Cancelaciones turísticas y detección de puntos calientes: así reacciona el oriente a la alerta naranja

Los ayuntamientos se reúnen con Salud para tratar de controlar las aglomeraciones en los puntos más conflictivos. Los hosteleros critican la alarma generada por el Principado y tachan la medida de «bofetada» al sector

Turistas descendiendo el Sella
Turistas descendiendo el Sella

Redacción

División de opiniones. Como ante cualquier decisión polémica, el anuncio del Principado de decretar la alerta naranja en cinco concejos del oriente -Llanes, Ribadesella, Cangas de Onis, Cabrales y Parres- no ha dejado indiferente a nadie. La medida ha sido apoyada por los alcaldes de los concejos implicados, con la excepción de Llanes, que la ha criticado con contundencia, y los hosteleros la tachan de «bofetada» al sector. 24 horas después, la medida ya tiene efectos: los empresarios hablan de «un ritmo brutal» de cancelaciones de reservas para el mes de septiembre y los ayuntamientos se afanan en detectar «puntos calientes» en los que intentar controlar las aglomeraciones y frenar así la propagación de coronavirus.

Los más críticos con la decisión del Principado han sido los empresarios. José Alberto Concha, presidente de la patronal de hostelería Otea en Llanes, ha defendido que «la salud y la seguridad son prioritarias. Todo lo demás, es secundario». Una vez aclarado esto, ha cargado con dureza contra el Gobierno autonómico, al que acusa de «dar una bofetada al sector». «El ritmo de cancelaciones de reservas para el mes de septiembre ha sido brutal», ha aseverado.

Concha ha calificado la decisión del Principado de «lunar» y de «borrón» en su gestión de la Covid-19. En su opinión, «o hay datos que se nos escapan y saben más de lo que dicen, o choca mucho que justo dos días después de que presenten la campaña turística de septiembre vengan con esto». El presidente de Otea en Llanes ha lamentado que «decretar la alerta naranja significa meter miedo cuando nadie sabe exactamente lo que significa», y ha señalado que «es todo muy incongruente». «A partir de este fin de semana se acabaron las aglomeraciones porque se acaba agosto y aquí ya no queda nadie», ha explicado, motivo por el que «no le veo ningún sentido».

Aunque la alerta ha supuesto «una bofetada», Concha ha afirmado que «no damos la campaña de otoño por perdida porque es una alerta que no se basa en datos, por lo que lo que tenemos que hacer es intentar recuperar la confianza de los turistas y conseguir que vengan».

Tampoco le ha gustado la decisión a Saúl Pascual, presidente de Incatur, la Asociación de empresarios de la Comarca Asturiana de los Picos de Europa, quien ha dejado claro que «no nos parece bien». «No hay ningún tipo de medida restrictiva y lo único que se hace es un mayor control y vigilancia», ha explicado, antes de añadir que «si a eso le llamas alerta, lo que haces es generar alarma».

Pascual ha señalado que «si querías controlar deberías haberlo hecho antes, al principio del verano, y no ahora que ya pasa todo el follón, porque eso tendrá repercusión en el otoño». El responsable de Incatur ha reconocido que la medida «nos está afectando ya. La gente pregunta qué se puede hacer y qué no porque es todo muy confuso». Aunque hasta el momento no conoce casos de gente que haya decidido irse de la zona, sí que tiene claro que «influirá en las reservas del otoño». «Éramos un punto de referencia en España y ahora cambia la visión que tienen de Asturias en el resto de España», ha concluido.

Puntos calientes

Mejor acogida ha tenido la medida entre los alcaldes afectados. Todos han coincidido en señalar que, aunque no es la situación que les gustaría, sí que puede servir para contener la expansión del virus. La excepción es Llanes, que ha vuelto a criticar al Principado. Los consistorios ya han comenzado a reunirse con Salud para detectar los puntos calientes en los que consideran que se debe poner el foco para tratar de evitar las aglomeraciones.

José Sánchez, alcalde de Cabrales, ha calificado la decisión del Principado de «satisfactoria» y ha recordado que, en la práctica, «no supone ninguna restricción, es un toque de atención que da respuesta a las demandas de las empresas que pedían apoyo para que se impulsase una mayor concienciación porque veíamos que había gente que no respetaba las normas». El ejemplo fueron los hosteleros de cinco establecimientos de Bulnes, que el fin de semana pasado acordaron un cierre patronal tras detectar el positivo de un camarero y tener miedo a que la situación se descontrolase.

En cuanto a los puntos calientes, Sánchez ha identificado uno, aunque tiene cuatro ramificaciones. Se trata de Poncebos. Allí empieza la Ruta del Cares, la subida a Bulnes y pasa la carretera que va Sotres y al Urriellu. «El funicular a Bulnes está controlado», ha señalado, ya que «solo pueden subir 28 personas y los trabajadores insisten constantemente para que nadie se quite la mascarilla. El problema es una vez que llegan al pueblo».

Los principales puntos calientes son la ruta del Cares y el Urriellu. «Están masificados», ha reconocido el alcalde, quien ha propuesto a la Dirección General de Movilidad que, con el Plan de Transporte, un autobús pase con asiduidad por los aparcamientos y que ahí se regule la afluencia. Según ha indicado el regidor, el planteamiento ha sido visto con buenos ojos.

El alcalde de Ribadesella, Ramón Canal, ha aseverado que «no tenemos nada que objetar. Si Salud dice que es lo mejor, es porque tienen datos». En cuanto a los efectos que el estado de alerta naranja puede tener para el turismo, ha defendido que «hay una doble lectura. A corto plazo puede asustar a alguien por miedo; pero a más largo plazo contribuirá a crear una zona mucho más segura y limpia». «Si no hacemos nada será mucho peor», ha señalado.

En cuanto a los puntos calientes en el oriente, ha señalado la Ruta del Cares, el Sella, Los Lagos de Covadonga y las playas. Pero también ha defendido una mayor coordinación entre ayuntamientos porque «lo que no puede ser es que, por ejemplo, nosotros suspendamos el mercado y los de al lado lo celebren. Eso sería muy difícil de explicar».

Por su parte, el concejal de Hacienda de Parres, Víctor Caldevilla, ha señalado que «aunque no es una cuestión agradable, entendemos que la prioridad es la salud pública y por eso nos ponemos a disposición de lo que diga la autoridad en esa materia». En este caso, la consejería de Salud.

El punto caliente en ese concejo es el Sella. Caldevilla ha aclarado que «la actividad de bajar el Sella en sí mismo no tiene riesgos, porque hay distancia suficiente con la gente, menos con el que compartes la piragua, y estás al aire libre». El problema, ha detallado, es «la situación previa, la bajada al río, y el traslado una vez que finaliza la actividad». Aunque el concejal ha defendido que «la mayoría de los empresarios lo está haciendo bien, nos preocupa que alguno pueda no hacerlo, y eso es lo que tenemos que vigilar».

Caldevilla ha señalado que la alerta no tiene que significar necesariamente una caída del turismo, pero ha dejado claro que «la prioridad debe ser la salud». «Si hay que sacrificarse ahora para evitar que volvamos al confinamiento, lo entendemos», ha afirmado.

Críticas de Llanes

El Ayuntamiento de Llanes ha solicitado conocer los criterios técnicos y sanitarios por los que el Gobierno asturiano ha incluido al municipio en el grupo de territorios que están en alerta naranja por el nuevo coronavirus.

«¿Por qué se decreta el estado de alerta naranja ahora cuando prácticamente ha finalizado el mes de agosto, el más fuerte del año desde el punto de vista turístico, y los visitantes han comenzado a irse?», se preguntan desde Llanes, donde lamentan la «inquietud generada» y los efectos que va a tener para el concejo. 

La situación, en cifras

Salud ha detallado que el foco de la escuela de surf de Llanes tiene contabilizados 26 contagios; el del camping de Ribadesella, 14; y cada uno de los brotes de Cabrales y Parres acumula diez. Los positivos en estos concejos han ocasionado la trasmisión del virus a personas de otros municipios y comunidades.

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