Aplican el protocolo de prevención antisuicidios al preso «resucitado»

Gonzalo Montoya permanece en el módulo de Enfermería y ha descartado participar en programas de tratamiento y talleres «intramuros»

José Carlos Giménez, el padre del interno de la prisión de Asturias al que los médicos dieron por muerto y que recobró el conocimiento después de trasladarle al Instituto Anatómico Forense para practicarle la autopsia, en la entrada del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)
José Carlos Giménez, el padre del interno de la prisión de Asturias al que los médicos dieron por muerto y que recobró el conocimiento después de trasladarle al Instituto Anatómico Forense para practicarle la autopsia, en la entrada del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)

Oviedo

Los intentos de suicidio que ha protagonizado Gonzalo Montoya, el reconocimiento tanto personal como familiar de su fuerte tendencia a la depresión y las circunstancias personales que ha vivido tras la errónea certificación de su defunción ante un episodio de catalepsia derivada presuntamente de la ingesta masiva de sustancias estupefacientes ha aconsejado su internamiento en el Módulo de Enfermería del centro penitenciario de Asturias. El conocido como el «preso resucitado» tiene aplicado el protocolo de prevención antisuicidios para garantizar su integridad física «intramuros» y tratar de frenar así cualquier tentativa de autolisis, según han confirmado fuentes penitenciarias.

Agresivo en el Huca, tranquilo en la cárcel

El comportamiento de Gonzalo Montoya a su regreso a prisión ha sido bien distinto al que mantuvo durante su estancia en el Hospital Universitario Central de Asturias (Huca). Durante las dos semanas que ha estado ingresado en el centro hospitalario concitó las quejas de profesionales de Enfermería por su actitud «agresiva» e incluso «amenazante», según denunciaron portavoces del colectivo. Sin embargo, desde su llegada a la cárcel asturiana permanece «tranquilo» y no se ha registrado «incidente alguno con él».

Fuentes penitenciarias aseguran que el «preso resucitado» tenía abierto «partes» con anterioridad por su comportamiento a lo largo de los tres años que lleva cumpliendo de condena por delitos de robo, mientras que en los últimos días no ha mostrado la misma actitud hostil; una circunstancia que podría tener relación con la proximidad de la fecha de su salida en libertad, prevista para dentro de seis meses, la mediatización social de su caso y las advertencias que sus propios familiares le hicieron el mismo día de su traslado desde el Huca hasta el centro penitenciario para que «se portara bien».

No quiere participar en actividades

A pesar de que una de las causas que pudieron haber motivado supuestamente el episodio de catalepsia pudiera estar relacionado con una ingesta masiva por un cóctel de sustancias estupefacientes, situación que se determinará a través de la investigación oficial, fuentes penitenciarias ratifican que Gonzalo Montoya se ha negado de forma explícita a participar en cualquier actividad relacionada con un tratamiento para desengancharse de sus adicciones.

El recluso ha rechazado participar en la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE) del centro y en los distintos talleres que se ofertan en la cárcel. «No quiere participar en actividad alguna», señalan fuentes penitenciarias.

La denuncia y las firmas

Entre tanto, la familia confía en que la denuncia que interpondrá su abogado, Luis Tuero, para exigir la responsabilidad patrimonial de la administración penitenciaria pueda traducirse en una indemnización económica por el error ocasionado por un funcionamiento anormal de la institución. A la vía judicial abierta se suma la vía interna para estudiar si hay o no que depurar posibles responsabilidades. Instituciones Penitenciarias ha iniciado un expediente para aclarar la actuación de los médicos adscritos al centro que certificaron la defunción ante la aparente falta de signos vitales que evidenciaba el preso cuando le reconocieron en la cárcel.

Los padres, la mujer y los tíos del preso «resucitado» han promovido una campaña de recogida de firmas que, según sus propios datos, supera las 2.000 rúbricas, para exigir la libertad de Gonzalo Montoya y lograr su objetivo inmediato de facilitar que se pueda reunir cuanto antes con su esposa y sus cinco hijos; una familia numerosa a la que tenía que alimentar y que fue el argumento que sirvió de base para justificar su responsabilidad en el delito de robo por el que está cumpliendo una condena de tres años y medio.

Valora este artículo

7 votos
Tags
Comentarios

Aplican el protocolo de prevención antisuicidios al preso «resucitado»