Champagne: «Siempre fui de poner al grupo por encima de lo individual»

La Voz de Asturias entrevista al portero argentino del Real Oviedo

Champagne en El Requexón
Champagne en El Requexón

Oviedo

Nereo Champagne (Salto, Buenos Aires, 1985) transmite una seguridad propia de los porteros veteranos. El argentino, que hasta el momento solo ha podido defender el escudo del Real Oviedo en Copa del Rey, representa esa figura reposada y analítica capaz de dialogar sobre cualquier tema que le echen a la cara. 

-A qué edad comienza a jugar a fútbol y cuándo se da cuenta de que lo suyo es ser portero.

-A mí siempre me gustó el fútbol. A los cinco años en casa de mi abuela coincidía con otro niño, Gustavo, un amigo que se crió con la familia. Él era más grande que yo y era delantero en el Sports Salto. Agarró al nieto más grandote para jugar [risas] y me ponía en el arco para patear. Jugaba todo el día con él y luego fiché también por el Sports Salto. Jugué un partido y al segundo faltó el portero, dije que yo quería atajar y ahí me quedé.

-¿En qué momento se da cuenta de que podía dedicarse a esto?

-Pronto. Me gustaba mucho ir a entrenar e ir a jugar. Era mi prioridad. A los 12 años o así ya me sentía portero y mi idea era ser futbolista en un futuro.

-¿Quién era el ídolo de aquel niño de 12 años?

-En ese momento miraba mucho a 'El Mono' Montoya (Boca) y a 'El Mono' Burgos (River). A mí siempre me gustó mucho el fútbol y me fijaba en todos: Chilavert, Mondragón, Roa cuando estaba en Lanús…

-Pasó por las categorías inferiores de San Lorenzo, ¿se hizo hincha?

-Con los años me fui haciendo hincha, sí. Llegué en el 2000 y estuve ligado hasta hace un par de años. Viví cinco años en la academia del club cuando era un chaval, ya que me fui de casa a los 15 años. Conocía a todo el mundo allí.

-Y llega al primer equipo.

-Claro, luego tuve esa suerte. Viví momentos buenos como salir campeón, otros no tan buenos como luchar por el descenso. Viví de todo.

-¿Cómo es jugar para San Lorenzo?

-Buf, es impresionante. Lo bueno es que como empecé a ir de chico pues te vas adaptando al ambiente, ya sabes lo que te puedes encontrar. Vi salir campeón a San Lorenzo siendo recogepelotas, luego me tocó como jugador. Jugar en ese estadio y con esa afición es impresionante.

-Es una afición muy especial, ¿no?

-Totalmente. Lo más especial que tiene San Lorenzo es su masa social. El club estuvo a punto de desaparecer en el 2000 y la gente lo impidió. Siempre fue un club con mucho arraigo social. Por eso van a volver a Boedo (barrio de Buenos Aires).

San Lorenzo tiene el estadio en otro lado porque el anterior se lo expropiaron con unas promesas que nunca se cumplieron. Instalaron un supermercado. Ahora, gracias a la fuerza de la gente, se han recuperado los terrenos y en poco tiempo tendrán el nuevo estadio. Para los que vivimos el club, ganar la Libertadores fue algo impresionante, pero la vuelta a Boedo para mí vale más que cualquier título.

-Hablando de aficiones, ¿qué opina un argentino como usted del ambiente que se vive en los campos españoles?

-Siempre me dijeron que el ambiente español era más tranquilo, pero a mí me gusta. Se disfruta el fútbol. Y como argentino tengo una envidia sana. Nosotros tenemos la pasión de las hinchadas y tal, pero aquí también hay pasión, con cultura y educación.

Aquí se puede ir a ver el fútbol como visitante y allí no. Y eso es una de las mejores cosas de esto, viajar con tus amigos, compartir un día para ver a tu equipo. En Argentina eso lo perdimos. Como padre lo valoro mucho porque puedo ir con mi hijo a cualquier cancha. Esa es para mí la verdadera pasión.

-¿Cómo ha sido la adaptación a Oviedo y qué tal se encuentra usted y su familia?

-Obviamente todo lleva un proceso de adaptación, y más con familia. Una vez que empieza el colegio todos nos acomodamos y empezamos a disfrutar de la rutina. Estamos fenomenal. La ciudad es muy linda. A pesar de que llueva la gente sale igual, no se detiene nada y eso se contagia.

Me río mucho con mi mujer porque en los días fríos salimos de casa abrigados con el gorro y las botas y ves a la gente de manga y pantalón corto. El ejemplo más claro es Silvino [risas]. Me gusta ir a ver a mi hijo entrenar a la Escuela del Real Oviedo y hablar con la gente, más allá del fútbol en sí. Charlo mucho con los padres del colegio. Estamos todos muy contentos.

-De momento no le está tocando jugar. ¿Cómo lleva esta situación?

-Son cosas del fútbol. Primero de nada uno tiene que hacer todo lo posible para jugar. Entrenar e irse a dormir tranquilo sabiendo que hiciste bien tu trabajo. Luego ya son decisiones del míster. Esto es fútbol y nuestro puesto es muy especial. Somos tres y uno juega y los otros tenemos que apoyar, en este caso a Alfonso.

Yo siempre fui de poner al grupo por encima de lo individual. Si se cumplen también mis objetivos personales muchísimo mejor, pero primero que se cumplan los del equipo.

-¿Cómo afronta cada entrenamiento?

-Ahí estamos, en esa lucha diaria de tratar que nadie se caiga, de que todos estemos a pleno rendimiento para entrenar y lo hagamos con alegría. Me está tocando aportar desde fuera y lo asumo.

-Carlos Sánchez (entrenador de porteros en el Leganés) me dijo que su mayor virtud era estar preparado siempre que el equipo le necesitaba. Eso lo da el trabajo en el día a día que usted menciona, imagino.

-Es que el puesto es eso. Juega uno y el otro tiene que esperar y estar preparado porque nunca sabes cuando te puede tocar. Puede ser mañana, pasado o en un año. Carlos es una gran persona, fue mi primer entrenador específico de acá y me ayudó mucho.

-Su Copa del Rey del año pasado es un buen ejemplo.

-Claro. Me preparé sabiendo que me tocaría la Copa, cada partido para mí era la final del Mundial. Sabía que si quería seguir jugando el equipo tenía que ganar y por suerte desde la primera eliminatoria (vs Valladolid) fue bien. Luego eliminamos a Villlarreal, Madrid y perdimos contra el Sevilla en la semifinal. 

-¿Los años ayudan a asumir estas situaciones propias de la posición?

-Sí sí, clarísimo. Los años ayudan a uno a mantener la calma, a saber que son momentos que hay que pasar y que hay que estar preparado psicológicamente. Jugar o no jugar no es la vida y la muerte.

-¿Es posible la amistad entre dos porteros que compiten por un puesto?

-Sí, por supuesto. Obviamente hay una sana competencia, pero después la amistad es posible. Esto no deja de ser un juego. Yo si algún día me toca entrar quiero que sea por mi buen rendimiento y no porque le ocurra algo al otro portero.

-¿Le han sorprendido Alfonso y Gorka?

-La verdad es que sí. Son dos arqueros buenos, jóvenes y fuertes. Entrenan y compiten muy bien.

-¿Cómo está viendo al equipo desde la banda?

-Desde fuera lo ves todo un poco más tranquilo. Nos está faltando un puntito de maduración. El equipo tiene una base del año pasado pero ha incorporado nuevos jugadores, sobre todo en el centro del campo, que es donde se cocina el fútbol. Y eso lleva tiempo. También hay que decir que en este deporte el tiempo apremia y uno quiere conseguir resultados ya.

-Desde el principio se dijo que era una plantilla corta pero con muchos buenos jugadores.

-Los que van entrando aportan, y eso es muy importante en un equipo. Que el que está en el banco le toque entrar a la cancha y aporte, como ya hicieron Ibra, Javi Hernández y demás, desde mi experiencia es porque la cosa va bien.

-Jugó en la Segunda argentina y ascendió con Olimpo. Este es su primer año en la división de plata española. ¿Qué impresión le está dando?

-Tiene un gran nivel. No me sorprende porque ya el año pasado veía que era muy pareja y que había buenos equipos y jugadores. Por algo los goleadores de la 17/18 están arriba. Que la Primera, con todos sus recursos, mire también a la Segunda para fichar es porque hay mucho nivel. Al ser muy igualada en el tema de los presupuestos, los partidos también lo son. Cualquiera puede ganar a cualquiera y eso me gusta.

-El equipo está teniendo problemas en la defensa del balón parado. Siendo portero, ¿qué le parece este aspecto?

-A veces son rachas, incluso más de la mente que de lo futbolístico. Igual cuantas más vueltas le damos es peor. Al equipo no es que le rematen 25 veces en cada partido, no es así. Son ocasiones escasas y lamentablemente nos está tocando la mala racha. Pero creo que cambiará. Con concentración y sin volvernos locos, porque podemos crear una psicosis y en cada centro parece medio gol. Al contrario. Dar confianza y tranquilidad hasta que se revierta la situación.

-Se habla de muchas formas posibles de defender este tipo de jugadas. Una es bajar la línea de la defensa hasta situarla muy cerca del portero, ocupando casi el área pequeña. Como hace el Dépor. ¿Qué le parece?

-Esto es cosa de cada técnico. El fútbol es tan diverso que nadie tiene la verdad. A todas las defensas le hicieron goles y todas defendieron bien. Me ha tocado jugar con marcas en zona casi en el área chica, otras individuales a la altura de la barrera… Ninguna es 100% eficaz.

-¿Tiene la sensación de que los porteros que salen ahora tienen muchas cosas buenas pero que casi ninguno domina el juego aéreo? ¿Es algo que se está perdiendo en beneficio de otras facetas?

-El fútbol evoluciona mucho, empezando por el propio balón. Antes pesaban medio kilo y cuando la pateaban tardaba en caer. Ahora pesan 250-300 gramos y es muy distinto. El juego también evoluciona, todo es más rápido. Ya no hay centros de mucha altura, esos que daban tiempo al portero a calcular. Ahora son tensos y por delante de la defensa.

Todos estos factores hacen que parezca que el portero domina menos esa faceta. Pero yo creo que al final los arqueros dominan el espacio que tienen que dominar, que es el área chica, no mucho más.

-¿Qué portero le gusta en la actualidad?

-Ter Stegen es de lo más completo. No solo el juego de pies, bajo palos es muy fuerte e inteligente. Oblak también, en otro tipo de juego y de equipo, que tampoco es fácil. El puesto es muy diverso y los porteros se tienen que adaptar a sus equipos. Courtois el juego aéreo lo domina muy bien y el fuerte de Keylor es más bajo palos. Para mí, porteros que juegan en equipos grandes siempre tienen un plus.

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