¿Qué pasaría si todos los asturianos percibieran una renta básica de 735 euros al mes?

Escapar de la precariedad laboral, fijar población en la Asturias vaciada, reducir el consumo de tranquilizantes o simplemente tener futuro son algunas de las respuestas de quienes participaron en el estudio sobre la implantación de este derecho en Asturias


Redaccion

El artículo 35 de la Constitución Española, el que reconoce que todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, también indica que tienen derecho a «una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia». Otro artículo, el 47, reconoce que «todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada». No hace falta decir que ninguno de los dos se cumple. ¿Qué pasaría si pudieran cumplirse? ¿Qué ocurriría si pudieran cumplirse garantizando, como dice el artículo 35, «una remuneración suficiente» para satisfacer las necesidades vitales independientemente de la falta de empleo, de la pensión paupérrima o del trabajo precario que no permite llegar a fin de mes?

«¿Qué pasaría si conquistásemos el derecho a una renta básica?», se preguntan en la Asamblea Asturiana por las Rentas Básicas, autores del estudio de viabilidad social y económico para implantar una Renta Básica de las Iguales en Asturias que, de llevarse a cabo, supondría que todos los asturianos percibieran 735 euros al mes en 2040, con independencia de que tengan o no edad para trabajar, tengan o no trabajo y ganen mucho o poco.

Esta pregunta se lanzó en los grupos de discusión y en las entrevistas que se llevaron a cabo durante el trabajo de investigación y elaboración de la propuesta para implantar este derecho en Asturias en 20 años a partir de 2021. Las respuestas, resumidas en la publicación Valtar imposibles, construyir utopíes, plantean los cambios que traería consigo percibir esa renta básica en cuestiones que, desde lo colectivo a lo individual, mejorarían la vida de las personas, su salud, el territorio en el que viven, la economía o el mercado del empleo.

«Pensar a largo plazo»

«Me permitiría pensar en proyectos más a largo plazo. Creo que casi nadie podemos, a día de hoy, proyectar a largo plazo». Es una de las respuestas obtenidas ante la pregunta de qué pasaría en lo personal que podría servir casi para cualquiera, pero sobre todo para las personas más jóvenes que participaron en este estudio: «Estamos en general acostumbradas a no emanciparnos tan fácilmente y no sé si la renta básica serviría para emanciparse o no, pero sería un descoloque. No estamos acostumbrados a eso, estamos acostumbrados a quedar en casa de la familia hasta los 35».

«Me daría libertad de escoger»

La precariedad a la que se enfrentan los jóvenes en Asturias, en buena parte condenados a irse fuera de la comunidad autónoma si quieren tener su propia vida, preocupa a sus mayores. «De cara a mi hijo, creo que le daría opciones de encarar la vida. Ahora que se ha matriculado para hacer peluquería, si tuviera asegurada su historia, su casa y sus necesidades básicas, sería increíble». Pero no sólo los jóvenes se beneficiarían de una posible implantación de la renta básica: «No tendría que estar todo el rato pensando que tengo que llegar a, que tengo que currar en, que tengo que hacer… Me daría libertad de escoger».

E incluso seguridad para emprender cuando no queda otra, algo que no todos en Asturias pueden siquiera plantearse, como dice otra de las participantes en el estudio: «Me daría más seguridad para emprender o hacer cosas que ahora me siento más limitada por temas económicos. Hay cierto rechazo o impedimento a la hora de alquilar cuando no estás en un modelo de cobrar nóminas normales cada mes, ese tema cambiaría un poco».

«Trabajaría menos horas»

También, entre las respuestas, hay quien señala que la tranquilidad de tener lo básico garantizado le permitiría implicarse más en las distintas causas sociales y aportar más a la comunidad, pero sobre todo la renta básica posibilitaría algo que para muchos hoy parece impensable: liberarse de la alienación en el trabajo. En la línea de esa tendencia universal de trabajar cuatro días a la semana, más cuando está por llegar una robotización que reduciría dramáticamente los empleos que todavía resisten. «A lo mejor no trabajaría ocho horas, trabajaría cuatro. Si tú trabajas la mitad, la otra mitad la trabajaría otra persona. Y no significa que no trabajase por vaga. Podría permitirme el lujo de trabajar única y exclusivamente en lo que puedo aportar más».

«Viviría de otra manera, lo tengo claro»

Habría otra visión del mercado del trabajo, sin duda: «Yo no trabajaría remuneradamente. Haría veinte mil cosas que me apetecen y que siempre tengo que dejar porque tengo que trabajar. Mi trabajo me gusta y estoy bien, no me importaría hacerlo pero no cinco días a la semana. Viviría de otra manera, lo tengo claro».

«La gente estaría más tranquila»

Y más libertad y poder de negociación, impensables hoy en día cuando lo que prima es que te tragues las lentejas: «La renta básica me permitiría vivir con un cierto grado de dignidad, sin tener que ir corriendo a vender mi capacidad laboral a cualquiera de los piratas que navegan por el mercado laboral asturiano». Pero no sólo se podría encarar una negociación laboral bajo un prisma más compensado para ambas partes, sino que también más personas podrían entender la importancia que tiene el tiempo y la salud en la vida de cualquiera.

«Igual hubiera cogido una jornada reducida para quedarme con mis hijos más pequeños», dice una de las participantes. «La gente estaría más tranquila, se reduciría la violencia, la tensión y un montón de problemas sociales que no se quieren ver», dice otra, mencionado por ejemplo el elevado consumo de antidepresivos y somníferos. España encabeza el consumo en Europa y, dentro de España, Asturias es líder.

«Sería la salvación para fijar población»

«Los problemas de ansiedad, de estrés, depresiones que tienen que ver con aspectos sociales o económicos caerían radicalmente. Y se dedicaría más a salud mental, y no a salud social». Y, en lo colectivo, territorios que forman parte de la Asturias vaciada quizá podrían beneficiarse gracias al Fondo Comunitario de Renta Social Básica al que iría el 20% de los 918 euros que recibiría cada asturiano (de manera que la cantidad individual final fueran esos 735 euros).

«Con el fondo comunitario se pueden hacer muchas cosas en pequeñas comunidades municipales», apunta un participante. «Sería la salvación para fijar población: trabajos que ahora no se hacen en el campo los podrían hacer perfectamente. Tan básicos como cultivar la tierra, plantar una hectárea o media de patatas para venderlas. Mucha gente no lo hace porque, como ingreso, no les sirve», dice otro.

«Favoreceríamos la repoblación lo primero. Mucha gente que no tiene casa podría juntarse con su renta básica y coger un paro, o una casina, rehabilitar, arreglar, hacer comunidad, hacer su proyecto de futuro», insiste otro más. Pero no sólo ganaría el territorio, también la economía asturiana, que probablemente dejase atrás los pagos en negro y desde luego la desigualdad social: «Se equilibraría mucho la sociedad, incluso desde el punto de vista de género porque la pobreza es femenina».

«Tendríamos hijos»

Requiere, no obstante, un cambio de modelo que, en todo caso, podría llegar por la creciente exigencia de medidas drásticas ante la emergencia climática. «No veo que se implemente sin cambio en la sociedad: es una premisa para que algo así se lleve a cabo». Asturias, que ya tiene una de las tasas de envejecimiento más altas del país y de Europa, podría parar la emigración juvenil e incluso las tasas de nacimientos podrían dejar también de ser las más bajas de Europa: «Mi generación estaría en Asturias. No se habría ido. Y tendríamos hijos, la gente tiene un hijo y con el segundo están que no llegan».

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