Un gijonés en el ensayo de Janssen: «Si podemos hacer algo para ver a la familia, después de un año, debemos hacerlo»

El asturiano Iñaki Aldecoa, que vive en Bélgica, se presentó como voluntario para participar en el ensayo clínico de la vacuna que realiza la compañía farmacéutica de Johnson & Johnson en Europa

Dosis de la vacuna contra el coronavirus
Dosis de la vacuna contra el coronavirus

Redacción

La campaña de inoculación está arrojando luz para poner fin a la pandemia. Las vacunas de las distintas farmacéuticas -Pfizer, Moderna y AstraZeneca, aunque llegaron a trompicones, permitieron ir inmunizando a la sociedad. La siguiente que se prevé su incorporación es la de Janssen, de Johnson & Johnson en Europa. Por el momento, se encuentra en ensayo clínico y cuenta con 30.000 voluntarios. En la lista de personas que han levantado la mano para probar la preparación se halla el gijonés Iñaki Aldecoa. «Me lo comentó un compañero de trabajo y no lo pensé mucho porque si lo hubiera hecho, igual no hubiera participado», ha reconocido en declaraciones a la SER.

Aldecoa vive en Bélgica desde 2013 y en el momento que le plantearon participar en el ensayo no lo dudó ni un instante porque considerar que es «fundamental» vacunarse. «Llevo más de un año sin ir a España por respeto a mi madre ya que es mayor. Si podemos hacer algo para ver a la familia, a los amigos y acabar con esto, yo creo que todos debemos hacerlo», ha reflexionado. El ensayo clínico empezó el pasado viernes 12 y en el momento que le inyectaron la primera dosis reconoce estar muy nervioso. «Me enteré tres días antes. En los días anteriores y posteriores estaba tranquilo y no es que dudara, porque estaba muy convencido, pero, en el momento, si pensé ¿qué haces aquí?», ha contado.

El desgaste tan fuerte psíquicamente, después del inicio de la pandemia, también fue uno de los motivos por los que Iñaki ha decidido ofrecerse como voluntario. En Bélgica llevan mascarilla durante toda la jornada laboral. Sin embargo, por la calle no es obligatoria, solo en las zonas muy transitadas y a la hora de entrar en comercios o supermercados. Además, su vida se ha convertido en una auténtica rutina: de casa al trabajo y a hacer la compra.

«El fin de semana hago algo de deporte, pero nada más porque en casa tampoco puedes recibir amigos como antes. Me queda leer mucho, escuchar música y ver series de televisión», ha explicado. Su única vía de escape era Gijón. «Normalmente íbamos, por lo menos, un mes al año para ver a la familia, amigos... y desconectar. El no poder hacer eso, unido a que aquí tampoco puedes hacer nada porque bares y restaurantes están cerrados desde octubre, lo acabas pagando. Noto la cabeza cansada», detalla.

Por ello, no ha dudado en formar parte del ensayo. Desde un primer momento ha contado con el apoyo de su familia, aunque de no ser así hubiese seguido adelante porque «soy muy cabezón». Su madre incluso le dijo que «más tonto no me iba a quedar», ha reconocido entre risas. Tener el beneplácito de sus seres queridos también le sirvió para mucho. «No es lo mismo tener que dar explicaciones a que toda tu familia te diga, adelante», agradece. Ahora a Iñaki tan solo le queda poner la segunda dosis de la vacuna y a partir de ahí empieza un proceso de control de dos años, donde tendrá que hacer cinco visitas presenciales y dos telefónicas.

Al mismo tiempo, seguirá pendiente de la actualidad española sobre el coronavirus como lo ha hecho durante estos meses. Aunque la pandemia «es más o menos en todos los países igual», considera que «somos un desastre. En España hay mucha gente que sigue las normas, pero somos muy egoístas y aquí es parecido. El día que iban a cerrar los bares pregunté a un compañero de trabajo y me dijo que todo el mundo estaba en la calle», ha sentenciado.

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