«El juego te destruye. Pero la ludopatía no es un vicio, es una enfermedad»

Guillermo Guiter
Guillermo Guiter REDACCIÓN

ASTURIAS

Gabriel, ludópata rehabilitado, trabja para ayudar a otros con el mismo problema
Gabriel, ludópata rehabilitado, trabja para ayudar a otros con el mismo problema

El testimonio de Gabriel, un ludópata rehabilitado que trabaja para ayudar a otras personas con el mismo problema

28 oct 2019 . Actualizado a las 16:50 h.

Gabriel tiene 46 años y llevaba metido en el juego muchos años, desde que tenía 18. Ahora cumple tres años sin jugar gracias al apoyo de la asociación Larpa (Ludópatas Asociados en Rehabilitación del Principado de Asturias) en la que él mismo actúa ahora de monitor para dar asistencia a otras personas. Larpa, que asiste a cerca 200 personas y sus familias, quiere concienciar de la lacra del juego mediante el anuncio del día nacional sin juego de azar, que será mañana, 29 de octubre.

En el caso de Gabriel, él jugaba a las tragaperras, «no diariamente, pero fuerte. Llegó un momento en que toqué fondo del todo. No era vida, no dormía, discutía…». Hubo temporadas en las que no se acercaba a las máquinas e intentaba salir por sí mismo de la espiral en la que se pierde el dinero y la salud, «pero es imposible librarse uno solo. Porque es una enfermedad, y hay que reconocerlo y buscar ayuda», recalca. No existe límite en lo que se puede llegar a gastar un ludópata, él ni siquiera sabe lo que se le iba de los bolsillos por las ranuras de las tragaperras. «Es imposible saber lo que gastas. Yo tuve suerte con mi jefe en el trabajo, pero mucha gente pierde su empleo y queda marcada», advierte.

Las familias son parte importante del proceso de cura, aunque muchas se niegan a admitirlo hasta que la evidencia es insoportable. «El juego destruye familias, te destruye a ti…» y sigue siendo un estigma social. «Pero no somos viciosos, somos enfermos y se nos debe tratar como tal», dice. «Empiezas jugando por diversión, luego por necesidad y finalmente por desesperación. Puedes pasar cuatro horas, cinco horas delante de una tragaperras y encima sin disfrutar, todo lo contrario, sufriendo».