En el fallo, publicado en Internet, al condenado real se le llamaba Plácido para proteger su identidad, pero coincidía con el real de un trabajador de Vitrasa
Miguel Ángel Rodríguez Vacelar, tras siete años de litigios, consigue que el apellido de su madre, con origen en la Ribeira Sacra ourensana, pase también a su hija sin tener que cambiar el orden de los suyos: «Me daba pena que el legado de mi madre desapareciera conmigo»