El agujero negro de tu bolsa negra

Los asturianos tiramos cada año unas 11.700 toneladas de alimentos en un aparente buen estado al vertedero de Cogersa. La Alianza contra el Hambre y la Malnutrición de España analiza las ayudas a colectivos desfavorecidos, con déficits de coordinación y poca atención a las nuevas formas de la pobreza

Contenido de la bolsa negra caracterizado
Contenido de la bolsa negra caracterizado

Una media de 11.700 toneladas de alimentos en buen estado se va cada año directamente al vertedero de Cogersa en la bolsa negra, es decir, en la de la fracción resto de la que no se recupera nada. Esta cantidad equivale al 3,08% del total, unas 380.000 toneladas al año. Estas son las conclusiones del último estudio de caracterización de la fracción mezcla que lleva a cabo el Consorcio como parte de los proyectos SmartWasteCollection y coPereda2020, ambos financiados por el programa de proyectos tractores o diferenciales del Instituto de Desarrollo Económico del Principado (IDEPA). «Seguramente podría ser más, son alimentos que aparentemente con una adecuada gestión, se habrían podido aprovechar en origen», comenta José Manuel González, jefe de I+D+i de Cogersa, que es el departamento que dirige la llamada caracterización de la bolsa negra; un trabajo estadístico que el consorcio viene realizando desde 2006 de forma periódica.

Como resultado de esta caracterización se sabe que el 34% del contenido de la bolsa negra es materia orgánica, en gran parte comida que adecuadamente gestionada en origen podría haber sido consumida, si no en ese origen, sí en cualquier otro a través de diferentes proyectos existentes de donación de alimentos. Es en esta línea donde encaja Coomida, una aplicación informática que ha merecido la atención de la estrategia española «Más alimento, menos desperdicio» y del proyecto europeo REFRESH. Esta iniciativa puede ser aprovechada por aquellas ONGs beneficiarias del Banco de Alimentos de Asturias, que pueden utilizarla como canal directo de comunicación con las organizaciones (tiendas, supermercados, hostelería…) que deseen donar alimentos en buen estado.

El reparto de alimentos frescos, una de las asignaturas pendientes

El aprovechamiento de alimentos frescos dentro de las diferentes iniciativas de ayudas alimentarias a colectivos en riesgo de exclusión social es uno de los puntos pendientes por la falta de una logística o de fórmulas que permitan esta donación, para no se creen «nuevos excedentes» o que acaben en la basura. Uno de los mejores ejemplos es el pescado que los supermercados se ven obligados a desechar casi a diario, aún estando en buenas condiciones para ser consumido.

Este es uno de los aspectos abordados en la presentación de la guía La ayuda alimentaria a debate presentada por la Alianza Contra el Hambre y la Malnutrición (ACHM), junto con la Fundación Alimerka, a modo de conclusiones de los IV Encuentros nacionales celebrados el pasado mes. En ella se muestran las principales debilidades de los sistemas de asistencia alimentaria actuales que son, según se recoge en la publicación, «la multiplicidad de las ayudas, la pérdida de autonomía de los beneficiarios y la posible cronificación de la pobreza». Ante ellas se plantea algunas medidas como aumentar la coordinación entre los agentes, personalizar la atención a cada solicitante así como complementar la ayuda con programas de educación nutricional, como explicó la coautora, Andrea Suárez.

Suárez destacó la diferencia entre las ayudas de emergencia, «que deben darse siempre», y las ayudas a largo plazo, que evitan el riesgo de exclusión social pero que tienen el riesgo de cronificar la pobreza y que favorece, en cierta medida, la imagen estereotipada de las personas pobres. La coautora destacó la necesidad de que los diferentes agentes como servicios sociales, atención sanitaria y otros, «estén muy atentos para detectar nuevos colectivos en riesgo, como los ‘pobres vergonzantes’, los que no piden ayuda aunque la necesiten por vergüenza. De ahí la importancia de la coordinación entre ellos para poder ayudar de una manera global, no sólo quitando el hambre primaria, sino otras necesidades». Este análisis revela la existencia del hambre oculta, que aparece en los menús que reciben estos colectivos, mal elaborados o sin las aportaciones de nutrientes necesarias. «Se trata de un aprendizaje constante», apuntó.

La guía señala a este respecto la existencia de nuevas demandas con carácter heterogéneo, presentando nuevos rostros de la vulnerabilidad o la «nueva pobreza» que se agudiza con las crisis de finales del siglo XX y principios del XXI. Recuerda también que, como ya se concluyó en el encuentro celebrado en 2013, «la malnutrición se está desplazando hacia la obesidad detectada en colectivos con privación material o pobreza», la obesogenia, como ya se da en llamar. Un dato paradójico recogido en el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud (2012) que señala un mayor riesgo de obesidad en personas con un nivel socio-económico bajo. Se contribuye de esta manera no sólo al estigma social, sino también al de la salud.

También se da el caso de la incorrecta selección de destinatarios, quedando excluidos de estas redes colectivos de ámbito rural, personas mayores, jubilados sin redes de apoyo social o los trabajadores pobres. Completa este aspecto la desconexión de otras formas de ayuda no institucionalizadas y multiplicidad de ayudas, dándose a veces el caso de duplicidad de ayudas a un mismo colectivo, por esta falta de coordinación.

De esta manera entre las conclusiones que recoge la guía se extrae la importancia de gestionar todas las ayudas de manera global e integral, teniendo en cuenta que la pérdida del derecho a la alimentación conlleva, en muchos casos, la pérdida de otros derechos como a un trabajo digno, a una vivienda digna o a una formación adecuada, dando lugar a estigmatizaciones sociales y saludables, colocando a los individuos en situaciones muy comprometidas, como es la exclusión social.

Ayudas frente a asistencia alimentaria

Las diferentes ayudas que hoy día se conceden se pueden agrupar en varias categorías teniendo en cuenta el emisor o donante y al receptor. Las ayudas pueden venir de lo público, de organizaciones no gubernamentales, de empresas o de carácter informal, es decir, gestionadas por personas o movimientos populares ante noticias o mensajes de la opinión pública  para organizar campañas de recogida y donación directa, tipo operación Kilo y similares. Pero también puede provenir por personas usuarias y concienciadas con el despilfarro alimentario que utilicen diferentes iniciativas o plataformas, como la ya comentada de Coomida o la Nevera solidaria, una iniciativa ciudadana que surge en Galdakao y que ya tiene implantación en diferentes localidades del estado. Se trata de un proyecto contra el despilfarro alimentario poniendo comida a disposición de otras personas que, de otra manera, acabarían en el vertedero.

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