el estandarte de un equipo de leyenda, el gran símbolo de su grandeza, su héroe histórico. Muy pocas estrellas del fútbol han logrado construir una identificación tan radical e inexorable como la del argentino con la camiseta blaugrana. De ahí que el anuncio de su marcha haya sido una sorpresa por mucho que en los últimos días, desde la debacle en la Champions, comenzaran a observarse indicios de que lo imposible era posible, de que esta vez había razones para imaginar lo inimaginable.

Su conversación con Ronald Koeman el pasado fin de semana ya encendió las alarmas en Can Barça. El técnico holandés salió de aquella charla con un nudo en la garganta. No es que Messi le confesara su intención de romper su contrato, que le vinculaba al Barcelona hasta el 2021. Lo que dejó helado a Koeman es comprobar que el futbolista había perdido la ilusión, que no se sentía con fuerzas. Y menos para liderar una revolución en la que no creía.

Cansancio

Es posible que baste con esta palabra para explicar las razones del terremoto. En este caso, hablamos de un cansancio acumulado en las cinco últimas temporadas. A partir de la última victoria en la Champions en el 2015, el Barcelona entró en una curva descendente. Era la decadencia inevitable de un equipo excepcional, para muchos el mejor de todos los tiempos. Poco a poco, en un lento goteo, se fueron yendo futbolistas excepcionales y de una tremenda jerarquía. El equipo blaugrana fue perdiendo calidad y carácter, y a Messi, sin Puyol, sin Xavi y sin Iniesta a su alrededor, le tocó asumir un rol con el que nunca se ha sentido cómodo: el de líder absoluto también fuera del campo.

Durante esos primeros años de transición tras el entierro del Dream Team, el argentino tenía todavía mucho fútbol en las botas. Tanto que ha seguido siendo capaz de cambiar él solo el rumbo de muchos partidos. Ahora bien, otra cosa era cambiar el rumbo de los grandes campeonatos, sobre todo de la Champions, que a día de hoy es la unidad de medida de los grandes clubes europeos. Necesitaba ayuda por parte del club de su vida, al que llegó desde Rosario siendo un niño con problemas de crecimiento y en el que se acabó convirtiendo en el mejor futbolista de todos los tiempos. Y el Barça no se le ha dado. Le ha fallado.

Gestión desastrosa

Decir esto de unos dirigentes que invierten en él cien millones cada año y le han adorado de una forma desproporcionada parece injusto. El problema de Josep Maria Bartomeu, a quien le quedará para siempre el estigma de haber sido el presidente que hizo marcharse a Messi, es que se confundió con su gran estrella. Lo que verdaderamente deseaba era seguir siendo feliz dentro del campo. Y aquí la gestión del Barça, sobre todo a partir de la marcha de su amigo Neymar al PSG en el verano del 2017, ha sido un auténtico desastre. Lo último lo hemos visto estos últimos días, tras el 2-8 en Lisboa. Al Barça solo se le ocurrió cargar el muerto de la humillación a algunos futbolistas veteranos, los amigos de Messi, empezando por su íntimo Luis Suárez.

La convulsión puede ser escalofriante, sobre todo pensando en el porvenir que le espera al equipo de Koeman sin el futbolista que lo ha sido todo en él durante dieciséis temporadas.