Aunque el deseo de Trump de meterse Groenlandia en el bolsillo pueda parecerle a algunos la excentricidad de un magnate inmobiliario o el envite de un tahúr de la geopolítica, quizás, la idea no es nueva: La Voz ya la sacaba en titulares en 1947. La Guerra Fría enseñaba el colmillo y el Ártico era un bocado de la tarta que se horneaba en la Casa Blanca y en el Kremlin.
Mientras, la secretaria general adjunta de la organización, Martha Pobee, ha instado a evitar ataques militares en el país y prevenir una escalada regional
Una incursión de tanques desde posiciones ya ocupadas en su país vecino termina con el lanzamiento de proyectiles a una distancia de entre 150 y 380 metros de los militares que vigilaban la zona para la ONU