«En España se ha regalado la cultura hasta tal punto que no se valora para nada»

Elisabeth Michot es la creadora de la ONG «Música Para Salvar Vidas». Hoy, el grupo de góspel de la asociación, Aba Taano, actuará en Gijón para recaudar fondos

Elisabeth Michot con el director del grupo Aba Taano
Elisabeth Michot con el director del grupo Aba Taano

Redacción

Este lunes 29 de julio tendrá lugar uno de los conciertos más especiales de este verano. Se trata del grupo de góspel de referencia mundial Aba Taano que actuará en la parroquia de San Pedro de Gijón a las 19.30 horas. La magia de este evento, además de estar presente en las voces de sus integrantes, reside en que todos forman parte del proyecto solidario Música Para Salvar Vidas cuya labor se centra en ayudar a los niños del orfanato de Uganda sustentado con la recaudación de las giras musicales. Su creadora, Elisabeth Michot, explica el valor de estos músicos profesionales y de la tarea que realizan. Una labor por la que llevan luchando catorce años sin ninguna subvención, solo lo recaudado por estos conciertos en los que las voces de África piden cantando un poco de ayuda.

-¿Es su primera vez en Gijón?

-Es la segunda vez. Vinimos hace unos tres años a San Lorenzo.

-¿Cómo afronta este evento? Cada vez es más la gente que conoce a Aba Taano, así que podría tener una gran acogida.

-La otra vez que vinimos tuvo muchísima acogida, pero también depende mucho de los días, ahora mismo en pleno verano siempre hay una incógnita. A veces resulta que no cabe nadie en la iglesia y en otras ocasione hay otros actos en otros sitios que realmente impiden que vaya la gente, aunque en general tenemos mucho público. Ayer por ejemplo estuvimos en Bermeo, al lado de Bilbao y la acogida fue espectacular.

-Usted es francesa de nacimiento, ¿qué vinculación tiene con España?

-Sigo siendo francesa pero bueno, llevo tantísimos años aquí que me he olvidado de que soy de allí. No tengo la nacionalidad aunque llevo 47 años en España, eso sí, el acento me lo siguen detectando.

-¿Cómo surgió la idea de crear el orfanato hace catorce años en Uganda?

-Es una historia muy larga, yo trabajaba en el mundo de la música y se me ocurrió traer un coro que trabajaba en un orfanato y cuando volvieron a Uganda el dueño de ese sitio los echó a todos. Me vi en una situación compleja, mi marido no trabajaba entonces por lo que él se fue para allí primero y a la semana fui yo. Lo que hicimos fue trasladarlos a un orfanato que habíamos conocido anteriormente, pero era más pobre aún así que después metimos a los niños en colegios internos. El problema es que durante las vacaciones estos centros cerraban y no tenían donde estar. Tuve que volver a traerlos a España y ahí es donde comenzaron los descalabros financieros como te puedes imaginar. Ante esta necesidad nos dimos cuenta de que había que crear un proyecto nuestro y comenzamos con esta ONG con la ayuda de unos cuantos socios y padrinos y el margen de dinero que sale de los conciertos después de haber pagado todos los gastos.

-Actualmente tiene casi 30 niños a vuestro cargo…

-Son 26 niños viviendo en la casa, pero los que tienen más gastos son aquellos que están fuera intentando arrancar su futuro en residencias universitarias y estudiando una carrera. Una cosa es educarles y que puedan encontrar un trabajo, pero lo difícil es que puedan trabajar. Uganda es un lugar muy complicado, como todos los países de África, hay muchísima miseria y cientos de personas luchando para llegar a un mismo puesto. Hasta que realmente puedan encontrar algo y tener la titulación que hace falta, ya que cada vez piden más formación debido a la alta demanda de gente, casi hay que pagar para que les den trabajo. Es muy complejo poder sobrevivir.

-Los músicos de Aba Taano tienen un currículum impecable, además de muchos premios internacionales ¿cómo comenzó esta creación?

-Surge de todos los niños que comenzaron cantando y de su enorme talento. Al final fueron destacando y a medida que pasaba el tiempo salían unas voces cada vez más alucinantes. Al principio traía a unos 35 niños, pero a nivel financiero era una locura por lo que en el 2008 con la llegada de la crisis tuvimos que traer a los once mejores de los mayores y acabó siendo un grupo de cinco consolidado. Ellos trabajan mucho porque a lo largo del año continúan su carrera musical allí y trabajan ensayando todas las semanas con rigor y seriedad en la casa que creamos.  

-Y en cuanto al número de socios, ¿cómo ha afectado la llegada de la crisis en este sentido?

-Mucho, antes teníamos un montón de socios, pero con la crisis se han ido borrando porque entiendo que la prioridad de uno es ayudar a su entorno y además están acosados por las otras ONG que también les demandan dinero. Es muy difícil porque en Uganda las cosas cuestan los mismo que aquí, la gasolina y la electricidad están al mismo precio, los colegios y la sanidad son privadas por lo que ante una enfermedad de uno de los niños destinamos mucho dinero. Y ya no es solo el chico en sí, también son todos los familiares que le rodean que están en la miseria. Al final son como nuestros hijos por lo que nos vemos involucrados en una cantidad de cosas inimaginables. Hay muchos orfanatos que los ayudan hasta los 16 años y después los devuelven a la jungla del país, pero cuando te metes en ese berenjenal de apoyarles hasta que encuentren un trabajo y puedan resolver su situación y la de su entorno se necesitan muchos recursos.

-A pesar de todo, ¿cómo ha avanzado este proyecto a lo largo de estos años?

-Muchísimo y es muy reconfortante. Muchos de los chicos están ya trabajando y han salido de la casa. Tenemos varias enfermeras, una técnica de laboratorio, un mecánico, uno que está a punto de trabajar como periodista… gente que está funcionando. Hay uno que es mi especial emoción porque está trabajando de asistente de administrador de un gran centro de salud. Esto es lo que les ha aportado el venir durante 14 años a España para actuar, todo esto les ha dado don de gentes, respuesta ante las dificultades porque cuando estás en un escenario bailando en cualquier tipo de circunstancia te aporta una experiencia tremenda y sobre todo una seguridad en ellos mismos que les hace ser capaces de resolver montones de cosas. Todos ellos sin excepción sobresalen en los colegios porque se notan estas cualidades que vienen del amor que han recibido, pero también de esas tablas. A pesar de todos los pesares estoy muy contenta.

-¿Cómo se puede ayudar a la ONG?

-Lo más importante es que la gente tiene que concienciarse que lo que estamos haciendo tiene su valor. A mí me da muchísima pena cuando vamos a los sitios y el público sale del concierto pensando: «He oído algo muy bonito, me ha gustado, entonces doy mis centimillos y me voy, o n doy nada». Todo el mundo piensa que hay alguien detrás pagando y no hemos tenido ninguna subvención en 14 años, todo el dinero viene a través de los conciertos y de los socios y padrinos. Cada vez que traemos a los niños, que vienen tres veces al año, hay que pagar los viajes, los seguros, alojamiento, transporte, peajes, arreglos de los coches, comidas, etc. además por supuesto de los sueldos de los chicos de Aba Taano que están dedicando su vida a la música y entregando el 100% de su tiempo. Yo realmente lo que quiero es que la gente cuando acude al concierto dé lo que corresponde a una entrada digna, no les estamos pidiendo cincuenta euros por entrada, ni siquiera veinte, pero al menos cinco o diez euros por persona. Y matizo lo de por persona porque no vale que paguen cinco euros por una familia de cuatro miembros, porque esto se hace y se van corriendo, aunque les haya encantado lo que han visto. En España hay un problema muy gordo y es que se ha regalado la cultura hasta tal punto que no se valora para nada.

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