Najat Kaanache en el Monasterio de Corias

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Najat Kaannache, durante el evento
Najat Kaannache, durante el evento

La segunda edición de Féminas, el Congreso Internacional de Gastronomía, Mujeres y Medio Rural, eligió el suroccidente de Asturias para reunir a las mejores chefs del mundo

22 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La creatividad gastronómica nace casi siempre en la propia cocina. Afianzada la técnica tras años de fogones, algo invita a ir un poco más allá, a pisar caminos de otros para seguir con honestidad el propio o tomar un atajo hacia el reconocimiento social y el desarrollo del ego, que de todo hay. Pero para algunos, como Najat Kaanache, la cocina es la forma de expresión de una pulsión creadora previa al oficio. De hecho, antes de ser cocinera estudió interpretación y representó pequeños papeles como actriz. La gastronomía fue para ella desde el principio una forma de realización personal, un medio al servicio de un impulso creativo y vital («Yo no quiero llenar estómagos, necesito alimentar la sensibilidad»).

Hija de inmigrantes marroquíes, nació y se crio en tierra extraña: Orio, Guipúzcoa. Pocas biografías de grandes chefs igualan la fuerza poética de la suya: el desarraigo («mi padre caminó descalzo desde Marruecos hasta España, comiendo la piel de las naranjas que la gente tiraba al suelo en Andalucía»); sus bocadillos escolares de lentejas frente a la Nocilla de los otros niños («cuando no podía probar el helado o la Nutella, imaginaba sus sabores; siempre he vivido en un planeta imaginario en mi cerebro»); los besugos del Cantábrico en las parrillas, inalcanzables; el abrazo de los abuelos y el calor de África, entre el Rift y el Atlas, cada verano; la vuelta a la lluvia y la huerta embarrada de Orio cada otoño.

La cocina siempre había estado ahí pero tardó en mostrarle su potencial. Identificada la vocación, aprendió con los mejores en Per Se, The French Laundry, Alinea, Noma y al Bulli, el restaurante que marcaría su identidad culinaria. Tras haber comprobado en su infancia que la diferencia es la base de la exclusión, en Cala Montjoi aprendió que también puede serlo del éxito.