Va por ti, Froi

El primer derbi a puerta cerrada celebrado en la capital del Principado, las voces de Christian y la tranquilidad azul del segundo tiempo. La contracrónica desde el Carlos Tartiere

Los futbolistas del Real Oviedo celebran la victoria ante el Sporting en el derbi
Los futbolistas del Real Oviedo celebran la victoria ante el Sporting en el derbi

Oviedo

Los alrededores del Carlos Tartiere acababan de ser iluminados por las bengalas y los botes de humo, pero uno entraba al estadio ovetense a las 20:15 horas y enseguida se daba cuenta de que el derbi asturiano, esta vez, iba a ser muy distinto. Mucho silencio, demasiado para un Real Oviedo-Sporting. 

Los titulares de ambos equipos calentaban con la intensidad propia de un partido importante. Por su parte, los suplentes también tocaban balón sobre el césped del municipal ovetense. Ambiente serio en los azules y algo más cómico en los rojiblancos, jugando un rondo en el que se celebraban hasta los caños. Distintas maneras de afrontar un derbi.

La magafonía del Carlos Tartiere, empeñada en hacer saber a los presentes que sí, que en ese estadio se iba a jugar un derbi, recurrió a los clásicos oviedistas. En cosa de diez minutos sonó el 'Como un huracán' de Babylon Chat, el 'Volveremos' de Melendi y el 'Azul' de Ciudad Bambú. Por último, el himno del Real Oviedo dio paso a los protagonistas.

Fue el «cada balón del partido, todo es importante. 45 minutos de trabajo», gritado por Christian Fernández, lo que dio comienzo al partido y no el pitido inicial. Al margen de las típicas jugadas de derbi, esas en las que nadie quiere arriesgar y el controlar un balón y asegurar la posesión está prohibido, el encuentro comenzó con ritmo. Manu García asustaba en cada control y Blanco Leschuk, en solo dos acciones, demostraba todo lo que iba ayudar al Real Oviedo.

A pesar de que los banquillos estaban más charlatanes que nunca, sobre todo a la hora de protestar, las voces de los titulares se escuchaban con claridad. Del «reviéntala» de Grippo y Christian cada vez que un balón rondaba el área de Femenías a las órdenes de Mariño a Saúl: «ojo a Sangalli por dentro». Cuando Lucas Ahijado recibía en la derecha con algo de ventaja, varias voces entonaban a la vez un «arranca, animal». Hay confianza en el canterano azul.

El penalti sutil, demasiado quizás para los oviedistas con problemas cardiacos, de Tejera redondeó su gran primera parte y dio paso al descanso. Como suele pasar en los derbis, el Real Oviedo ya estaba por delante en el marcador y el Sporting no se había ni enterado. Ya en la segunda parte, y salvo un pequeño arreón de los rojiblancos en los primeros 15 minutos, el encuentro moría y los de Gallego no encontraban la rendija. Femenías, obligado a estar en tensión y atento a los centros laterales del rival, no manchó la equipación. 

La lluvia hizo acto de presencia y en el césped no pasaba nada. Los azules, ya con su referencia ofensiva en el banquillo, estaban cómodos defendiendo en el campo propio y, cada vez que podían, arañaban segundos al crono. El Sporting, desesperado, solo podía levantar los brazos y resignarse, porque con balón poco podía, o al menos eso demostró, hacer. Último centro a nadie, Femenías atrapa el balón y final del encuentro. Piña azul en el mismo semicírculo del área carbayona.

Acaba otro derbi asturiano y uno se acuerda de Froi, otro de esos jóvenes oviedistas que, tras criarse viendo al Oviedo jugar ante el Marino y el Zamora, siente a su equipo tanto o más como esos veteranos que estuvieron en Génova o el Camp Nou. En la madrugada del mismo domingo, con 23 años y unos últimos meses marcados por una larga enfermedad, nos dejaba. El sábado, Froilán y Mané, sus padres, cumplieron con la tradición anual y renovaron el abono azul de su hijo.

El fútbol es el juego que más se parece a la vida por personas como Froilán Giganto Rodríguez. Descansa, amigo. 

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