La Nochevieja más peculiar de un restaurante asturiano

Así celebra la última noche del año Marcos Granda, el dueño de Skina, con dos estrellas Michelin

Marcos Granda, en Skina
Marcos Granda, en Skina

La cena de Nochevieja en Skina, el restaurante dos estrellas Michelin que regenta en Marbella el asturiano Marcos Granda, se ha convertido en el punto de encuentro en el que cada año se reúnen cuatro familias -dos españolas, una sueca y una belga- para dar la bienvenida al año nuevo «en familia y como en casa».

Desde hace seis años en Nochevieja cenan este reputado restaurante marbellí los mismos comensales, que regresan atraídos tanto por la propuesta culinaria del establecimiento como por el agradable ambiente que se ha creado en torno a esta celebración, señala a Efe su propietario.

Marcos Granda
Marcos Granda

Miguel y Pepa llegan desde Madrid para pasar las fiestas de Navidad en Marbella, Antonio se desplaza con su familia desde Sotogrande (Cádiz) y Marleen y su marido vienen desde Bélgica; para ellos cenar en Skina y brindar junto a su equipo se ha convertido en su particular tradición.

Además, tomar las uvas en este dos estrellas Michelin «les ha traído suerte» y no quieren acabar con una costumbre que podría poner fin a su «buena racha» -comenta entre sonrisas Granda- y ese es otro de los motivos por los que vuelven a vivir las campanadas en este establecimiento en el que los consideran como «parte de la familia», añade.

Caviar, bogavante y champán 

Cabe destacar que para la última cena de 2020 Skina apuesta por una experiencia gastronómica con elaborados platos de una opción que actualmente tienen en carta -el menú «Producto de Temporada»- acompañados por exclusivos vinos y la calidez de un ambiente «familiar», indica el restaurador asturiano.

Caviar, bogavante azul, trufa negra, lubina o solomillo de venado regados con una magnífica bodega y un exquisito champán Pommery conforman la propuesta de la velada más celebrada del año en la que sus anfitriones han querido tener un detalle con sus clientes más fieles, apunta Granda.

Este acogedor rincón en el casco histórico de Marbella cuenta con un pequeño y coqueto comedor en el que apenas hay cabida para cuatro mesas -ya de por sí bastante separadas- por lo que no se ha visto afectado por las restricciones de aforo establecidas por las autoridades a causa de la pandemia, confirma el propietario.

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