«El hombre que mató a don Quijote» es una suerte de apoteosis surrealista y al tiempo una reafirmación de sí mismo, realmente un quijote cinematográfico, como antes lo fue Orson Welles
Ha sido Camarón y Cantinflas, sueña con ser Prince o Dalí, pero ahora se estrena con «El hombre que mató a don Quijote», el filme de Terry Gilliam, uno de los Monty Python, que vuelve a poner al actor catalán en lo más alto. Y ya van 25 años de éxito
Su última película, «Zama», opta al Goya al mejor filme iberoamericano. Un trabajo de autor que busca alejarse de los clichés que asocian este tipo de cine con el bostezo
Para salirse del carril de los recuentos vitales comunes, Terry Gilliam recurre a subrayados personales con jugosas anotaciones caligráficas, apoyándose en su álbum privado y en ilustraciones propias