Una enfermera de 24 años, hospitalizada en Mieres: «El coronavirus me provocó un trombo en el pulmón»

Carla Díaz, que estuvo cinco días ingresada en su propio centro de trabajo, relata las secuelas que le dejó la enfermedad. «Soy una persona sana. Ni fumo ni bebo y hago bastante deporte», cuenta

Carla Díaz, de 24 años,  se contagió de coronavirus y pasó cinco días ingresada en el hospital en el que trabaja
Carla Díaz, de 24 años, se contagió de coronavirus y pasó cinco días ingresada en el hospital en el que trabaja

Redacción

El coronavirus también ataca a los jóvenes. Aunque los ingresos de positivos han sido puntuales, esto no quiere decir que los adolescentes no desarrollan síntomas graves y mucho menos que el riesgo de contagio sea bajo. «Estuve cinco días ingresada en el hospital con oxígeno, antibiótico y medicación para calmar el dolor», asegura Carla Díaz. Esta enfermera de 24 años contrajo la enfermedad, que le provocó una neumonía bilateral, y, por tanto, tuvo que ser hospitalizada en su propio centro de trabajo.

Empezó a sentirse mal el 17 de enero, aunque no lo suficiente como para ir al médico. «Salí de trabajar y me dolía mucho la cabeza. Pensé que era por el agobio de todo el día, pero me dolió durante toda la tarde», relata. Al día siguiente se despertó y le resquemaba la garganta, sin embargo, ni siquiera pensó que podría ser coronavirus. «Siempre tengo dolencias y no corrí tras de ello». En cambio, de repente empezó a subirle la fiebre, pero como estuvo al pie del cañón durante todo este tiempo, pensó que era algo normal y tampoco se lo volvió a plantear. «Solo avisé en el trabajo de que no iba a poder ir y me programaron una PCR», explica. Nada más hacerla ya dio positivo.

A partir de ahí tuvo que aislarse en su casa junto con su madre de 46 años, ya que la contagió. Pasaron los días y poco a poco los síntomas fueron apareciendo. Al principio «tenía fiebre, un dolor de huesos y de espalda increíbles». Además, estaba muy débil y cansada «me costaba mucho levantarme de la cama a la mesa», describe. Pero, en el momento que sintió que se ahogaba y que un dolor de pecho «brutal» le invadía, se dio cuenta de que algo no iba bien. «Llamé a Urgencias para avisar de que iba a ir y cuando eso me hicieron una placa y ya me ingresaron directamente», explica Díaz. Además, estuvo a punto de pasar a la UCI porque «el porcentaje de oxígeno era bajísimo».

Una vez estabilizada y en planta no podía creerse que algo así le pudiese estar pasando a ella: era la persona más joven ingresada en el Álvarez Buylla -hasta la fecha- y, además, no tenía patologías previas. «Soy una persona sana. Ni fumo ni bebo y hago bastante deporte». Aunque ya llevaba ocho meses trabajando en el hospital durante la pandemia, siempre había tenido el máximo cuidado posible. «Yo sabía que el riesgo estaba ahí, pero no pensaba que acabase de enferma. Apenas tuve contacto social y justo esa semana solo fui de casa al trabajo y viceversa», reconoce.

Además, un sentimiento de culpa invadió a Díaz, puesto que su madre también terminó ingresada. «Llevo haciéndolo bien todo este tiempo y de repente mi madre está en una cama donde yo cuidaba de esos pacientes», lamenta. Al mismo tiempo, se sentía angustiada porque creía que era una carga más para sus compañeras, ya que «las pobres» estaban saturadas. «Las veía corriendo de un sitio para otro, sin parar y percibía que molestaba», admite y añade que «como he estado trabajando al otro lado y sabes lo que es, pues intenté ayudar en todo lo posible, pero incluso así me generó tristeza y desesperación».

El dolor poco a poco se fue apaciguando y como Díaz respondía bien, los médicos decidieron darle el alta. Pero, aunque ya ha pasado la enfermedad está aún sigue presente. Un día antes de abandonar el hospital la alertaron de que el coronavirus le había generado un trombo en el pulmón. «Soy asmática y no sé hasta qué punto me puede afectar», se pregunta preocupada. Además, aún sigue fatigada. «Puedo hacer vida normal, pero si tengo que subir una cuesta con bolsas o uno u otro», resalta.

Por eso, incide en que «no es solo lo que implica la neumonía sino las secuelas que trae detrás todo esto» y clama por la responsabilidad ciudadana. Sobre todo, a la gente joven que parece que tiene una menor percepción del problema. «Te confías y puedes ser tú el que acarreas que tu madre o tu padre acabe ingresado. No solo te tienes que concienciar que solo tú puedas estar mal, sino que puedas generar problemas a la gente que quieres. No por ser jóvenes estamos libres de cualquier cosa. Te puedes contagiar en cualquier sitio».

Mientras tanto, Díaz está a la espera de que la hagan una prueba para ver si ha generado anticuerpos. De no ser ahí, la vacunarán para que, en cuanto recupere todas sus fuerzas y se reincorpore a su puesto de trabajo, pueda seguir luchando en primera línea de batalla contra esta enfermedad que ha provocado estragos a todos los niveles.

El amargo trago del coronavirus: «Nunca voy a volver a ser la de antes»

Esther Rodríguez
Ruth del Río, a la izquierda, y Carmen Vega, a la derecha, a pesar de haber pasado el coronavirus aún tienen sus secuelas
Ruth del Río, a la izquierda, y Carmen Vega, a la derecha, a pesar de haber pasado el coronavirus aún tienen sus secuelas

Las asturianas Carmen Vega y Ruth del Río, tras haber pasado la enfermedad, relatan cómo deja secuelas que impiden llevar una vida normal

Durante más de siete días, la naveta Carmen Vega estuvo sin dormir pensando que si lo hacía nunca volvería a despertar. Empezó a sentirse mal a principios de octubre, pero no lo suficiente como para ir al médico. «No tenía tos ni fiebre, solo una fuerte diarrea», relata. De repente empezó a ahogarse y fue ingresada directamente en la UCI. Tenía una neumonía bilateral por covid. Los médicos apenas le daban horas de vida. Pero, tras 21 días intubada y sedada lograron estabilizarla y pasó a planta. «En ese momento tenía la cabeza perdida porque no entendía nada. Aún sigo sin recordar cuándo me sacaron de casa», señala. Allí estuvo más de un mes antes de que le diesen el alta. Vega, de 61 años, consiguió superar la enfermedad, pero no sus secuelas, que le impiden llevar una vida normal.

Seguir leyendo

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Una enfermera de 24 años, hospitalizada en Mieres: «El coronavirus me provocó un trombo en el pulmón»