Tensa calma en la estación de Rzeszów, en Polonia, a la que siguen llegando refugiados ucranianos. Algunos tienen un destino fijo, pero otros, según señalan los voluntarios, no tienen dónde ir y son derivados a otras ciudades más grandes como Cracovia. En ellos se ha instalado la resignación, conscientes de que el final de la guerra no parece próximo
Una iniciativa que surgió de tres amigos de Mieres y que acabó conformada por 16 voluntarios que llevaron hasta Polonia ocho furgonetas «cargadas hasta arriba» de material humanitario