Sentimiento viejo para una peña nueva

La agrupación de aficionados Saúl Berjón, con sede en el bar de los padres del jugador desde enero del 2017, es la útima en sumarse a la red de seguimiento del Real Oviedo en la ciudad


Redacción

Es un día para los irreductibles de la peña Saúl Berjón. Primera tarde de septiembre. Sol, luz y calor. Pero aquí nadie piensa en la playa. En Vino Lento, el bar de los padres del extremo y la sede de la agrupación de aficionados azules más reciente de la ciudad, dos docenas de entusiastas se esparcen ante la televisión mientras el Real Oviedo empieza a jugar en Cádiz.

En cuanto los días se acorten y el tiempo empeore, la asistencia crecerá. En menos de dos años, desde enero del 2017, se han apuntado ya 135 socios y, cuando el equipo juega fuera, la cita en el local, a la sombra del campus universitario de El Milán, llena todo el espacio disponible. Cuando toca partido en el Tartiere, quienes pueden suben a La Ería para animar desde las gradas.

Alrededor de la barra, Saúl es el ídolo. Aquí están sus padres, su abuela, sus tías y algunos amigos de toda la vida, además de ovetenses y oviedistas de largo recorrido. La iniciativa de formalizar la peña, sin embargo, no salió de ellos, sino de otra habitual del bar, recién jubilado, que los puso todo en marcha.

«Empezaron entre dos o tres, luego empezó a apoyar muchas más gente y al final me vi en el cargo», confiesa Jesús García, pareja de la madre del jugador, Carmen. Nunca había pensado que sería presidente de una peña, aunque es seguidor del equipo desde que le alcanza la memoria. De sus intercambios de visitas con otras peñas dan testimonio las bufandas que cuelgan de las paredes.   

El grupo de aficionados es intergeneracional. Abarca desde niños pequeños a Juan González, que tiene 79 años y lleva en la retina las carreras y los goles de Herrerita y Emilín por el viejo Buenavista, en la memoria alineaciones que se pusieron la camiseta azul en domingos fríos de los años 50 y en la conciencia los altibajos de un club al que ha visto en tardes de gloria y noches de barro. «Mi obsesión son los trencillas. Qué malos. Los tengo controlados a todos y este ya nos ha embarcado», dice mientras reclama una falta.

Juan tiene un buen pálpito con la plantilla de este curso recién estrenado. «Estuve en un par de entrenamientos y vi todos los partidos de pretemporada que encontré en la tele. Hemos mejorado mucho el centro del campo, que para mí es la zona más importante», analiza.

Delante de él, ven el partido las últimas incorporaciones a la peña, Raquel y Álvaro, que solo tienen unas horas de antigüedad como socios. Son una pareja joven, él acaba de mudarse desde Madrid para vivir con su novia muy cerca del bar y ya tiene una bufanda del Real Oviedo como prenda de integración en su nueva ciudad. «Le inculqué la afición y los colores. Sin peña no había trato», bromea ella.

La bufanda forma parte de la bienvenida a la agrupación. Los 15 euros al año de cuota no dan para lujos. La peña no organiza viajes. Regala esas bufandas a los nuevos socios y, una ve al año, organiza una espicha. Es la tradición heredada de la sidrería que los abuelos del jugador mantuvieron durante años en las calles cercanas del barrio de Santullano. El azul unifica ese pasado con este presente.

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