El largo ocaso de Álvarez-Cascos

J. C. G.

ASTURIAS

Francisco Álvarez-Cascos, tras su comparecencia en la comisión municipal por el 'caso Enredadera'
Francisco Álvarez-Cascos, tras su comparecencia en la comisión municipal por el 'caso Enredadera'

Los malos resultados electorales, la pérdida de relevancia y la huida de candidatos marcan el presente de la formación fundada por el político gijonés en 2011, cada vez más replegado a la actividad interna

07 jul 2019 . Actualizado a las 12:23 h.

Francisco Álvarez-Cascos conoció en 2011 su año de las maravillas. El día mismo de Año Nuevo, el exsecretario general, exvicepresidente, exdiputado -regional y nacional-, exsenador y exconcejal popular anunciaba por sorpresa que añadía a esos atributos en negativo el de exmilitante de un partido cuyo carné llevaba en la cartera desde hacía 34 años. Casi antes de que Asturias y el PP se recuperasen de la sorpresa, solo dieciocho días después, había fundado sus propias siglas. Y al cabo de siete meses y veinte días desde el sonoro portazo, conseguía subir la escalinata del palacio de la calle Fruela de Oviedo como presidente electo del Principado de Asturias un mes después de que su bisoña formación consiguiera desalojar al PSOE por primera vez de la alcaldía de Gijón. La segunda vida política de Álvarez-Cascos arrancaba con una progresión sin precedentes de cero a a velocidad-luz que parecía ungir a uno de esos dirigentes que han gobernado con aplomo de virrey en la España de las autonomías. Menos de un año después, el 25 de marzo de 2012, las mismas urnas le obligaban descender la misma escalinata. Era solo el primer tramo de un lento, largo y aparentemente irreversible declive político; un ocaso que ha alcanzado su mínimo en las dos últimas citas electorales y que hoy por hoy parece amenazado por la extinción que acabó llevándose por delante ofertas políticas similares en Asturias.

Harakiri no: reinicio

Lo que muchos tomaron el 1 de enero de 2011 por un harakiri resultó ser más bien un reinicio con nuevo sistema operativo. No una reinvención: el hombre, su ideología, su carácter o sus ambiciones eran los mismos que los del 31 de diciembre, pero con medios y métodos distintos. A nadie se le ocultaba que después del largo ciclo político que le llevó de la muy temprana afiliación en 1976 a Reforma Democrática, pronto integrada en Alianza Popular, y de la portavocía municipal de AP a las alturas del PP y del aznarato, Francisco Álvarez-Cascos no se había resignado al retiro de la política. El devoto jovellanista que siempre ha sido Cascos ansiaba tanto como su mentor intelectual el retorno a Asturias para cambiar Asturias según su programa reformista. Pero no exactamente desde la actividad intelectual o la acción privada. Cuando Génova y el PP asturiano decidieron en contra de su disponibilidad que no sería él  sino Isabel Pérez-Espinosa quien encabezase la candidatura a las elecciones de 2011, Álvarez-Cascos no dudó en hacer trizas su carnet y su biografía de partido y crear otro a la medida de sus pretensiones.

Lo hizo en tiempo récord y arrastrando de paso consigo una porción de la siempre inestable masa de los populares asturianos, como uno de esos cuerpos celestes supermasivos que pasan cerca de otro y le arrebatan parte de su masa: un fenómeno político  del que  ya se había tenido cumplida noticia en Asturias a raíz del grave cisma de 1998 con el primer presidente popular de Asturias, Sergio Marqués, provocado también por el entonces ominpotente secretario general del PP. Once años después, Álvarez-Cascos repetiría significativamente el movimiento de Marqués al crear su propia marca de derecha regionalista desgajada del PP. Con resultados, en última instancia y si no se revierte la tendencia, parecidos, según lo anticipan a fecha de hoy un partido en horas muy bajas y un PP que no tiene visos de haberse recuperado todavía del segundo desgarro originado por la tremenda fuerza de gravedad casquista.