Tres años sin reconocer los hechos, punto y final al atropello de un amigo en Somió

El acusado ha aceptado con un acuerdo la pena de tres años de prisión pero no entrará en la cárcel

Un ramo de flores reposa en el lugar en el que murió atropellado Juan Fombona, en Somió (Gijón).Un ramo de flores reposa en el lugar en el que murió atropellado Juan Fombona, en Somió (Gijón)
Un ramo de flores reposa en el lugar en el que murió atropellado Juan Fombona, en Somió (Gijón)

Gijón

El acusado de causar la muerte de un amigo de 38 años al arrollarlo con su vehículo cuando conducía en estado de ebriedad, en Somió (Gijón), en 2017 ha aceptado tres años de prisión aunque no irá a la cárcel tras un acuerdo entre las partes.

En la vista celebrada este lunes en el Juzgado de lo Penal 3 de Gijón, la acusación particular y la defensa han alcanzado un acuerdo por el que el acusado se enfrenta a dos años de cárcel por homicidio imprudente con la atenuante de reparación de daño y un año por omisión con atenuante de embriaguez por intoxicación.

El acusado, para el que la Fiscalía pedía inicialmente cuatro años de cárcel por homicidio imprudente y que ya ha cumplido cinco meses de prisión preventiva, no ingresará en la cárcel por la rebaja de la pena acordada entre la acusación y la defensa.

Además, se ha abonado una indemnización de 140.800 euros a los padres de la víctima y de 30.800 euros a sus dos hermanos y el acusado ha sido privado durante seis años del permiso de conducir.

Los hechos ocurrieron sobre las 4:15 horas del 2 de diciembre de 2017 cuando el acusado se dirigía a su domicilio tras haber consumido «abundantes bebidas alcohólicas» en un pub de la avenida Dionisio Cifuentes de Gijón y condujo invadiendo el carril contrario pese a que, debido a la ingesta de alcohol, no podía conducir con seguridad.

El escrito de la Fiscalía expone que la víctima, que había estado con el conductor momentos antes en el pub pero se había resistido a ir con él en el vehículo debido a su estado de embriaguez y que se dirigía andando hacia su domicilio en la misma dirección.

Cuando el conductor llegó a la altura del número 275 de la avenida Dionisio Cifuentes no se percató de que la víctima, que también estaba afectada por la ingesta de alcohol, estaba tumbada en mitad de la calzada y, sin realizar maniobra alguna de frenada o cambio de trayectoria, pasó con su vehículo por encima lo que le provocó la muerte.

«Satisfecho no, en la medida de que aquí no hay justicia posible. La pérdida de una vida es irreparable», ha afirmado el abogado de la familia de la víctima, Ángel Bernal, que ha considerado que la familia ha sido «extremadamente generosa».

Además, ha celebrado que, tras tres años sin admitir los hechos, el acusado haya reconocido que «había cometido un homicidio imprudente, un delito contra la seguridad del tráfico y el delito doloso de omisión del deber de socorro»; según recogió EFE.

«Hay que joderse. Del barrio y lo conocía»

J.C.G.
Calle de Somió en la que vivía Juan Fombona el joven que falleció atropellado.Calle de Somió en la que vivía Juan Fombona el joven que falleció atropellado
Calle de Somió en la que vivía Juan Fombona el joven que falleció atropellado

Los vecinos de Somió se muestran asustados por la detención de un amigo del joven atropellado la madrugada del sábado

«Hay que joderse. Del barrio y lo conocía. Amigo suyo». Cada frase va acompañada de un golpe de rabia en la barra del bar. En Casa Víctor, junto a la plaza de Villamanín, en el corazón de Somió, no hay mucha concurrencia a media mañana, con la noticia aún reciente. Los parroquianos se enteran según van llegando: la Policía Nacional ha detenido a un amigo de Juan Fombona como presunto autor del atropello que le costó la vida en la madrugada del domingo. El propio Fombona podría haber sido perfectamente uno de ellos de no haber mediado la desgracia que tiene conmocionado a todo Fojanes, un tranquilo barrio residencial de la parroquia gijonesa de Somió. Del detenido no dicen mucho. Dicen no conocerlo. Pero del muerto sí: un subrayado más sobre su bonhomía y sobre el cariño que se le tenía en todas partes: «Era un buen chaval, del barrio de toda la vida. Solía tomar el café ahí mismo», dice el dueño del pequeño establecimiento, señalando una mesa frente a la barra.

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