A la caza del nuevo mosquito asiático que ya se ha asentado en Asturias

El Aedes japonicus, que fue visto por primera vez en España hace dos años en Siero, pertenece a la misma familia que el temido mosquito tigre, habita en fuentes de agua del ganado y aguanta bien el frío

Un aedes japonicus
Un aedes japonicus

Redaccion

Aparecía por primera vez en España hace dos años en Siero y, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), ya está establecido en Asturias. Se trata del Aedes japonicus, un mosquito invasor de origen asiático que pertenece a la misma familia que el temido mosquito tigre (Aedes albopictus), que tiene capacidad de transmisión del virus del Nilo Occidental y que, según han demostrado diversos estudios de laboratorio, es un vector para la transmisión de virus como dengue o chikungunya.

El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, que dirige Fernando Simón y que también se encarga del control de los mosquitos como vectores de enfermedades, ya señalaba en 2018, cuando fue identificado por primera vez el Aedes japonicus en España, que las condiciones climáticas y ambientales, así como las características de la explotación ganadera en Asturias, podrían haber favorecido su presencia y su posible establecimiento en el Principado. Así se recogía en el informe de evaluación rápida de riesgos de esta nueva especie invasora que se publicaba tras confirmarse su presencia y que estaba dirigido a las autoridades de Salud Pública de las comunidades autónomas.

El ECDC publicaba el pasado 12 de mayo la última actualización del mapa del Aedes japonicus en Europa, en la que Asturias aparece sombreada en el color rojo que identifica a las regiones en las que ya está establecido. Hasta agosto de 2019, mes en el que se realizó la anterior actualización del mapa, estaba sombreada en el color amarillo que señala las regiones en las que el mosquito se ha introducido, a las que ahora se suma también Cantabria.

En rojo, los territorios europeos -entre ellos Asturias- en los que está asentado el Aedes Japonicus, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC)
En rojo, los territorios europeos -entre ellos Asturias- en los que está asentado el Aedes Japonicus, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC)

En 2019, ambas comunidades autónomas centraron la docena de avistamientos de Aedes japonicus que fueron comunicados a través de la aplicación Mosquito Alert (www.mosquitoalert.com)), una plataforma de ciencia ciudadana coordinada por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), el CEAB-CSIC y la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) que se puso en marcha en 2014 para detectar y controlar la expansión del mosquito tigre, que es un quebradero de cabeza en la costa mediterránea, y del mosquito de la fiebre amarilla (Aedes aegypti), que se mantiene fuera de España pese a que en 2017 se había detectado en Canarias.

Además, ya se está trabajando en integrar al Aedes japonicus en esta app, que ha sido descargada por más de 75.000 personas y que tiene un funcionamiento similar a Avisap, la aplicación asturiana que recoge los avistamientos de la avispa asiática (Vespa velutina).

De esa docena de avistamientos confirmados de Aedes japonicus de 2019, la mayoría fueron en Asturias y serán el punto de partida del trabajo de campo que se prevé llevar a cabo este mismo verano, también en Cantabria, dependiendo de la evolución de la actual crisis sanitaria de coronavirus. El biólogo Frederic Bartumeus, director de Mosquito Alert e investigador del CEAB-CSIC y del CREAF, recuerda que en 2018 ya se llevó a cabo una investigación de campo tras aquel primer y sorprendente avistamiento de Aedes japonicus en Anes (Siero), que tuvo lugar en julio y que una vez confirmado se comunicó al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

«Ese mismo verano, durante el muestreo, aparecieron más especímenes en la zona en la que lo había visto el ciudadano que nos hizo llegar la foto, pero también en otros lugares más alejados, lo que nos hizo sospechar que a lo mejor el Aedes japonicus ya llevaba un tiempo en Asturias», dice Bartu

meus, que explica que este mosquito ya está incluido en el plan nacional de vigilancia de arbovirosis que puso en marcha el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias para dar respuesta a las enfermedades emergentes transmitidas por mosquitos del género Aedes.

El japonicus, que pica a humanos y a animales por igual, presenta un riesgo menor para las personas que sus otros compañeros de género, pero visto lo ocurrido con el SARS-Cov-2, toda labor de prevención en materia de salud pública se hace imprescindible en un escenario como el actual.

¿Cómo llegó el Aedes japonicus a Asturias?

Este mosquito, originario de Japón, Corea, Taiwán, el sudeste de China y el este de Rusia, se ha ido expandiendo desde los años 90 a nuevas zonas geográficas. En Europa fue detectado por primera vez en el año 2000 en el norte de Francia, en donde consiguió ser erradicado, pero desde entonces ha ido ganando terreno hasta asentarse en el centro de Europa. En la actualidad, está establecido en Austria, Eslovenia y regiones de Italia, Alemania, Bélgica, Suiza y Francia.

A Asturias pudo haber llegado de diferentes maneras que, de momento, son hipótesis. «Primero -dice Bartumeus- se tienen pistas de otras especies y o bien ha llegado en la fase de huevo por ejemplo por mar, a través del transporte marítimo de mercancías de bromeliáceas, de plantas exóticas o de ruedas». El comercio internacional de neumáticos es uno de los mecanismos de transporte que más han utilizado estas especies invasoras para desplazarse fuera de sus territorios de origen. Al estar asentado desde hace años en zonas del centro de Europa tampoco se descarta que llegara a Asturias a través del transporte europeo de mercancías, también en la fase de huevo.

«Luego hay otro mecanismo en la fase de adulto, que hemos estado estudiando para el mosquito tigre, que es el coche. La invasión de mosquito tigre en España y en toda Europa ha ido muy asociada a las carreteras», explica Bartumeus, indicando que es otra de las posibles vías de entrada si el Aedes japonicus se comporta de forma similar al mosquito tigre.

De ahí que, para averiguarlo, sea tan importante llevar a cabo los muestreos que se realizarán este verano en los lugares en los que se han avistado mosquitos. También será determinante por ejemplo el análisis genético de las poblaciones detectadas en Asturias, que podrían ser similares a las del centro de Europa o a las originarias de Asia. «Conocer su firma genética nos daría pistas sobre estos primeros individuos que han aterrizado en Asturias, que a lo mejor ya no son tan pocos e incluso puede que lleven unos cuantos años en la zona. Este tipo de estudio nos puede ayudar a entender sus mecanismos de dispersión tanto en la fase de huevo como en la fase adulto».

¿Por qué en Asturias y no en otra región?

El Aedes japonicus no es tan urbanita como el mosquito tigre o el de la fiebre amarilla, que han cambiado su jungla tropical original por la jungla del asfalto que son las ciudades. El hábitat idóneo para el mosquito japonicus son los ambientes húmedos y las zonas más rurales y arborícolas y, en Asturias, ha aparecido sobre todo en bañeras recicladas como fuentes de agua para el ganado. En todo caso, es cierto que podría haberse asentado en cualquier otra comunidad del norte que comparte paisaje agrícola y húmedo como Asturias y, en este sentido, no se descarta que puedan aparecer, durante los muestreos, poblaciones en otras provincias como Galicia o el País Vasco.

«Las zonas del centro de Europa en las que se ha localizado no son tan urbanas, sino más boscosas y agrícolas», indica el director de Mosquito Alert, que señala que precisamente esta característica podría confinar en cierto modo su expansión y, de hecho, es otra de las cuestiones que se pretende estudiar este verano. Por otro lado, otra característica que podría ayudar a su expansión es que aguanta temperaturas más frías y «no es tan veraniego como el mosquito tigre, que cuando llegó a España en 2004 desaparecía al llegar noviembre» y, ahora con el aceleramiento del cambio climático, «lo tenemos ya hasta Navidad».

¿Cómo se puede controlar en Asturias?

Bartumeus considera que existe margen para intentar controlar la población de este mosquito en Asturias pese a lo complejo que está resultando en otros países europeos en los que lleva más de una década ganando terreno. «El objetivo debería ser tratar de minimizar las poblaciones cada verano y tenerlas controladas, haciendo análisis de seguimiento para averiguar su mecanismo de dispersión y localizarlas de la manera más anticipada posible», indica, considerando que en los municipios en los que se detecten poblaciones de este mosquito, lógicamente, debería disponerse de los recursos necesarios, de mano, para llevar a cabo campañas informativas sobre esta plaga. Así el círculo de colaboración entre la ciudadanía y los científicos, tan fundamental en cualquier tipo de vigilancia entomológica, funcionaría de manera eficaz.

«Los entomólogos van muestreando donde pueden, pero un invasor que está colonizando de forma incipiente una zona es muy difícil de rastrear sin la colaboración ciudadana», recuerda Bartumeus. La aplicación Mosquito Alert, que se descarga en el móvil para enviar fotografías que son geolocalizadas de forma directa y validadas con posterioridad por expertos, es una ventaja en ese sentido: «Cuando apareció el mosquito tigre en España en 2004 no teníamos esta aplicación, pero ahora nos permite avanzar muchos años muy rápido para controlar la población».

¿Qué hacer si se detectan larvas?

Bartumeus señala que el tratamiento de este tipo de mosquitos Aedes se tiene que realizar en la fase larvaria, más si se tiene en cuenta que una hembra puede generar hasta 100 huevos que, en apenas una semana o 10 días, serán un centenar de adultos más. En Europa, ante este mosquito, se emplean unos tratamientos específicos que no afectan a otras especies, pero estos larvicidas tienen que ser aplicados, por su complejidad, por personas capacitadas.

El director de Mosquito Alert aporta, en todo caso, una solución en caso de encontrarse larvas del mosquito en las bañeras recicladas que acumulan agua: retirarlas con la ayuda de un salabro y tirarlas a una zona seca, lejos de la humedad. «O gestionar de alguna manera esas bañeras que acumulan el agua de lluvia, intentando vaciarlas o que el ganado no esté ahí, que es algo más complicado», señala.

Aún así, recuerda que el hecho de que el Aedes japonicus esté asentado en Asturias es una realidad que hasta ahora no se daba y que, precisamente porque «antes no existía este problema pero ahora sí», la Administración autonómica tendría que empezar a plantearse establecer una serie de medidas higiénicas en el tratamiento de las aguas que se acumulan en estos bebederos y lugares similares para contener la expansión de esta nueva plaga.

«La gestión de los mosquitos es un problema sanitario, científico y ciudadano; son las tres patas fundamentales como estamos viendo con la pandemia de Covid». Y, sin duda, una de las lecciones que deja esta crisis sanitaria sin precedentes es la necesidad de que los territorios estén preparados y prevenidos ante futuras epidemias de cualquier tipo y origen que pueden aparecen de un día para otro. «Antes de 2004, con el mosquito tigre, teníamos una probabilidad cero de transmisión de cualquiera de estas enfermedades y ya no es así. La probabilidad crece y hay que vigilarlo. Ese es el mensaje: no podemos dejar a estos insectos ir proliferando de cualquier manera, sino que hay que invertir en el control y en la gestión de estas poblaciones de presuntos nichos de enfermedades que afectan a la salud pública».

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