Génova asume el control del PP asturiano

Un responsable de la dirección nacional designará en la próxima Junta Directiva regional al presidente interino tras la renuncia de Cherines

El líder del PP, Pablo Casado, en Oviedo donde presentó públicamente a la candidata popular a la Presidencia del Principado, Teresa Mallada, expresidenta de Hunosa
El líder del PP, Pablo Casado, en Oviedo donde presentó públicamente a la candidata popular a la Presidencia del Principado, Teresa Mallada, expresidenta de Hunosa

¿Quién manda en el PP de Asturias? Sobre el papel, en la víspera de la campaña electoral de unos comicios generales repetidos, el organigrama del partido presenta dos enormes huecos en los lugares más destacados. Mercedes Fernández presentó su dimisión como presidenta este lunes ante la dirección nacional y la figura del secretario general está ausente desde el relevo de Luis Venta por un caso de presuntas amenazas a un concejal de Gijón que después fue archivado por los tribunales. El tercero en el escalafón es el coordinador general, José Agustín Cuervas-Mons, pero el relevo del poder en el PP asturiano no sigue ese camino sino que se dirige a zanjar, por la imposición de Génova, la situación de bicefalia a la que se había visto abocado el pasado mes de enero cuando la dirección de Casado apostó por Teresa Mallada, en detrimento de Cherines, como candidata autonómica.

Este vacío de poder se resolverá pronto, aunque aún sin una fecha determinada, en todo caso probablemente antes de que termine la semana. Será en la próxima Junta Directiva regional, que todavía debe convocarse, cuando se decidirá un presidente o presidenta interina. Allí  el comité ejecutivo propondrá un nombre que luego será ratificado por a la junta directiva. Se hará además con presencia de un delegado de Génova que marcará directamente el nuevo nombre. Fuentes del partido resaltaron a lo largo de la mañana en Madrid que el modelo por el que se regirá la transición será «el de Canarias». En las islas, los malos resultados de los comicios autonómicos, llevaron a la renuncia del presidente regional,  Asier Antona, ahora en el Senado. Entonces se nombró a Australia Navarrio, secretaria general, como máxima dirigente interina hasta la elección del nuevo presidente del partido regional, Pedro Súarez. Pero en Asturias no hay secretario general tras el relevo de Venta, que era además persona de máxima confianza de Mercedes Fernández.

La propia Teresa Mallada tiene muchas papeletas para ser nombrada presidenta interina por designio directo de Génova. Juega a su favor el precedente de la la renuncia de Ovidio Sánchez, en la época de la escisión de Cascos, cuando se nombró a Mercedes Fernández hasta que fue ratificada en un congreso autonómico. Se terminaría así con la situación de bicefalia en el partido y se concentraría la autoridad, como es tradicional en el grupo conservador asturiano, en una única persona, la que además es portavoz del grupo parlamentario en la Junta General.

Sin embargo, otra de las opciones que tiene fuerza en la decisión final de Génova sería la de apostar por la diputada nacional Paloma Gázquez, que es «casadista» de primera hora, una de las dirigentes del partido en Asturias que se marcó por Pablo Casado desde el comienzo de la carrera de las primarias en las que se enfrentó a Maria Dolores de Cospedal y a Soraya Sáenz de Santamaría. Gázquez goza de una confianza plena por parte de Casado a quien es muy leal.

Con todo termina así una brevísima etapa de participación directa de los afiliados, aunque sea con el peculiar sistema a dos vueltas (una de militantes y otra de compromisarios), en la elección de los cargos directivos del PP en Asturias. El modelo del PP en el que los contendientes deben primero medirse ante voto directo de los militantes y, después, su superan un porcentaje mínimo de votos, ser elegidos por los compromisarios (diputados, cargos orgánicos, propuestos por juntas locales y también de NNGG), se estrenó en el Principado precisamente para la elección de Mercedes Fernández que además se impuso con una abrumadora holgura, 1.536 voros frente a los 189  cosechados por su única rival en aquel cónclave: Carmen Maniega. Fue en todo caso un congreso en el que el PP reveló una de sus debilidades. Se trata de un partido que presume de una enorme afiliación, entonces decía contar con 18.858 militantes pero en la práctica apenas participaron 2.209 en las votaciones. La diferencia entre militantes con lo que dice contarse y los que luego efectivamente aparecen para votar en las primarias también fue drástica en el caso de las primarias nacionales, de más de 800.000 se pasó a 66.384.

La convivencia entre Cherines y Mallada en el PP asturiano desde que en enero Casado apostara por la segunda para encabezar el cartel de las autonómicas ha sido más que complicada y en ocasiones abiertamente explosiva. En un determinado momento incluso fue necesario que desembarcara en Oviedo un «fontanero» de Génova que mantuvo entrevistas individuales con varios dirigentes regionales para tratar de apaciguar los ánimos. Cherines y Mallada chocaron por la conveniencia o no de reeditar la coalición electoral con Foro (a la que la segunda veía reparos) y también por el reparto de poder en la confección de listas, en el establecimiento de las estrategias políticas y sobre la lectura de los resultados en las elecciones autonómicas. El PP perdió un escaño, pasando de 11 a 10 diputados en la Junta General. Mallada defendió que la caída era al menos de las más reducidas del Estado (de hecho el propio Casado la felicitó por ello) mientras que Mercedes Fernández los consideró objetivamente pésimos. Las diferencias llegaron a ser públicas en el primer comité regional celebrado tras los comicios.

Mercedes Fernández fue la encargada de tomar las riendas del PP asturiano en uno de sus peores momentos. Justo después de la escisión protagonizada por Francisco Álvarez-Cascos para fundar Foro Asturias y que se alzó con una precaria victoria (en escaños pero no  en voto popular) en la primera ocasión en que se presentó a la Presidencia del Principado. Fue la encargada de recuperar el partido atrayendo a muchos militantes que lo habían dejado (el propio Luis Venta se había ido a Foro), fue firme defensora de la alianza electoral con los casquistas cuando los superó de nuevo en votos para tratar de reagrupar el sufragio de centro derecha y firmó con los socialistas en dos legislaturas distintas un acuerdo presupuestario. En las primarias internas Mercedes Fernández apostó consecutivamente por un caballo perdedor, primero por Cospedal y después por Sáenz de Santamaría, lo que la alejó del nuevo lider nacional. Fue la única dirigente nacional en criticar a Javier Maroto por el resultado de la campaña en las últimas generales cuando el PP se quedó con apenas 66 escaños en el Congreso. De forma reciente llegó a defender en declaraciones públicas que el PP se abstuviera en la investidura de Pedro Sánchez.

La tercera «guerra civil» del PP asturiano en apenas 20 años

Juan M. Arribas
pp asturias.Teresa Mallada, Pablo Casado, Alfredo Canteli, Susana López Ares, Luis Venta y Mercerdes Fernández
Teresa Mallada, Pablo Casado, Alfredo Canteli, Susana López Ares, Luis Venta y Mercerdes Fernández

Una misiva anónima en la que supuestamente se amenaza con desvelar irregularidades en empresas vinculadas a Pablo González puede desatar una grave crisis interna que cuenta con otros dos precedentes en Asturias

Una carta anónima puede ser el detonante de otra gran ruptura en el PP de Asturias, la tercera en los últimos 20 años. Génova descarta de momento la posibilidad de una gestora, pero la espada de Damocles se cierne sobre la cabeza de Mercedes Fernández, la presidenta del PP de Asturias, que defiende la honestidad de Luis Venta. El número 2 de Cherines, secretario general del partido, fue cesado ayer fulminantemente por Pablo Casado tras un informe policial que sostiene que Venta envió un anónimo a Pablo González, concejal en Gijón y partidario de Teresa Mallada, la candidata del PP, enfrentada pública y privadamente a Fernández. A apenas mes y medio de los comicios nacionales y a menos de tres meses de las autonómicas, el PP se puede abocar a una nueva crisis interna, una nueva edición de los graves enfrentamientos que ya vivió el partido en 1998 y en 2011 y que alejaron al PP del Gobierno autonómico.

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