La Pizarra: Cuando la moneda sale cara

Analizamos en cinco claves la victoria del Real Oviedo ante el Numancia

Juan Antonio Anquela antes del Oviedo-Sporting
Juan Antonio Anquela antes del Oviedo-Sporting

Oviedo

Después de unos meses de competición en los que, sin llegar a realizar un juego brillante, el Real Oviedo sumó menos puntos de los que le correspondió, los azules iniciaron el 2019 a la inversa. Ante el Numancia, los de Juan Antonio Anquela se llevaron una victoria clave tras 90 minutos llenos de dudas. Tres puntos que sirven de poco a la hora de cimentar algo sólido en lo referente al juego, pero que pueden facilitar, y mucho, dicha construcción en el futuro más cercano. 

Una genialidad que cambió el guión

Por semana, López Garai dijo que el Oviedo era un equipo capaz de jugar de muchas formas. Imaginó un partido complejo en el que ambos equipos podían llevar el peso del juego y que el dominio del mismo se alternaría durante los 90 minutos. Javi Hernández evitó todo esto.

No se habían cumplido los cinco minutos de juego cuando el jerezano, de nuevo carrilero, se internó por la izquierda, dejó sentados a Yeboah y Escassi con un movimiento y puso el balón en la base del palo derecho de la portería de Juan Carlos. A partir de ahí, las conducciones de Yoel Bárcenas y Viti pasaron a ser las únicas armas capaces de estirar a un Oviedo incapaz de asentarse con balón.

Cuando la acumulación no garantiza un buen trabajo

El conjunto soriano tomó el mando del esférico tras el 1-0 y no lo soltó hasta la llegada del segundo tiempo. Los de López Garai le daban poca velocidad a la circulación y sus hombres más importantes casi nunca recibían en ventaja, pero al estar el Oviedo tan metido en su campo era inevitable con los rojillos llegaran a zonas de peligro.

Acumular gente en campo propio no significa defender bien y estar cerca del área rival no significa atacar bien, pero lo segundo es mucho más peligroso. Oyarzun, tras robarle el mínimo centímetro a Diegui, se las arreglaba para sacar centros peligrosos que los centrales azules no terminaban de defender bien, obligando a Champagne a evitar el tanto de Guillermo. Como por dentro ni Villalba ni Diamanka encontraban soluciones, el Numancia se entregaba al desequilibrio de los extremos.

Minutos locos tras el descanso

El técnico rojillo vio el peligro que su equipo estaba generando por el flanco izquierdo y quiso avivar el fuego: Marc Mateu, un extremo reconvertido a lateral, entró por Ripa para acompañar a Oyarzun. Sin embargo, el Numancia comenzó a hacer daño por el otro costado. Así es el fútbol.

Los sorianos igualaron el partido tras una jugada individual de Yeboah que ni Tejera ni Javi Hernández supieron defender. Sin tiempo para celebrarlo, Carlos Hernández recuperó sensaciones y con ese martillo que tiene por cabeza volvió a adelantar al Oviedo, pero solo fue un espejismo. Diamanka, después de una presión mal realizada primero y la inactividad de los centrales después pusieron el 2-2 en el marcador. 

Punto muerto

El partido se tranquilizó gracias a que, por primera vez en el encuentro, el Oviedo adelantó unos pocos metros su presión y se atrevió a controlar el tempo del juego, encadenando unas cuantas posesiones largas. Aunque López Garai intentó más que Anquela cambiar el escenario desde el banquillo, el Numancia solo inquietaba con chispazos de Yeboah, Mateu y Guillermo.

Los sorianos se aprovechaban de los espacios entre carrilero y central, mal defendidos por el Oviedo en ambos costados. Por momentos, y sobre todo cerca del área de Champagne, el 5-4-1 carbayón mostró una poca coordinación nunca antes vista en los hombres de Anquela. En ataque, las contras comenzadas por Tejera y mal leídas por el siempre combativo Bárcenas no asustaban demasiado al Numancia.

El balón parado sonríe al Oviedo

Partidos como el de ayer explican la importancia de Carlos Hernández. Si bien sus primeros minutos dejaron que desear, cuando el Numancia comenzó a buscar los centros laterales la cabeza del central jienense era el mayor escollo a superar por los sorianos. Para redondear dicho rendimiento defensivo aéreo, puso el 1-2 de la forma más simple pero a la vez más difícil, sin necesidad de bloqueos invisibles ni labores de distracción.

Sí hay que dar el mérito que se merece a la libreta de Juan Antonio Anquela tras el gol de la victoria. Media hora antes, los azules ya amagaron con una jugada idéntica a la del tanto de Christian Fernández: balón a un primer palo lleno de jugadores de azul y un futbolista siempre atento en el segundo. Muchas jornadas después, la moneda salió cara en Los Pajaritos. 

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