A finales del siglo XIX la plaga de la filoxera arrasó los viñedos de Europa y los viticultores tuvieron que sobrevivir adaptando a nuestros suelos injertos con variedades resistentes, casi todas foráneas. Nació una nueva era para los vinos españoles, pero las uvas autóctonas no desaparecieron totalmente: dormían en solitarios viñedos, que ahora recupera la familia Torres.
J. M. Orriols