La Pizarra: Algo más que tres puntos

Análisis del partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela, durante el encuentro frente al Albacete
Anquela, durante el encuentro frente al Albacete

Oviedo

Nota: 6, bien.

Con 12 jornadas y 36 puntos por disputarse hablar de finales suena un poco precipitado, pero estaba claro que el Real Oviedo-Granada de ayer no era un partido más. En una jornada con varios duelos directos en la zona alta, carbayones y nazaríes querían acabar con sus respectivas malas dinámicas sumando una victoria que les asentara en el playoff. Y esa victoria cayó del lado local.

El Granada, sin grandes alardes, se mostró como un equipo a tener en cuenta en el Carlos Tartiere. El municipal ovetense no veía a su equipo ser inferior a su rival desde aquel primer tiempo ante el Lugo. Los de Oltra, con menos brillo en ataque que los lucenses, estuvieron cómodos la mayor parte del encuentro, pero este deporte caprichoso no entiende de merecimientos. Con más oportunismo que buen juego, el Real Oviedo remontó y dio carpetazo, en lo que a puntaje se refiere, con las cinco semanas de malos resultados. Otra Liga empieza. 

El aspecto táctico

Juan Antonio Anquela jugó al despiste en la rueda de prensa del viernes y optó por juntar a Fabbrini, Aarón y Saúl en ataque, manteniendo el esquema habitual y dejando a Steven en el banquillo. Además, Cotugno ejerció de carrilero derecho y McDonald Mariga volvió al once cuatro meses después en sustitución de David Rocha.

Como dijo Oltra por semana, la delicada dinámica con la que ambos equipos llegaban al encuentro de ayer se trasladó al terreno de juego. Ni Oviedo ni Granada conseguían plasmar su idea inicial, convirtiéndose el partido en un continuo ir y venir de balones aéreos y segundas jugadas que nadie ganaba. Los visitantes buscaban continuamente el uno contra uno de Machís en banda izquierda, mientras que los locales no sacaban partido al trío ofensivo por el que se había apostado.

Fue entonces cuando Machís encontró en Montoro al socio que le faltaba para hacer daño a la zaga azul. El mediocentro valenciano se hizo con el control de la medular y el venezolano comenzó a hacer mucho daño en el flanco derecho oviedista, buscando la espalda de Cotugno y midiéndose a campo abierto a un Carlos en clara desventaja. El 0-1 llega así.

Sin tiempo para disfrutarlo, el fútbol le dio una bofetada de realidad al Granada cuando Javi Varas, recogiendo una dejada de Chico, dejó muerto el balón para que Carlos lo rebañara y Forlín lo transformara en el empate. El gol de la fe.

Ya en el segundo tiempo el Real Oviedo quiso llevar la iniciativa desde el principio. Carlos y Forlín se pusieron el mono de trabajo y pusieron la verja al área de Alfonso Herrero, Mariga y Folch comenzaron a imponerse en la medular y Saúl Berjón, ayer capitán, apareció en el campo del Granada. Si bien un dibujo con 'falso nueve' necesita más juego que empuje, al Oviedo le valía para dar sensación de peligro.

Anquela le imprimió otro aire tanto al ataque como al Carlos Tartiere con la entrada de Steven Prieto, que no necesitó casi nada para marcar el gol soñado: jugada que cocinaron entre Folch y Mariga, con un leve toque Berjón verticaliza todo y, tras su clásica asociación con Mossa, el valenciano pone un precioso balón para que Steven remate a bocajarro. Javi Varas logró tocarla, pero su despeje lo empujó a la red el ariete ovetense. Delirio en el césped... y en la grada.

El 2-1 obligó al Granada pero Machís no encontraba los espacios del primer tiempo y solo a base de centros laterales el balón llegaba a las proximidades del área azul, momento en el que la zaga carbayona se encarga de evitar males mayores. El partido murió en campo del Granada y el oviedismo respiró.

Tres puntos que deben significar algo más. El juego no fue el mejor y siguen existiendo ciertas carencias, pero sumar una victoria en este momento y ante este rival era clave. Anquela tiene trabajo, pero todo es más fácil ahora. 

Los cambios

Como ya pasó en su debut ante el Valladolid, Stven Prieto se disfrazó de revulsivo y su entrada repercutió desde el principio en el marcador. Marcó el 2-1 en el primer balón que tocó y dio otro aire a un ataque azul que llevaba varias semanas siendo gris. El canterano aprovechó las ausencias de Toché y Linares y demostró que se puede contar con él desde ya. Ahora es el turno del míster.

Viti, otro producto de El Requexón, sustituyó a un extasiado Cotugno y cumplió a la perfección con su cometido, ser intenso en la presión y vigilar su espalda. El último cambio fue Varela, que saltó al césped por Berjón en los minutos finales pero no puedo entrar casi nada en juego.

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