El primero de muchos

Más de 2.000 oviedistas estrenaron la temporada de desplazamientos y tiñeron una esquina de Riazor de azul carbayón

Afición del Real Oviedo celebrando el empate de Obeng en Riazor
Afición del Real Oviedo celebrando el empate de Obeng en Riazor

Oviedo

El cielo despejado con el que A Coruña recibió a los oviedistas desplazados seguro que tranquilizó los ánimos de la parroquia carbayona tras salir horas antes de un Oviedo gris y mojado. El día acompañó y la ciudad gallega fue testigo de un gran día de fútbol, con buen ambiente en las calles, mucho aficionado con su camiseta impoluta (la primera jornada siempre es sagrada) y ganas de ver rodar el balón. 

La Calle de la Franja, rúa repleta de bares que desemboca en la Plaza de María Pita, se llenó de camisetas azules con el escudo del Real Oviedo que se mezclaban con las blanquiazules propias de la ciudad. Al mediodía las terrazas estaban repletas y los cánticos comenzaron a sonar, en un ensayo general de cara al camino a Riazor y al partido posterior. 

Ya en el campo, el juego del equipo no ayudó a caldear el ambiente de una grada visitante con más de 2.000 ocupantes. Koné terminó por enfriar la situación a los 20 minutos y Aketxe encendió todas las alarmas pasado el descanso, pero el gol que metieron a medias entre Lolo y Somma insufló una esperanza inesperada a la parroquia carbayona.

Con la afición alborotada en cada saque de banda o de esquina forzado, Obeng puso la guinda a diez minutos mágicos. Riazor parecía el Carlos Tartiere y los de la esquina se creían capaz de llevarse los tres puntos. Pero no pudo ser. El golazo de Christian Santos congeló la euforia y aupó a una afición local muda durante casi media hora. Así acabó el primer, pero ni mucho menos el último, gran desplazamiento del oviedismo en esta recién estrenada 19/20.

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