Tres hitos de Gabino de Lorenzo... y siete fracasos

Raúl Álvarez REDACCIÓN

OVIEDO

Gabino de Lorenzo recogiendoen 1998 el premio Ladrilla Rosa.Gabino de Lorenzo recogiendoen 1998 el premio Ladrilla Rosa
Gabino de Lorenzo recogiendoen 1998 el premio Ladrilla Rosa

En su larga etapa como alcalde de Oviedo, impulsó la peatonalización del centro y elevó las exigencias en la limpieza pero también fue el autor del «catastrazo» y a punto estuvo de enterrar al Oviedo

23 mar 2018 . Actualizado a las 14:18 h.

Durante casi veinte años, Gabino de Lorenzo fue un Luis XIV de andar por casa que, ya que desde su modesta posición provinciana no podía afirmar que el Estado era él, se presentaba como la encarnación de una ciudad y su ayuntamiento. Oviedo era él. Al menos durante aquellas dos décadas afortunadas que precedieron y siguieron al cambio del siglo, ese proceso de identificación funcionó y su estilo de gobernar, tan personal como personalista, encontró refrendos mayoritarios en las urnas. Su mayoría absoluta de 1995, en la que acaparó más del 62% de los votos, le convirtió en el segundo alcalde con mayor respaldo en las urnas de España y cimentó la base para toda su carrera posterior. Cuatro años antes, había conseguido su primer mandato en minoría y solo gracias al apoyo del CDS logró el bastón de mando. Una vez en el poder, sin embargo, sus primeras decisiones encandilaron a una ciudadanía a la que ofreció una transformación urbana asentada en tres pilares: peatonalizaciones a mansalva y un nuevo urbanismo, limpieza impecable de los espacios públicos y una política cultural encaminada a hacer de Oviedo una de las capitales de la música clásica en España. Con esos focos, sus defensores siempre han intentado presentar una visión luminosa de una gestión larga en la que abundan los espacios sombríos.

Con esos tres hitos, y con el aire desenfadado con que se desenvolvía alrededor de lo que dieron de sí, De Lorenzo (el apellido solo servía para salir en los periódicos, porque para los vecinos siempre fue Gabino) se convirtió en una marca electoral imbatible hasta que las circunstancias sociales, políticas y económicas cambiaron por completo en el 2011. Así los consiguió:

Peatonalizaciones. El Oviedo que recuperó su ayuntamiento democrático a finales de los años 70 y el que gobernó el PSOE en los 80 era más pequeño, más ruidoso y más sucio que el actual. Los jóvenes de hoy enarcan las cejas al contemplar fotografías de coches aparcados o en movimiento delante de la catedral o al lado de la casa consistorial. El legado de Gabino de Lorenzo es que esa posibilidad resulte inconcebible desde hace muchos años. Con sus planes de choque y su apuesta inflexible por la peatonalización del Antiguo y de otras zonas escogidas de la ciudad, que en su momento encontraron críticas, resistencias y vaticinios de fracaso, desterró los vehículos de calles enteras y cambió la forma en que Oviedo se veía a sí misma. Ahora no solo es imposible plantear una vuelta atrás, sino que el Ayuntamiento estudia cómo profundizar esa revolución, poner más trabas a los coches y potenciar el uso del transporte público y la bicicleta. Hay un cierto hilo que engarza la primera losa instalada en los alrededores del Museo de Bellas Artes con el incipiente bulevar en la entrada por la 'Y'. Y es indudable que las glorietas y las fuentes instaladas en la etapa de De Lorenzo dan forma a las vías actuales y condicionan cualquier intervención sobre ellas.