La Pizarra: Asomando la patita

Analizamos en cinco claves el empate del Real Oviedo ante la UD Las Palmas

Juan Antonio Anquela en el Gran Canaria
Juan Antonio Anquela en el Gran Canaria

Oviedo

«En Riazor jugamos bien pero nos cayeron varios cada vez que llegaron. Hoy jugamos igual, teniendo la pelota y queriendo llegar arriba», dijo Juan Antonio Anquela al finalizar el encuentro en el Gran Canaria. El Real Oviedo, que ya no de deshace cada vez que el rival amaga con atacarle, dio muestras ante la UD Las Palmas de ser un equipo difícil de batir y con capacidad para dominar los partidos. Falta mucho, pero es un buen punto de partida.

El rombo de Paco Herrera, una presa fácil

En su segundo partido al frente de la UD, el técnico catalán sorprendió y plantó un 4-3-1-2 al más puro estilo Natxo González. Dicho rombo fue atacado a la perfección por un Oviedo que salió sin complejos al Estadio de Gran Canaria. Los azules aprovechaban los espacios en los costados y generaban superioridades en izquierda con Mossa y Tejera y en derecha con Diegui y Bárcenas.

El equipo de Anquela pudo marcar en la primera jugada del encuentro pero Herrera no corrigió. Timor y Maikel Mesa seguían sin llegar a la ayuda y las bandas se teñían constantemente de azul. Por detrás, Folch como nexo y Javi Muñoz atrayendo rivales conseguían llevar el balón de un lado a otro ante una UD Las Palmas incapaz de robar con facilidad.

La presión del Oviedo y el rol de Tejera

El Oviedo se aprovechó de que el conjunto canario es, en este momento, un boceto más que un equipo y con una presión sencilla pero bien ejecutada desactivó por completo el inicio de juego local. Bárcenas y Tejera tapaban el pase de centrales a laterales, Ibra la línea con Javi Castellano y Folch y Javi Muñoz se encargaban de encimar a Timor y Mesa, que fueron incapaces de girarse con balón en todo el primer tiempo.

Los azules recuperaban rápido y casi siempre encontraban el pase que lograba asentar la posesión. Un Tejera anárquico se encargaba de irse a la izquierda para apoyar a Mossa y luego pululaba por la frontal del área. Ibra arrastraba a los centrales y dicho espacio en la media luna casi siempre era ocupado por un jugador visitante, situación que generó varias oportunidades. Bárcenas, que hacía lo propio en derecha, abandonaba su banda al puro estilo Aarón 17/18 para buscar hilvanar ataques con Tejera y Mossa.

La única amenaza amarilla

Con el ataque posicional desactivado, Las Palmas optó por dar galones a Tana. El atacante canario se liberaba en las transiciones y, aprovechándose de la defensa adelantada del Oviedo y de la poca presión que la medular ejercía, dio varios caramelos que Rubén Castro primero y Araujo después estuvieron cerca de aprovechar. 

Cuando el conjunto de Anquela ajustó las alturas, eran las llegadas desde segunda línea de Maikel Mesa las que llevaron el '¡uy!' a la grada del Gran Canaria. Por lo demás, Javi Hernández, Alanís y Bolaño no sufrieron demasiado ante posiblemente la dupla atacante más cara de la categoría.

Lo que pudo ser 

Tras el descanso la UD amenazó por los costados, castigando el espacio entre central y lateral azul. Herrera movió el banquillo y, aunque consiguió darle más dinamismo a la circulación de balón con la entrada de Galarreta, el sacar del campo a Rubén Castro pareció favorecer más a los intereses de su colega Anquela.

Por su parte, el técnico jienense no se atrevió a contraatacar y el Oviedo optó por esperar y resistir, algo que hizo a la perfección. En ataque, los carbayones ya no llegaban con tanta asiduidad al campo rival y llevar el balón hasta el área de la UD cada vez era más difícil. Anquela movió el árbol tarde y lo hizo para protegerse. No se puede decir que los cambios no cumplieron su cometido, pero quizás era ese cometido lo que podría haber sido más ambicioso. 

'SuperMossa'

La última media hora del encuentro sirvió para ver los mejores minutos del curso de Mossa. O por lo menos los más heroicos. Cuando al Oviedo más le costaba hacer largas las posesiones e instalarse en campo rival, fue el valenciano el que a golpe de eslalon estiró al equipo azul y rasgó la defensa local.

La UD pasó de amagar con asediar a volver a preocuparse por la posibilidad de caer derrotado. Los carbayones sacaron varios saques de esquina en pocos minutos y volvieron a instalar el miedo en las gradas del Gran Canaria, pero el resultado no se movió. Sin Saúl, baluarte del cuadro azul, el conjunto de Anquela lleva dos semanas demostrando que tiene motivos para ser optimista. Poco a poco, asomando la patita, dan pistas de lo que pueden llegar a ser. 

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